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Manual de técnicas difamatorias de HRW Abdel-Wahed OUARZAZI Profesor de economía y analista

la verdad descafeinada

Abdel-Wahed OUARZAZI
Profesor de economía y analista

HRW es una organización no gubernamental (ONG) dedicada a la investigación, defensa y promoción de los derechos humanos. Una noble tarea en la que creemos todos los demócratas.

No obstante, el escandaloso informe de HRW, “Manual de técnicas de represión en Marruecos”, es una infamia mayor de esta organización que pretende defender los derechos humanos en el mundo con técnicas sospechosas.

HRW ha sido criticada por muchos gobiernos y también por otras organizaciones no gubernamentales, así como por su propio fundador y exdirigente Robert L. Bernstein. Es costumbre de Human Rights Watch otorgar premios y reclutar activistas, inculpados en causas por la justicia en sus países a través del mundo para convertirlos en sus empleados para que le reporten abusos, propios o ajenos.

A diferencia de Amnistía Internacional que no admite financiación de los gobiernos sino donaciones voluntarias de la sociedad civil, HRW dispone de cerca de 300 empleados en nómina y requiere de un presupuesto anual cercano a 40 millones de dólares.

Una delegación de Human Rights Watch estuvo recientemente en Arabia Saudita ¿Para investigar el maltrato de mujeres? ¿Hacer campaña por los derechos de los homosexuales, sujetos a la pena de muerte? ¿Para protestar por la falta de libertad religiosa? ¿Emitir un informe sobre los presos políticos?

Se preguntaba David Bernstein en un artículo de julio de 2009 en The Wall Street Journal titulado «Human Rights Watch goes to Saudi Arabia» para después desvelar que había ido para recaudar dinero de los saudíes ricos destacando la demonización de Israel por parte de HRW.

Un cambio de postura repentino ya que la organización era conocida, en el conflicto arabo-israelí, por su inclinación hacía el país hebreo, algo consabido en el mundo árabe.

La organización no duda en atizar abiertamente y sin tapujos a otros Gobiernos para que tomen acciones contra gobiernos supuestamente infractores de los derechos humanos o para que se impongan sanciones contra países. Incluso es capaz de señalar con su dedo acusador y sin prueba fehaciente a personas o funcionarios públicos para su detención.

En 2014, Mairead Maguire y Adolfo Pérez Esquivel, ambos premios nobel de la paz, junto con un centenar de profesores de Estados Unidos y Canadá, solicitaron a Human Rights Watch que tomara “medidas para afianzar la independencia” de la organización.

Hace ya muchos años que Human Rights Watch había renunciado a la veracidad y al enfoque de imparcialidad abandonando los principios sagrados de neutralidad, objetividad y credibilidad en la elaboración de sus informes sobre derechos humanos a nivel internacional y muy particularmente hacia Marruecos.

El título del informe por sí sólo retrata la abyecta parcialidad de Human Rights Watch. Y su contenido, explícito, pone en evidencia sus técnicas difamatorias. Va más allá de describir o de exponer hechos que por otro lado son repetitivos, sino que acusa directamente al país con mentiras infundadas con el fin de dañar su imparable progreso. Y se convierte así en un mero informe, a todas luces “contra” Marruecos. Y donde HRW se retrata como juez y parte. Juez, porque saca sus propias conclusiones en forma de veredicto para situarse por encima del poder judicial de todo un país. Y parte, porque se ampara en el relato de los acusados que son o serán en un futuro próximo sus reporteros a sueldo.

De esta manera, el manual de HRW es simple, haga lo que haga el país señalado, HRW siempre encontrará acusaciones contra él. Y cuando le falte presupuesto utiliza la técnica del mejor postor, en este caso Argelia, por ser el país que más paga y el más necesitado de consuelo. En cualquier caso, HRW siempre encontrará tanto motivos para difamar como medios para subsistir.

El informe de HRW no viene a defender ningún derecho, sino a hacer caja por encima de todo. Ya que su relato no tiene en cuenta los avances reales que viene realizando el país tanto en derechos políticos, cívicos y culturales como en los económicos y sociales como fue la regularización de miles de subsaharianos que ya ocupan puestos de trabajo por todo el país.

La actitud hostil de HRW suscita innumerables preguntas ¿Qué derecho tiene HRW para acusar a todo un país en base a unos hechos sub judice o sentenciados? ¿Quién es HRW para dictaminar si un país es democrático o no? ¿Cómo puede arrogarse la potestad de atizar otros países en contra de Marruecos?

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