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Marruecos-Uruguay: el nuevo amanecer Por Hassan Achahbar

Anàlisis

 

Hassan Achahbar experto marroqui en cuestiones latinoamericanas

El 26 de diciembre, fecha fatídica para las relaciones entre Uruguay y Marruecos. En aquel día del año 2005, el ministro uruguayo de relaciones exteriores, Reinaldo Gargano, cedió a un impulso personal y estímulos externos para propiciar un golpe bajo y mortal a la cooperación bilateral, reconociendo como “Estado” a un ente virtual, la “República saharaui”.

    “El Gobierno de la República Oriental del Uruguay acordó en el día de la fecha el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática, única nación árabe de habla hispánica”, anunció la cancillería en el comunicado oficial difundido el mismo día.

   Por su parte, el ministro Gargano celebró con la prensa “lo novedoso” de la importante noticia. “La otra noticia que me parece importante por lo novedoso es que en el día de hoy el Presidente de la República, en Consejo de Ministros, ha resuelto establecer relaciones diplomáticas con la República Árabe de Sahara, planteo que venía haciendo desde hace bastante tiempo y que no significa que no sigamos manteniendo y profundizando las relaciones con el Reino de Marruecos”, dijo el ministro a la prensa.

   Según el ministro, fue el presidente Tabaré Vázquez quien “decretó” el reconocimiento. En realidad, el jefe de Estado apenas se enteró cuando ya tenía sobre la mesa el proyecto de “reconocimiento”. El tema no estaba al orden del día de un Consejo de ministros convocado para despedir el año. Vázquez jamás lo comentó en público.

   Hasta ese fatídico día, todo andaba sobre ruedas entre Montevideo y Rabat. Apelando al sentido común, Marruecos seguía insistiendo para que Uruguay juegue un rol neutral en defensa de la legalidad internacional, sin apoyar a ninguna de las partes en el conflicto.

   Dicho rol se cumplió cabalmente bajo el mandato del presidente Jorge Batlle, cuando Uruguay, junto con Argentina, Brasil y Chile, se había mantenido al margen de la disputa entre Argelia y Marruecos, sin ceder a las presiones en favor del separatismo saharaui.

   Agradecido con el gobierno de Batlle, Marruecos envió a la asunción del presidente Tabaré Vázquez, el 1 de marzo de 2005, una importante comitiva oficial, la única de alto nivel entre los países musulmanes, africanos y árabes, encabezada por el ministro de Estado, Abbas El Fassi.

   Luego, siguieron los intercambios de visitas entre los dos países. El propio ministro Gargano participó los 24 y 25 de marzo en Marrakech en la reunión ministerial preparatoria para la I Cumbre América del Sur-Países Árabes (ASPA) convocada para los 10 y 11 de mayo en Brasilia.

   De parte de Marruecos, llegaron a Montevideo, en solo una semana, dos pesos pesados del ejecutivo nacional, el ministro de medioambiente, el socialista Mohamed El Yazghi (el 26 de julio), y el de agricultura, el popular Mohand Laensar (el 3 de agosto).

    Pero el ambiente estaba intoxicado y mientras el canciller continuaba con su juego, arreciaba la presión del lobby argelino. Unos días después de instalado el gobierno frentista, Gargano recibió en su despacho al representante del separatista Frente Polisario, Ahmed Bujari. Éste, ya había sido invitado a la ceremonia de investidura del presidente Vázquez con los honores reservados a los jefes de delegación extranjeros.

   Previo al encuentro con el separatista Bujari, el 11 de marzo, Gargano respondió a una pregunta de la prensa: “las relaciones que existen con el movimiento saharaui son relaciones de carácter político, no son relaciones de Estado, ¿verdad? No hay un reconocimiento del Estado saharaui, por lo tanto, la visita es una visita protocolar hecha por un representante político de un movimiento político que hace reclamaciones territoriales a Marruecos, pero esto no va a incidir para nada en las relaciones que nuestro país mantiene con Marruecos”.

   En junio de este año, el lobby argelino había movilizado un importante grupo en apoyo al Polisario, entre ellos el embajador en Francia y ex enviado personal del SG de la ONU para el Sahara, Héctor Gros Espiell, el escritor Eduardo Galeano, el presidente del Club Libanés Pedro Abuchalja, el intendente de Montevideo Ricardo Ehrlich, el ex diputado Guillermo Chifflet y el ex vicepresidente Gonzalo Aguirre.

   En sintonía con lo que se estaba tramando en los círculos oficiales, los llamados medios alternativos, entre otros Comcosur y Brecha, cobrando por adelantado, se alistaron para apoyar y festejar la gran gesta del ministro Gargano y atacar a la “dictadura marroquí”.

   ¿Que si el ministro uruguayo se equivocó? De esto no me cabe la menor duda. No es una opinión personal, sino la impresión que recogí en múltiples contactos en Montevideo durante los últimos días de 2005 y los primeros meses del año siguientes.

   Además de la viceministra Belela Herrera y del director general para asuntos políticos Bruno Faraone, testigos directos de la insidia, hablaron variros funcionarios públicos, empresarios, periodistas y la ahora ex-militante frentista, Selva Andreoli, publicista y directora del “Grupo Perfil”.

   Todos coincidieron en señalar el malestar general causado por la decisión del ministro Gargano, tomada, en palabras de uno de ellos, “no por un gobierno, sino por una persona de edad avanzada y cuya ideología sigue anclada en tiempos de la guerra fría”.

En su edición del 9 de enero de 2006, el diario El País de Montevideo también calificó de “error diplomático haber reconocido la República Árabe Saharaui en el mismo momento que se anunciaba la visita oficial a nuestro país del Canciller de Marruecos, la que fue de inmediato cancelada”.

   No solamente se canceló dicha visita, anunciada para el 16 de enero de 2006, sino que también se frustró un viaje, en preparación, del presidente Vázquez a Marruecos y se vino abajo con todo el esquema de cooperación económica y comercial entre los dos países.

   Otra consecuencia inmediata para el Uruguay ha sido el desperdicio de una gran chance de aprovechar las oportunidades que se lo ofrecían en el marco de la Cumbre América del Sur-Países Árabes (ASPA) para exportar sus productos agropecuarios a los mercados árabes y atraer las inversiones de la región del Golfo.

El socialista Gargano obró mal y lo hizo en el peor momento, cuando la mayoría de los países del continente y del mundo ya habían retirado su reconocimiento al ente virtual saharaui para respaldar la iniciativa marroquí de amplia autonomía para el Sahara, propuesta sometida al Consejo de Seguridad de la ONU en 2007 y calificada por éste, de “creíble y seria”.

    Cabe resaltar en este sentido que en noviembre de 2008, una delegación informal marroquí viajó a Montevideo y fue recibida por altos dignatarios del país, entre otros, el nuevo canciller Gonzalo Fernández, el vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa, el ministro de la defensa, José Bayardi, el presidente del Frente Amplio, Jorge Brovetto, la presidenta de la Comisión de asuntos internacionales del FA, Belela Herrera, así como varios representantes de la sociedad civil y del sector empresarial.

   En las conversaciones, se puso un mayor énfasis en la iniciativa marroquí de autonomía amplia para el Sahara, los avances democráticos en el Reino, el paquete de reformas emprendidas por el Rey Mohammed VI, los Derechos Humanas y el Estado de Derecho, la igualdad de género y el desarrollo económico, social y cultural.

   “Nosotros admiramos a Marruecos. Sabemos que Marruecos se sintió ofendido por la decisión uruguaya. Lamentamos ese hecho. Queremos que se llegue a un entendimiento y creemos que el proyecto de autonomía puede ser la solución” al conflicto, dijo Herrera.

   “A pesar de todo, creemos que se puede seguir luchando por estrechar los lazos de amistad entre ambos pueblos”, añadió la ex viceministra de relaciones exteriores. “Nos alegra mucho que la solución venga del propio pueblo de Marruecos” y “estamos en la mejor disposición a apoyar la iniciativa” marroquí, enfatizó.

   En el mismo sentido se expresó otro alto funcionario uruguayo, el presidente de la Administración Nacional de Puertos, Fernando Puntigliano, quien albergó la esperanza de que una vez resuelto el diferendo se pueda “fundar relaciones comerciales y de intercambio sólidas”.

   Los interlocutores uruguayas reaccionaron favorablemente al planteamiento de la delegación marroquí a favor del apoyo a una salida negociada y consensuada al conflicto del Sahara, comprometiéndose a acompañar los esfuerzos de Marruecos en ese sentido.

   Así de claro hablaron el ministro de defensa Bayardi, el presidente del FA Brovetto y el vicepresidente de la República Nin Novoa. Este último reiteró su apoyo abierto a la soberanía de los pueblos “comprometiendo todos los esfuerzos necesarios” en ese sentido porque, enfatizó, “entendimos que la solución pasa por el dialogo en base a la propuesta de autonomía”.

   El propio ministro de relaciones exteriores, Gonzalo Fernández le reiteró a la delegación marroquí que el gobierno uruguayo no tiene nada en contra de Marruecos e insistió en la necesidad de “salir de la equivocación” y de “enmendar el error, pero sin afectar la imagen del gobierno, ese mismo gobierno que tomó la decisión aunque los personajes son otros”.

  En el entendimiento del ministro Fernández lo hecho, hecho está y que “dar marcha atrás en una decisión tomada hace menos de dos años y durante un año electoral sería un suicidio político”.

   La posibilidad de que “este gobierno revoque el reconocimiento (a la Rasd) pondrá en evidencia un error y tendrá un alto costo político, insistió el ministro que prometió, no obstante, dar instrucciones precisas al representante uruguayo en Nueva York para apoyar la negociación en la ONU.

   Este 26 de diciembre, faltando todavía dos meses para el relevo presidencial, una luz de esperanza aparece en horizonte. En política exterior, el futuro canciller Ernesto Talvi ya marcó la pauta: “Nos relacionamos con Estados y no con gobiernos; no por afinidades, sino por intereses”.

   Ernesto Talvi viene repitiendo desde el inicio de la campaña electoral y después del triunfo en segunda vuelta presidencial, el 24 de noviembre, del nacionalista Luis Lacalle Pou, que la cancillería uruguaya se guiará por los intereses del país y no por la “simpatía” de los gobiernos de turno.

   “La política exterior uruguaya va a basarse en los intereses del país y no por la simpatía de los gobiernos de turno. Relaciones diplomáticas cordiales y abiertas, con los gobiernos que nos gustan y con los que no nos gustan”, sostuvo el excandidato presidencial colorado.

Por lo pronto, hacemos votos para que el actual presidente electo, Luis Lacalle Pou, y su futuro canciller Ernesto Talvi, no se desatiendan del tema Marruecos y no se enreden en la trama tejida alrededor del ya desaparecido Gargano, en nombre de una presunta solidaridad ideológica.

 

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