La ceremonia de nombramiento de los miembros del nuevo Gobierno, presidida por Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios le asista, marca la apertura de una nueva etapa de la acción gubernamental, impulsada por la ambición de contar con un equipo renovado y una organización orientada a la acción, al servicio de resultados concretos para los ciudadanos.
La formación del nuevo Gobierno reviste una dimensión histórica en la vida política e institucional del Reino, con, por primera vez en Marruecos, una mujer al frente del Ejecutivo.
El nombramiento de Fatima Ezzahra El Mansouri reviste, a este respecto, un fuerte simbolismo, al inscribirse en la continuidad de la visión ilustrada de Su Majestad el Rey Mohammed VI en favor del fortalecimiento del lugar de las mujeres en los círculos de decisión y responsabilidad.
Más allá de este alcance histórico, el nuevo Gobierno pretende combinar renovación de perfiles, un marcado componente político y eficacia de la acción pública, con una voluntad afirmada de orientar su actuación hacia los resultados.
Una primicia histórica y una nueva energía en la acción gubernamental
La llegada de una mujer a la jefatura del Gobierno confiere una resonancia particular a la formación de este nuevo equipo, llamado a traducir sus ambiciones en acciones concretas y a responder a los desafíos y las expectativas de la sociedad.
Esta primicia forma parte de una dinámica de renovación que convierte a la juventud y a la aparición de nuevos perfiles en motores de la acción gubernamental.
Sangre nueva en el equipo, una nueva energía en la acción. La renovación y el lugar otorgado a la juventud responden a una ambición: aportar nuevas ideas, energía y una mejor consideración de las aspiraciones de la sociedad. La novedad de los perfiles se traducirá en la capacidad de hacer avanzar las soluciones.
Esta voluntad de renovación va acompañada de una estructura gubernamental concebida para actuar. La organización del nuevo Ejecutivo no es una simple distribución de carteras. Está diseñada para facilitar la toma de decisiones, aclarar las responsabilidades y reforzar la coherencia de la acción pública. Así, los resultados se medirán en función de las mejoras concretas en la vida de los ciudadanos.
Un gobierno que asume sus decisiones y responde de sus resultados
El marcado componente político del nuevo Gobierno debe permitirle asumir sus decisiones, impulsar las reformas y rendir cuentas sobre ellas, en una lógica de responsabilidad y coherencia de la acción pública.
La dimensión política constituirá una fuerza de dirección y de responsabilidad: establecer prioridades, explicar las decisiones, impulsar las reformas y rendir cuentas de su aplicación. El desafío no consiste únicamente en gestionar, sino en marcar un rumbo y mantenerlo.
Esta ambición adquiere todo su sentido a la luz de los grandes desafíos a los que se enfrenta Marruecos y de las expectativas expresadas por los ciudadanos.
El comunicado del Gabinete Real, publicado el 14 de octubre, subraya, a este respecto, que « la próxima etapa exige una movilización global, una acción gubernamental seria y responsable, habida cuenta de la magnitud de los retos, los desafíos y las expectativas en los diferentes planos».
Grandes desafíos, movilización plena y acción responsable. Se trata de actuar con determinación, sin minimizar las dificultades ni prometer soluciones fáciles.
Dignidad, justicia social y equidad territorial: los objetivos de la acción gubernamental
Más allá de su organización y de su dimensión política, el nuevo Gobierno sitúa la dignidad de los ciudadanos y la justicia social en el centro de sus objetivos.
La dignidad de los ciudadanos en el centro de las decisiones. La reducción de las desigualdades en el centro de los resultados. La eficacia gubernamental no es un fin en sí misma: deberá permitir una vida más digna, una mejor protección contra las vulnerabilidades y un acceso más equitativo a las oportunidades.
La justicia social orientará así las decisiones y la acción del Gobierno, en una dinámica en la que la equidad territorial constituye también un compromiso estructurante.
El progreso para todos, en todos los territorios. La ambición es alcanzar un desarrollo cuyos beneficios lleguen a todas las regiones y a todas las categorías de la población.
La equidad territorial confiere un sentido concreto a esta ambición: reducir las diferencias y ampliar el acceso a los servicios y a las oportunidades.
Así, entre la renovación del equipo, la afirmación de un rumbo político claro y la voluntad de orientar la acción hacia los resultados, el nuevo Gobierno afronta una etapa cuyo éxito se medirá por su capacidad de transformar las ambiciones anunciadas en mejoras concretas en la vida de los ciudadanos. Map

