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MARTA Y MARIA La actitud ante la vida, Elías D Galati (Argentina)

Reflexiones

Relata el  Evangelio según san Lucas 10, 38-42, que Marta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.  Respondiendo Jesús,  Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.  Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.

¿Cuál es la actitud ante la vida? ¿Cuál es la buena parte?

Más allá del hecho histórico, con su evidente connotación mística, hay en todo hombre una tensión existencial entre el deber y el deseo.

Los derechos y las obligaciones son términos atados entre sí, que no pueden existir por sí solos, sino en relación el uno al otro.

Asimismo si es evidente que hay deberes que cumplir en la vida, también es evidente que la vida debe disfrutarse, gozarse en toda su extensión, en toda su plenitud y como una forma de dar referencia al ser.

No debe ser el sufrimiento lo común, ni el castigo la condición esencial, pues la vida debe vivirse de la mejor manera, de forma óptima y con todos los encantos que ella posee, tanto a nivel individual como en la vida de relación.

Entonces cuál debe ser nuestra actitud, debemos priorizar el deber o el goce el placer de vivir.

Hay que remontarse a Platón, para encontrar la punta de la solución, quien decía que era bueno y moral aquello que estaba equilibrado.

Entonces pareciera que la actitud vital óptima debe ser el equilibrio, en todo sentido, entre el deber y el deseo, entre el yo y el otro, entre la apetencia y la solidaridad, entre nuestra condición individual y nuestra condición social.

El texto evangélico que nos pone en la máxima disyuntiva, que separa a un punto extremo la actitud de servicio, de la actitud de placer, no sólo nos sirve para entender las dos posturas en un nivel máximo, sino también para entender las situaciones que pueden presentarse en la vida.

Otro texto evangélico se refiere en igual sentido al ayuno, cuando dice no pueden ayunar los amigos del esposo, cuando está el esposo con ellos en la boda.

Es decir en una condición festiva, la actitud debe ser festiva, y en una condición crítica la actitud debe ser solidaria.

No es fácil separar las acciones,  y la línea divisoria suele ser muy delgada, por las contingencias de la vida como por la forma de asumirla, sufrirla y entenderla los distintos actores, de acuerdo a su rol, su situación y el lugar en que se encuentran.

Volvemos entonces a Platón y al equilibrio; si lo hemos logrado, si estamos equilibrados todo estará bien, habrá orden y la conducta será buena y correcta.

El hombre comienza su vida, con una etapa de formación, en la cual los deberes son menores en cantidad y en calidad que los del resto de su comunidad.

La infancia y la primera adolescencia es la época del crecimiento y del gozo existencial, pero también de la adquisición de los valores y las virtudes que nos deben acompañar el resto de la vida.

En la adultez se revierte la situación, y es mayor el deber asumido, como los compromisos existenciales y luego en la senectud pareciera que se vuelve al primer momento señalando un momento de placer, de disfrutar de lo hecho y asumido y de las relaciones conseguidas.

Sin embargo en el hondón del espíritu queda la sensación de carencia, de no haber podido lograr lo apetecido, de haber perdido la oportunidad de disfrutar situaciones, acontecimiento, relaciones personales que nos hubieran dado mucho placer.

El hombre siente más esas carencias, que las ocurridas por deberes no cumplidos, solidaridades no asumidas, compromisos rehuidos y obligaciones que dejó de lado.

Una vez escribí que se pude sufrir los avatares de la vida o gozar viviéndola.

Más todo es un conjunto, todo va de la mano, no hay otra ocasión que trabajar permanentemente para llegar a ese punto óptimo de equilibrio que hace la vida feliz.

SIENTO

Siento que pasé la vida

tratando de sostener

las acciones prometidas

por creer es mi deber.

 

La condición aprendida

quizás no me dejó ver

la otra vida ofrecida

disfrutando del placer,

 

del solaz, la compañía

de quienes son mi querer,

la placidez que tendría

 

viendo a los niños crecer,

creo que perdí la vida

sin poderla entender.

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