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Magreb: Buscar desesperadamente la integración anhelada

Unir y no dividir… Unir más si se puede que dividir no pueden

Los precios del oro negro cerraron la semana en menos de 60 dólares cuando nuestros hermanos argelinos necesitan un barril de más de 100 dólares para equilibrar el presupuesto y para financiar, como lo llevan haciendo desde hace lustros, empresas desestabilizadoras contra su vecino marroquí.

La economía nacional argelina, cuyos ingresos en divisas dependen más del 93% según las estadísticas oficiales de la Oficina Nacional de Estadística, lo acusa tremendamente (L’Expression).

Evidentemente, aunque en Marruecos todos deseamos a la economía argelina un pronto restablecimiento, esto se ha dejado sentir sobre las travesuras del Polisario sobre el plano exterior e interior.

Soluciones no faltan. Pero el realismo brilla, desgraciadamente, por su ausencia.

Como siempre fue el caso, la autosugestión y la fobia al sentido común eclipsan toda posibilidad de salir del túnel. Y es que, el destino de Argelia, como el resto de sus cuatro socios del Magreb depende orgánicamente de una integración regional, lo que impone el reto de abstenerse de desestabilizar a los vecinos y a obrar por una complementariedad regional, único medio inherente de impulsar un nuevo y prometedor aspecto a nuestra región magrebí.

Unir y no dividir… Unir más si se puede que dividir no pueden.

 

 

 

 

 

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