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MARRUECOS: PRESENTE Y FUTURO (Segunda parte) Desarrollo económico, protección social y aumento de la productividad Por Clara Riveros (en CPLATAM)

Clara Rivero
El rey reiteró el papel solidario del Estado para la resolución de asuntos urgentes y demandas legítimas de los sectores menos favorecidos de la población, pero también reiteró con firmeza que el país no se abocará al desorden, anarquía y oportunismo que promueven grupos e individuos “catastrofistas, nihilistas y vendedores de ilusiones” que desdeñan los logros y realizaciones del país y buscan aprovechar coyunturas y determinadas disfunciones para menoscabar la seguridad y la estabilidad del reino. “Vamos a seguir caminando y trabajando juntos a fin de superar los escollos circunstanciales y objetivos, disponiendo las condiciones adecuadas para llevar a la práctica los programas y proyectos de desarrollo, creando oportunidades de empleo y garantizando la vida digna”. Mohamed VI ha llamado a priorizar la iniciativa política en ámbitos que deben ser tratados con urgencia:
  • Educación: otorgar un fuerte impulso a los programas de escolarización y a la lucha contra la deserción escolar (a partir del próximo curso escolar, incluyendo el programa Tayssir, de apoyo financiero a la escolarización, enseñanza preescolar, transporte escolar, restaurantes escolares e internados para apoyar a las familias y asegurándoles que sus hijos continuarán con su escolarización y formación).
  • Salud: corregir las disfunciones registradas en la aplicación del programa de cubertura médica “RAMED” y revisar paralelamente y en profundidad el sistema nacional de sanidad “que acusa disparidades alarmantes y déficit de gestión”.
  • Uso sostenible del agua: cuidar los recursos estratégicos del país, específicamente, el agua, “en consideración del papel principal que desempeña en el desarrollo y la estabilidad”. Para la gestión sostenible del recurso hídrico, el rey contempla que el Plan nacional de agua se ocupe durante los próximos treinta años de las diferentes problemáticas relacionadas con los recursos hídricos, a la vez que insta a las autoridades responsables a resolver los casos urgentes de deficiencia en el acceso y abastecimiento de agua potable para la población y la distribución para el ganado (especialmente en verano). Destaca la construcción de 30 presas de diferentes tamaños en los últimos 18 años e insiste en dar continuidad a esa política de construcción de presas “en la que Marruecos es considerado como un país pionero”.
  • Desarrollo Humano: lanzar la tercera etapa de la Iniciativa Nacional para el Desarrollo Humano, consolidando los logros y reorientando los programas para promover el capital humano y a las nuevas generaciones, apoyando a los sectores sociales que están en una situación difícil. Esa nueva dinámica debería invitar a que las autoridades revisen y superen, paulatinamente, la política del Estado asistencialista, de herencia francesa, según observan algunos ciudadanos marroquíes, ya que un manejo eficiente del gasto público redundaría positivamente en las arcas públicas y permitiría canalizar recursos hacia nuevos proyectos sociales.
  • Diálogo: promover el diálogo social y encausarlo o encaminarlo “rápidamente hacia un buen fin”. El rey le ha dicho al gobierno que “el diálogo social es un deber que se impone, y el recurso al mismo ha de ser permanente”. Por lo anterior, las autoridades deben asumir su responsabilidad en la rendición de cuentas. “El Gobierno está llamado a reunirse y a comunicar de manera regular con los sindicatos, independientemente de los resultados que puedan surgir de dicho diálogo”. También ha invitado a que la sociedad propenda a la búsqueda de consensos y asuma un diálogo edificante y constructivo con espíritu de responsabilidad que permita alcanzar un “pacto social equilibrado y sostenible, que garantice la competitividad empresarial y favorezca el poder adquisitivo de la clase obrera, tanto en el sector público como privado”.
En relación con esta cuestión, siempre he tenido la convicción de que la mejor protección social reside en la creación de oportunidades de empleo productivo que garantizan la dignidad.
En realidad, la creación de oportunidades de empleo o de un sistema social moderno y apropiado, pasa imperativamente por la consecución de una mutación cualitativa en los ámbitos de la inversión y apoyo al sector productivo nacional.
La sociedad marroquí debe ser parte del cambio e incidir en la transformación del país
Nótese que el rey Mohamed VI en sus discursos recientes ha estado apuntando a una mayor liberalización de la economía y a la búsqueda de más inversión privada que redunde en una mayor generación de empleos. El país debe apostar a su capital humano, al desarrollo humano, desde luego, a formar y a educar a sus ciudadanos para que sean competitivos y estén cualificados según las exigencias y oportunidades que brindan los sectores que jalonan la economía del país.
El Estado debe tener una vocación solidaria y estar dónde debe estar, garantizar el acceso a salud y a educación para aquellos ciudadanos que no están en condición de asumirlos y brindar posibilidades de desarrollo humano a los marroquíes. Lo anterior no excluye a la sociedad de sus responsabilidades en el proyecto de país que se quiere construir y que exige incorporar criterios de productividad que permitan la inserción de Marruecos y de su sociedad en un mundo globalizado que marcha a toda velocidad.
El pasado, presente y futuro de Marruecos son una prenda que a todos nos ha sido confiada. Juntos hemos conseguido numerosos logros en diferentes ámbitos. Afrontar los desafíos y realizar las aspiraciones será posible únicamente en el seno de la unidad, solidaridad y estabilidad. Para ello se ha de tener fe en la unidad de nuestro destino, tanto en la felicidad como en la adversidad, ataviándose del sincero patriotismo y dando prueba de la ciudadanía responsable.
El rey convoca a la gobernanza y a las buenas prácticas de gobierno, a la acción consciente, efectiva y eficiente de la administración política, de la empresa privada y, por supuesto, de la sociedad civil. Las autoridades están llamadas a facilitar procesos que permitan la creación de oportunidades de empleo productivo por parte del sector privado. La administración puede fungir como facilitadora para el acceso a sistemas de crédito de proyectos productivos, también puede diseñar un sistema de estímulos que motiven la competitividad y la productividad de las diferentes cooperativas y asociaciones que existen en el país y realizan actividades económicas.
Individuos, grupos, asociaciones y cooperativas también deben inmiscuirse en la transformación social y cultural del país que permita un cambio de mentalidades respecto a ciertas ideas arraigadas, a menudo, extravagantes y desconcertantes, por ejemplo, en la creencia de que el Estado debe “comprar” la paz social a través de la asignación de subsidios y de la financiación total de proyectos con capitales que no retornan al Estado, se niegan a mostrar resultados, no hacen un uso óptimo del tiempo, no se guían por criterios de productividad, se afirman en una pretendida independencia operativa y administrativa a nivel interno, mientras invocan la permanente dependencia económica, asistencia o beneficencia del Estado.
Los marroquíes deben asimilar que el emprendimiento demanda de la capacidad creadora y creativa del emprendedor más que de la acción del Estado. Pretender convertirse en emprendedor, de un día a otro, sin asumir ningún reto o desafío [endeudamiento, productividad, rendimiento, adquisición de medios de producción, sostenibilidad del proyecto, etc.], contradice, incluso, la definición misma de “emprendedor”. Deben orientarse a la obtención de resultados: generar riqueza, dividendos y ganancias para que sean sostenibles en el tiempo y, gracias a su rendimiento, considerar la expansión. Si el Estado financia los proyectos de emprendimiento, es necesario que el capital retorne al Estado. El emprendedor y el emprendimiento, sean de tipo individual o grupal, responden a intereses particulares-privados, que redundan en la generación de empleos y en beneficio de la sociedad, pero la misión del Estado no es agenciarlo económicamente sino acompañar y facilitar los procesos de los emprendedores e inversionistas. A ese respecto, las observaciones del rey son más que oportunas:
insistimos en la necesidad de actualizar los programas de acompañamiento destinados a las empresas, incluida la facilitación de su acceso a la inversión, la mejora de su productividad así como la formación y preparación de sus recursos humanos.
El objetivo marcado no es otro sino elevar la competitividad de la empresa marroquí y su capacidad de exportación, creando oportunidades de empleo, especialmente en el seno de las pequeñas y medianas empresas, que requieren una atención especial, ya que constituyen el 95 % del tejido económico nacional.
La empresa productiva necesita, actualmente, una mayor confianza del Estado y de la sociedad, para que la inversión recupere su debido nivel y pueda pasar del estado de expectación negativa a la iniciativa seria y creativa.
En efecto, la recuperación de la vitalidad económica se halla estrechamente vinculada a la participación de la empresa, a la renovación de la cultura empresarial y a la fructificación de las numerosas posibilidades que Marruecos ofrece, sin dejar de tener presentes los retos inherentes a la competitividad internacional y, a veces, incluso a las guerras económicas.
El rey ha reiterado su apuesta y compromiso hacia la promoción de mejores condiciones sociales para la población, la modernización del Estado y la respuesta oportuna y efectiva a los desafíos económicos que enfrenta el país, así como a la gestión responsable y al uso sostenible de recursos estratégicos escasos. Es verdad que la clase política marroquí debe mostrar amplitud de miras y trabajar al máximo nivel para el desarrollo interno del país que incide, sin lugar a dudas, en la imagen que proyecta Marruecos en el exterior.
El esfuerzo no solo ha de ser político, así como las fuerzas económicas y productivas del país están llamadas a tomar el lugar que les corresponde para potenciar el desarrollo económico, no debe obviarse el rol de la sociedad en un contexto prometedor y complejo. En tiempos de boicots, emociones manipuladas y demandas instrumentalizadas, el éxito del proyecto de modernidad y modernización depende —también y en gran medida— de que la sociedad marroquí sepa estar a la altura de las circunstancias en sus respuestas, capacidad de transformación, amplitud de miras y perspectiva de futuro.

 

 

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