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Marcha verde III De « Apuntes » de Said Jedidi Galaxia Tarfaya Erase una vez: Hassan R’guibi, alias Al assan Ahmed Abdellah

Fernando Orgambidez, corresponsal de El Pais en Marruecos, Said Jedidi, y los difuntos Moulay Hachim, defensor del pueblo y Hassan R’guibi

Se llamaba “Radio Tarfaya: Voz de la unidad y de la liberación”… la ilustración misma de la improvisación y la incertidumbre pero también uno de los primeros signos precursores de la recuperación de las provincias del sur del país. Sin estrategia de comunicación precisa ni instrucciones claras, salvo algunas puntualizaciones del gobernador de Tan Tan, el difunto Salah Zemrag y algunas confusas orientaciones desde Rabat, solo la buena voluntad de un reducido grupo de grandes profesionales y su experiencia ha podido establecer lo que podríamos llamar una línea editorial. Nadie sabía a quien se debía atacar y a quién elogiar: Al Polisario aun relativamente lejos de los brazos de Argelia o al PUNS (Partido de la Unión nacional Saharaui) que dirigían Ikhalihanna Ould Rchid, Khalil D’hkil y otros impulsado por España y sus autoridades coloniales en Layun. Este último parecía más propicio y más idóneo para la tesis personal de cada comentarista o cronista, debido a su proximidad de la potencia colonial y a su posición para con la integridad territorial de Marruecos. Al final, todos y cada uno optaron, cada cual a su manera y conforme a sus informaciones, a considerar al PUNS como principal enemigo del reino.

Tres departamentos: El árabe, al hassania y el español. Era idea del propio Hassan II el cual había insistido en la creación de una sección en español. Tanto es así que el primer ministro de la época, Ahmed Osman se encargó personal y “entusiasmadamente” de dar cuerpo al proyecto y posteriormente a la puesta en pie del departamento en español. Fue él el intermediario entre el rey Hassan II y el ministro de Información de la época y el director general de la RTM de la época, los difuntos, Ahmed Taieb Benhima y Abdellatif Khaless.
No obstante, tanto Osman como los demàs  responsables en la RTM y en el ministerio marroquí de la información, en colaboración con las Fuerzas Armadas Reales se limitaban a dar los medios para llegar a Tarfaya luego…
La idea de Hassan II era genial: Crear un medio de comunicación dirigido a una sociedad excepcionalmente móvil, empeñada en  ver como problema todo cambio de su estatuto ancestral, inherente de llegar a todas las capas sociales del Sahara (un transistor en el Sahara costaba menos de 20 Dh el equivalente de 20 pesetas de la época y se podía ocultar o camuflar). Ni la prensa escrita ni la televisión podían cumplir esta delicada misión. Faltaban hombres y herramientas. No se atinó en el momento de elegir ni a los primeros ni a las segundas.
Fue así como Radio Tarfaya, una pequeña casa de dos habitaciones, una de ellas ordenada bajo forma de estudio y otra para todos los usos: redacción, montaje y hasta comedor, logró llegar, con medios técnicos rudimentarios, a los puntos más recónditos de la geografía saharaui, impacto de manera considerable en la mayoría de sus auditores.
La llamada Nagra[1] era la señora de la situación: concepción, grabación, montaje, reportaje y hasta la difusión.
Para la radio Tarfaya la misión más que difícil rozaba lo imposible: En radio Layun había todo un fenómeno de la comunicación y de la demagogia. En sus comentarios en hassani Al Hassan R’guibi, alias, Ali Hassan Ahmed Ali Abdellah no dejaba a nadie indiferente, ni siquiera a las autoridades.
Por la noche los comentarios de los habitantes de Tarfaya y cercanía, incluidos los militares oscilaban entre el humor y la ironía, interpretando lo que Al Hassan R’guibi haya revelado sobre Marruecos y sus responsables.
Sutil y exhaustivamente inteligente jamás dijo una sola silaba contra la monarquía, no así contra los miembros del gobierno y demás actores del poder marroquí.
Acabó siendo víctima de los que nunca comprendieron este juego.
Por otra parte, mientras que los que estaban en contra de Marruecos luchaban contra su propia identidad, la nueva radio tendía a crear un equilibrio entre la identidad y la adhesión a la nación, por lo menos esto es lo que declaraban los pocos responsables que llegaban a Tarfaya y que lo hacían bajo forma de Safari.
Recién regresado de España donde ejercía en 24 Horas de Radio Nacional de España con Abel Hernández y otros monstruos de la información y la comunicación españolas de la época como Eduardo Sotillos o Fernando Aziz, conocía a la potencia ocupante y sus defectos, lo que hizo creer a las autoridades coloniales en Layun de que yo era un legionario fugado de alguna concentración militar en el Sahara.
El “Espionaje” y “contraespionaje” rudimentarios (los habitantes de Tarfaya que se desplazaban entre la ciudad y Layun nos informaban de los rumores en la capital del Sahara ocupado). Tanto fue así que tuve que comenzar mis comentarios en árabe: Bismillahi Arrahman Arrahim[2].
La psicología del rumor daba cuenta de que la sección española, recién creada en esta estación “regional” ha suscitado un vivo interés, desatándose un comienzo de polémica y de comentario por los contenidos de mis comentarios y crónicas.
Mi “Antes de Olvidar”, según diversas fuentes, era el más seguido por los saharauis y por la legión española en el Sahara.
Lustros después en mis encuentros durante conferencias o coloquios organizados por universidades o instituciones españolas o latinoamericanas con algunos dirigentes polisaristas, me dijeron que eran asiduos oyentes de aquellos comentarios y crónicas en español de Radio Tarfaya. Algunos de los cuales como Hadj Barikaalah me expresó incluso aunque discretamente su admiración por “aquél trabajo”.
Ideas como por ejemplo que en el barrio Martín de los Eros en Madrid hay más escuelas que en todo el “Sahara español” o en una callejuela de la capital como calle Barco, había más hospitales que en todo el territorio ocupado por España suscitaba, cuando menos, la curiosidad de los que no conocían a España, levantando debates y discusiones.
Llegábamos a prácticamente todas las franjas de la sociedad saharaui e incluso a las guarniciones militares a lo largo del territorio del Sahara. Tanto era así que, poco después, comenzaban a llegar a Tarfaya algunos legionarios, escapados de sus unidades y de los cuales se encargaban las autoridades militares marroquíes en coordinación, al parecer, con sus homólogas españolas.
Sin teletipos (indispensables en la época -1975- ) ni despachos de prensa, ni corresponsales ni enviados, con un aparato de radio como fuente y caudal parte de los francotiradores de Radio Tarfaya se pasaban el día con la trascripción de los informativos de Radio Nacional en Rabat. Todo el mundo se apoyaba en el estilo, la elegancia literaria y los interminables textos en prosa, casi poéticos. Toda una acrobacia informativa y lingüística a falta de datos y de informaciones exactas, precisas y concisas. Nadie quería admitir, menos revelar que Marruecos había mostrado durante lustros, una  negligencia mortal para con esta región y su paisanaje. Misión imposible: Más de destruir una imagen, se trataba de destruir un imaginario.
Más que una estación de radio destinada a formar e informar, Radio Tarfaya parecía una sección de literaturas árabe, hassania y española de una universidad de letras. Pero al mismo tiempo el primer eslabón en lo que iba a ser la batalla por la recuperación de esta parte del Reino y el primer frente aun en estado embrionario de lo que meses después iba a ser la Marcha Verde.
[1] Nagra es una marca de grabadoras sonoras portátiles profesionales concebidas en 1950.
[2] En  nombre de Dios Clemente y Misericordioso.
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