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Marruecos, el país que no existe Antonio Navarro Amuedo

Tribuna infomarruecos.ma

 

 

Marruecos es el país que no existe. Al menos para los grandes medios de comunicación españoles. Cuando alcanzamos el año de pandemia vírica y el covid-19 se ha llevado por delante una parte considerable de la información política, económica, social o cultural de televisiones, radios, papeles y medios y redes digitales, los temas marroquíes, tanto los habituales (crisis bilaterales, Sáhara, narcotráfico, etcétera) como los que serían propios de la pandemia, son casi inexistentes al norte de Tarifa (aunque el proceso de retirada de los medios españoles de Rabat viene de bastante atrás y se explica por razones diversas). Cierto es que el drama humano de la pandemia en España, las catastróficas consecuencias económicas de la crisis, la gestión de las distintas administraciones y ahora la campaña de vacunación copan la mayor parte de la actualidad mediática patria, pero no es menos cierto que la sociedad española está al corriente de la situación en Reino Unido, Portugal, Francia, Italia y hasta Gibraltar. ¿Por qué se olvidan –salvo honrosas excepciones, por supuesto- de nuestro vecino del sur? ¿Por qué justamente de Marruecos?

La pregunta es retórica. Es obvio que no nos encontramos ante un despiste ni ante algo casual. No creo que haya un interés deliberado por parte de los mandamases de los grandes grupos mediáticos españoles o de los gobiernos en el caso de los medios públicos por ocultar la gestión de la crisis sanitaria que han hecho las autoridades marroquíes. Oficialmente, con datos de este jueves 4 de febrero, en Marruecos la tasa de incidencia es de 1,7 casos por cada 100.000 habitantes y los casos registrados en las últimas 24 horas, 620. El número de infecciones desde que comenzara la pandemia es de 473.667 y el de fallecidos, 8.351. Marruecos ha puesto ya 351.723 vacunas. En España acumulamos 2.913.425 casos, la incidencia es de 783 casos por cada 100.000 habitantes y han fallecido 60.802 personas. Con 11 millones de habitantes más que Marruecos, España ha puesto solo 150.000 vacunas más que su vecino del sur, que tiene además una población muchísimo más joven que la española. 

Transcurridos 11 meses desde que se confirmara el primer caso de coronavirus en Marruecos, no hay razones para dudar de que las cifras son un reflejo fiable de la evolución de pandemia al sur de Tarifa y del hecho de que la incidencia de la misma es notablemente menor que en España. No nos apresuraremos a pontificar sobre las razones que explican tales diferencias –brutales a simple vista- porque no somos epidemiólogos, pero a nadie se le escapa que las realidades demográficas de España y Marruecos son acusadamente distintas.

¿La razón de este vacío informativo? Marruecos no interesa. No interesa a los medios españoles porque no interesa a la mayoría de la sociedad española. Seguro que el número de pequeños empresarios e inversores, profesores, estudiantes de árabe, letraheridos y turistas que pasan por Marruecos aumenta cada año-, pero siguen siendo minoritarios en el conjunto de nuestra sociedad. La mayoría de la población española desconoce que los turistas son bienvenidos en Marruecos con una PCR negativa y una reserva hotelera desde el pasado mes de septiembre. Algo estará haciendo también mal nuestro vecino del sur desde el punto de vista informativo cuando, a pesar de que la situación sanitaria es razonablemente buena, pocos son los viajeros de nuestro país que se atreven a viajar a Marruecos.

No hay mayor desprecio que pasar olímpicamente de alguien o algo, y el coronavirus escribe un capítulo más de la larga y conflictiva historia de dos vecinos que se daban la espalda por sistema. No es positivo que en España no se conozca que la situación sanitaria en Marruecos, a pesar de contar con medios mucho peores, es notablemente mejor que en nuestro país. No es bueno que no sepamos en España las cosas que se hacen mal en Marruecos; es también nuestro derecho como ciudadanos. Los conflictos y las diferencias entre los dos gobiernos y las dos sociedades siguen y seguirán donde estaban aunque no se hable de ellas. Es la hora, siempre lo ha sido, de la información libre, del debate, de la discusión y del intercambio de ideas y pareceres entre las dos orillas de este Mediterráneo occidental.

Me acuerdo de un restaurante bastante pijo del centro de Moscú, muy cerquita de la plaza Roja y del teatro Bolshói, que se llamaba justamente el país que no existe, y creo que si sus gerentes se decidieran por abrir un establecimiento en España todos tendríamos en mente a Marruecos. Como si bajo el Estrecho de Gibraltar se situara la fosa de las Marianas o en el viejo puerto de Tánger, a los pies de la casba y la medina, estuviera el mismísimo fin del mundo.

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