Marruecos: las estocadas del “mariscalito” paraguayo (2)   Por Hassan Achahbar    No fue culpa de Fernando Lugo

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   El ahora senador Fernando Lugo, sigue siendo un amigo de Marruecos. Nos conocemos desde 2006 y también tenemos amigos en común. Nuestro primer encuentro fue cuando le pedí una entrevista. Desayuno en Pedro Juan Caballero, una ciudad del Este del país, separada del vecino Brasil por una calle, “La avenida Internacional Dr. Francia”. El ex-obispo Lugo recién había renunciado a la sotana y se preparaba para lanzarse como candidato presidencial.

   Lo volví a entrevistar en otras oportunidades siendo ya jefe de Estado. La última fue en marzo de 2012. Conozco a muchos de sus ex colaboradores y simpatizantes. A los grupos que respaldaron su candidatura y apoyaron su gestión. Él, siempre amable y atento.

   En declaración grabada, prometió que anulará rápidamente la decisión del ministro Lara Castro. No le alcanzó el tiempo al verse destituido por el parlamento en un expedito proceso político el 23 de junio. Desde el mes de mayo de 2012, se venían registrando graves incidentes en el medio rural. La oposición, mayoritaria en el Parlamento, votó su destitución, provocando la reacción hostil de los gobiernos amigos de Brasil, Argentina y Venezuela.

   Un día antes del voto, el entonces canciller y hoy presidente venezolano, Nicolás Maduro, acudió a Asunción en el marco de una delegación conciliadora de la Unasur (Unión de naciones sudamericanas). Maduro se atrevió a ordenar a los comandantes de las Fuerzas Armadas no acatar una decisión del Parlamento contra Lugo.

   La injerencia chavista en los asuntos internos del Paraguay fue denunciada por la prensa local y más tarde confirmada por la nueva ministra de defensa, María Liz García. Maduro se había reunido, en la sede del Gabinete Militar del Palacio de gobierno, con los comandantes de las Fuerzas Armadas a quienes pidió intervenir en caso de que Fernando Lugo fuera sacado del cargo.

   “El canciller (Maduro) arengó a que respondieran a una situación que se estaba dando y que afectaba al expresidente, pidió que respondieran en ese momento, conforme a lo que le ocurriera al expresidente Lugo”, reafirmó la ministra María Liz García.

   Caracas llevó a cabo sus amenazas de sanciones y por la presión ejercida en su contra por los aliados del chavismo, el Paraguay fue suspendido en el Mercado Común del Sur (Mercosur) y en la Unión de naciones sudamericanas (Unasur) hasta mediados de agosto de 2013.

   A su vez, el liberal Federico Franco, sucesor de Lugo en la presidencia, prometió enmendar el error de Lara Castro, pero tuvo otras prioridades, en particular las incesantes presiones de la Unasur y del Mercosur, que calificaron de “expreso” el juicio político contra el presidente Lugo.

   El golpe mortal para las pretensiones del lobby argelino, la decisión fundamentada y definitiva, llegará justo después de la investidura del presidente Horacio Cartes, el 15 de agosto de 2013. Y así, se acabaron las estocadas del “mariscalito”. Entre tanto, emergía un nuevo Paraguay con imagen cambiada.

   Perdería credibilidad internacional este país que, en lo económico, está en vías de convertirse en un nuevo “tigre” latinoamericano. Ya fue suficiente su insuperable record regional de reconocimientos de la Rasd, siendo el único entre todos los países del subcontinente que ha cambiado cuatro veces su posición respecto a la “república saharaui”.