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LOS RELATOS DEL CORÁN POR Muhammad Ahmed Jad al-Moula Muhammad Abu al-Fadel Ibrahim Ali Muhammad al-Bajaoui Al-Saïd Chahata Traducido al español por: Said Jedidi (Dar Al Kutub Al Ilmiya- Beirut)

Especial Ramadán

Said Jedidi es periodista y escritor. Embajador de la Paz (Circulo Universal Embajadores Paz -Suecia-Francia)

                             II- ADÁN

 

Allah Creó la tierra en dos días, Colocando en ella cadenas montañosas. La bendijo, Midiendo en ella los medios de existencia en cuatro días de igual duración. Esto para los que preguntan. Se Dirigió después al cielo que no era más que humo, Diciéndole asi como a la tierra: “Venid por las buenas o por las malas”.

Luego se Estableció en el trono, imponiendo al sol y a la luna proseguir cada uno una carrera para una duración indefinida. Creó después a los ángeles que glorifican sus gracias y magnifican Su Santidad a través su in defectible veneración.

Debido a Su voluntad y a Su buena razón, Creó a Adán y a su descendencia para habitar la tierra y para cultivarla, anunciando entonces a los ángeles que Iba a Crear otras criaturas que vivirán en la tierra, nutriéndose de sus plantas, sacando los bienes de sus entrañas y procreándose sucediéndose unos a los otros.

Los ángeles son criaturas elegidas para adorar a Allah que Les Colmó con sus favores, Gratificando, de este modo, su gratitud al Asistirlos con Sus buenas gracias y Guiado en el camino recto. No obstante, se sintieron ofendidos al ver la creación de otras criaturas temiendo que esta decisión se debiera a un castigo por su negligencia o a una mala acción cometida. Entonces se precipitaron a disculparse diciendo: “Como Creas otras criaturas si nosotros no cesamos de alabar Tus gracias y de magnificar Tu Santidad, sabiendo que los que Vas a suceder en la tierra van indudablemente a engrescarse por sus recursos, apoderándose de sus bienes y sembrando en ella el desorden, derramando en ella mucha sangre y matando”.

“Colocarás a alguien que sembrara en ella el desorden y derramara la sangre mientras que por nuestras alabanzas evocamos Tu gloria y magnificamos Tu Santidad”.

Han dicho esto a fin de disipar sus sospechas y quitar todas las sugestiones de sus espíritus.

La esperanza se extendió hasta el punto de pedir a Dios de sucederlos en la tierra, habida cuenta de que son los primeros en proteger Sus gracias y teniendo la prioridad en conocer Sus derechos. En efecto,  no plantearon esta cuestión para criticar Su decisión ni para poner en tela de juicio Su ilimitada sabiduría, menos aun para denigrara Su vicario o a Su descendencia porque los ángeles son para Él los próximos aliados Sus adoradores exaltados que no se anticipan a Su palabra y obran siguiendo Sus órdenes.

Con Su respuesta, Allah los tranquilizó y alivió: “Sé lo que no sabéis y Conozco por esta sucesión la razón que ignoráis. Daré forma a la gente como Me Plazca, remplazando a quien Deseo. Sabed que después vais a saber lo que os ha sido ocultado y disimulado”. “Y cuando Haya Perfeccionado la forma (de Adán) e infundido en él Mi espíritu, prosternáis ante él”.

Allah Ha Creado a Adán de un barro fétido, Infundiendo en él Su espíritu, Dándole vida, comenzando a moverse por Su Voluntad, sintiendo sus sentidos, logrando percibir con su cerebro.

Allah Ordenó luego a Sus ángeles a prosternarse ante Adán, sometiéndose con resignación, dirigiéndose con respeto hacia Adán y prosternados cubrieron sus frentes con el polvo, salvo “Iblis” que desobedeció a Su Dios, optando por el pecado, enorgullecido desdeñó prosternarse, figurando asi entre los impíos.

Allah Preguntó a “Iblis” la causa de esta abstinencia y la razón de esta declinación, diciendo: “Qué es lo que te ha impedido prosternarse ante él que He Creado con Mis manos. Te enorgulleces o estimas que eres superior”.

“Iblis” pretendía que, por sus elementos constituyentes era superior a Adán debido a lo que creía su más pura naturaleza, llegando a creer que nadie podía rivalizar su grandeza ni aspirar a su distinguido lugar. Dijo: “Soy superior a él. Me Has Creado del fuego y a él de la arcilla”.

Proclamó abiertamente su desobediencia, oponiéndose cabalmente a Su señor, calumniando a Adán, irrespetando la orden de Su Creador y declinando prosternarse ante quien Allah Había Creado. Por ello se convirtió en un infiel.

Allah retribuyó a “Ibliss”, castigándolo por haber desobedecido Sus órdenes. “Que la maldición sea sobre hasta el Día de la Resurrección”.

“Ibliss” pidió a Allah acordarle un plazo y prolongarle la vida hasta el Día de la resurrección. Allah Aceptó su demanda, Diciéndole: “estarás entre los que esperaran hasta el día del tiempo conocido”.

No obstante, cuando Allah Atendió la demanda de “Ibliss”,  realizando su voto, lejos de agradecer este favor, devolviendo el favor con la ingratitud y la bondad por el desconocimiento y la negación, diciendo: “ya que me Has Condenado al error, les acecharé de Tu vía recta. Acecharé la fortuna de descarriarlos y obraré con vistas a que se desvíen de Tu camino recto. Luego los acosaré por delante y por detrás, desde su derecha y desde su izquierda y Encontrarás la mayoría de ellos ingratos”.

Allah Expulsó a “bliss” de Su misericordia, Acordándole un plazo hasta el Día de la resurrección. Le dijo: Sigue el camino que has elegido y avanza en la vía del mal que has querido. “Desafía con tu voz a quien quieras, sedúcelos con tus caballerías y tus fantasmas comparte con ellos sus bienes y sus hijos” ofréceles falsas promesas y hazles desear votos lejanos, nunca lograrás engañar a los que tienen la fe sana, a los que He Fortalecido sus fuerzas del alma entre Mis fieles adoradores. No tendrás ningún poder sobre ellos. No te acordaran ningún interés ni te prestaran atención a lo que dices.

No obstante, ya que estás decidido a descarriarlos y a introducirlos en el error, serás severamente castigado y terriblemente retribuido. “Los que de entre ellos te seguirían, Llenaré contigo y con ellos el Infierno”.

Se prosternaron ante Adán, reconociendo su predilección consintiendo que era superior a ellos y más próximo a Allah. Posiblemente se consideraba con más competencias en materia del saber de conocimiento y de inteligencia. Por lo cual, Allah Ofreció a Adán parte de Su saber, Cubriéndolo con Su luz, Enseñándole los nombres de todas las criaturas y Presentándolo luego ante los ángeles, Diciendo: “Dime pues los nombres de éstos si sois verídicos”. Esta prueba tendía a revelar su deficiencia para que se enteraran de su negligencia, comprendiendo luego que, por Su buena  razón, Allah Ha Querido que Adán fuera el superior y el competente, que su institución como vicaria fuera digna de ser reconocida.

Ante lo cual, se quedaron estupefactos. No encontraron un medio para negar esta verdad, reconociendo su deficiencia y reconociendo su negligencia: “Gloria a Ti, no poseemos ningún saber, salvo el que Nos Has Inculcado porque Tu Eres el Sabio, el Clarividente por excelencia”.

Ya que Adán había recibido un saber inspirado del infinito saber de Su señor e impregnado de la luz divina, Allah le Ordenó anunciar lo que los demás no lograron conocer y esclarecerles lo que era inaccesible a sus facultades a fin de poner el acento en la superioridad de Adán y dejar clara la razón de su institución en la tierra. El vicario de Allah les anunció lo que ignoraban, interpelándolos al decir: “No os Dije que Yo Conozco el misterio del cielo y de la tierra y no Ignoro nada de lo que divulgáis o ocultáis”.

Entonces se percataron de la superioridad de Adán, descubriendo el misterio de su creación y realizando la razón que indujo a su institución en tanto que vicario.

Allah Infligió a “Ibliss” un cruel castigo, Privándolo de Su gracia e Instalando a Adán y Su esposa en el Paraíso, diciéndole a Adán: “Evoca siempre Mi Gracia, porque te He Creado con Mi extrema prudencia, sin defecto. De conformidad con Mi voluntad te He hecho un ser humano, Infundiendo en ti mi espíritu y ordenando a los ángeles a prosternarse ante ti. Te He Ofrecido generosamente parte de Mi saber”. Y allí está « Ibliss » que le he Hecho perder toda esperanza en mi Clemencia. Lo Maldije porque desobedeció Mis órdenes. La eterna morada: un albergue y una estancia para ti. Si Me obedeces, serás recompensado con favores y eternizado en el Paraíso. En cambio, si renuncias a este compromiso saldrás de Mi Paraíso y serás castigado con Mi fuego. Luego, no olvides nunca que “Ibliss” es, para ti y para tu esposa, un enemigo y que no os haga salir del paraíso porque entonces serás un miserable”.

Les Autorizó comer en toda tranquilidad en todo el Paraíso, Dándoles libre curso para recoger las frutas que deseaban pero Prohibiéndoles tocar a un solo árbol entre tantos otros.

Para evitar toda confusión respecto a este árbol y disipar la menor sospecha, se les Señaló y determinó el árbol, a fin de acabar con toda sospecha que podría infiltrarse en sus espíritu, Amenazando con incluirlos entre los injustos si se acercaran a este árbol o si probasen los frutos, prometiéndolos incrementar sus medios de prosperidad si evitasen de tocar al árbol prohibido. Les Dijo que no sentirían ni hambre ni sed, que preservarán su desnudez de despojo y los protegerá contra el ardor del sol. Les Dijo también: “Residid en el Paraíso tú y tu esposa. Comed en quietud, donde queráis, pero no os acerquéis a este árbol porque si lo hacéis figurareis entre los injustos. No padecerás ni sed ni ardor del sol”.

Adán habitó el Paraíso, gozando de todo lo que se encontraba allí, aprovechando todo lo que la gente pudiera desear y de todo lo que complace a los ojos. Vagó probablemente entre los árboles, gozando de la sombra, recolectando las flores, comiendo las frutas y saciando su sed con el agua dulce. Compartía este placer con su esposa. Ambos vivían, de esta manera, durante cierto tiempo, sacando de la fuente abundante fuente que era su felicidad.

Profundamente afligido, “Ibliss” era incapaz de ver a Adán y su esposa gozar de todas aquellas gracias mientras que él fue expulsado de la clemencia divina fuera del Paraíso. A raíz de lo cual tomó una decisión tendente a destruir la vida feliz de Adán, privándolo de aquellos favores. Y era normal porque fue Adán la causa por la que “Ibliss” fue cesanteado de su elevado cargo y expulsado de la clemencia y de la buena gracia de Allah, lo que reveló su ingratitud y su desconocimiento, decidiendo vengarse, calumniando al que le había sido exigido prosternar ante él y de reconocer su superioridad. “Ibliss” penetró en el Paraíso, dirigiéndose a Adán secretamente con desconfianza, disfrazado de sinceridad y de buen consejero, tratando de influenciar a Adán, haciendo uso de todos los medios para convencerle, no escatimando esfuerzo alguno para realizar su objetivo. “Ibliss” manifestó su simpatía hacia Adán y su esposa, fingiendo temer que desaparecieran todos aquellos favores. Dijo: “Vuestro Señor os Ha Prohibido este árbol para no ser ni ángeles ni inmortales”.

Al sentir que sus argumentos no impactaban y que se hacía caso omiso a sus consejos, negándose a escucharlo o a prestar atención a su sugerencia, les juró que era un buen consejero y que solo aspiraba a contribuir a su bienestar. Con este juramento, “Ibliss” quería confirmar su buena intención y su sinceridad. Obstinado en su empresa de descarriarlos de la vía recta, trató de seducirlos con un buen olor, el buen gusto y el buen color de este árbol. Entonces sucumbieron a la tentación, dejándose influenciar por sus tentadoras palabras y sus promesas de miel. Siguiendo el consejo de “Ibliss”, cometieron el pecado. Y al desobedecer a Allah, siendo objeto de Su desgracia, privándolos del Paraíso. Les Dijo: “No Os He prohibido este árbol y no Os Advertí que Satanás es, para vosotros, el enemigo declarado”.

Regresaron, arrepentidos hacia Allah, lamentando su acto, diciendo: “Señor, hemos obrado injustamente hacia nosotros mismos. Si no nos Perdonas y nos Tomas en piedad estamos perdidos”. “Bajad del Paraíso, Ordenó Allah, tendréis un asilo en la tierra del que gozareis durante un determinado tiempo”.

Allah Aceptó su arrepentimiento, Perdonándolos su falta. Sus almas se tranquilizaron, encontrando el reposo. Una esperanza se infiltro en sus espíritus: permanecer en el Paraíso, gozando de sus riquezas. Allah Descubrió lo que se había desarrollado en su espíritu, revelando sus intenciones y aspiraciones. Ordenó a Adán y a su esposa a descender del Paraíso, Anunciándoles que la enemistad entre ellos e “Ibliss” será para siempre hasta la llegada de la Hora, que desconfíen de sus tentaciones y que eviten sus engatusamientos. Dijo: “Bajad todos del Paraíso, seréis unos enemigos de otros. Recibiréis de Mi, ciertamente, una buena dirección. Los que la seguirán no sufrirán ni miedo ni aflicción”.

Allah Ha hecho que Adán tuviera un objetivo en la vida y un deseo a anhelar. Le Anunció que el tiempo de bienestar y de reposo total había terminado y que después de esta expulsión y este despojo, conocerá un nuevo periodo, un estado ambiguo en el que tendrá dos opciones: el camino recto y el del extravío, la fe religiosa y la ingratitud, el éxito y el fracaso.

Los que seguirán la buena dirección, establecida y determinada por Allah no temerán la perdición. En cambio, los que se desviaran de la invocación de Allah, perdiendo el camino recto se dirigirán hacia una vida muy reducida y figuraran entre “los que se han extraviado del camino recto en la vida de aquí y en la del futuro, imaginando hacer una buena acción”[1].

 [1] [1] La mesa (Al Maida) 31-35.
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