El letrado Saad Sahli del colegio de abogados de Rabat
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Efectivamente, como lo atestiguaba ayer el Director regional para África del Comité internacional de la Cruz Roja, Patrick Youssef “Desde la aparición de los primeros casos en el país, Marruecos ha reaccionado con celeridad, vigilancia y anticipación, y tomó medidas de gran envergadura para hacer frente a la propagación del COVID-19”.
Como lo describía El Imparcial argentino, “las medidas “valientes, pragmáticas y sin precedentes”, tomadas bajo el impulso de SM el Rey, son la extensión de una de las páginas más emblemáticas de la historia reciente de Marruecos: la revolución del rey y del pueblo “.
Y, como lo reconocen propios y extraños, más los segundos que los primeros, con sus anticipatorias medidas proactivas para hacer frente al Coronavirus, Marruecos ha dado un ejemplo edificador de su clarividente visión y de su alcance visionario.
Pero… ¿debemos pararnos aquí? ¡Ni hablar!
Todo esto es bueno para la imagen del país, de su rey y de su pueblo, pero debe servir de incentivo y estímulo para obrar con mayor rigor y exigir y dar con más generosidad. El riesgo nos acecha aun y bajar la guardia ante tan agradecidos elogios, equivaldría a una retirada antes de tiempo.
Así pues, de celeridad, vigilancia y anticipación debemos pasar a la perseverancia, movilización y confianza en nuestros medios.
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