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Mohammed VI, un Rey latinoamericano Por Hassan Achahbar

Testimonio

 

Hassan Achahbar experto marroqui en cuestiones latinoamericanas

En noviembre del 2024 se cumplirán dos decenios desde que el Rey Mohammed VI de Marruecos emprendió su histórica gira por Latinoamérica, la primera de un jefe de Estado árabe a la región. El reloj avanza rápido por lo que la cancillería marroquí debería ir preparándose para conmemorar el regio acontecimiento. Quizás, la mejor forma de celebrarlo sea organizando otro periplo por la región.

Marruecos es el espejo árabe y africano donde se miran los líderes políticos y empresariales de la otra orilla del océano Atlántico. Las cada vez más sólidas relaciones entre el Reino y América Latina no son nuevas. Remontan a los primeros años de la independencia de los países del continente, especialmente Brasil y la Gran Colombia.

Los brasileños celebran con lealtad que Marruecos fue uno de los primeros países en el mundo y el primero en África en reconocer su independencia, inmediatamente después de su proclamación el 7 de septiembre de 1822. Antes de nacer los países africanos a partir de la década de los 60 del siglo XX, el Brasil independiente ya había establecido relaciones consulares con Marruecos en 1884 y diplomáticas en 1906.

Así consta en los archivos de Itamaraty y así lo resaltó recientemente el presidente Jair Bolsonaro al destacar que los lazos bilaterales cobraron impulso a partir de la visita real a Brasilia para dejar bien asentado que ambos países se llevan de la mano.

El presiente Luiz Inacio Lula da Silva lo manifestó quince años antes, durante el almuerzo ofrecido en honor del ilustre huésped marroquí el 26 de noviembre de 2004. “La presencia del Rey de Marruecos en Brasil demuestra la renovación de las relaciones entre nuestros países”, afirmó Lula da Silva.

“Vuestra Majestad ha sido un defensor entusiasta de este acercamiento. Tenemos un compromiso común con la democratización y la transformación social en nuestros países. Sobre la base de estos valores, Marruecos y Brasil están forjando una asociación con la mirada puesta en el futuro. Estoy seguro de que la visita de Vuestra Majestad, la primera de un monarca marroquí a Brasil, abrirá grandes oportunidades de intercambio y cooperación entre nuestros países”, expresó.

El primer impulso a las relaciones de Marruecos con Latinoamérica y el Caribe se había dado bajo el reinado de Hassan II a principios de los 90, con Carlos Salinas de Gortari, Carlos Saúl Menem, Patricio Aylwin y Fernando Collor de Mello como presidentes respectivamente de México, Argentina, Chile y Brasil.

Pero el verdadero salto cualitativo no se daría hasta avanzada la primera década del siglo XXI, como resultado de la gira continental del Rey Mohammed VI. Fue cuando Marruecos empezó a sentar las bases y a fijar los ejes prioritarios de su política exterior para el conjunto de la región.

A partir de la fecha, Marruecos empezó a desarrollar una estrategia coherente y pragmática, con el claro objetivo de elevar el nivel de dialogo bilateral y lograr un real respaldo político regional en torno al conflicto artificial del “Sahara Occidental”.

Ese respaldo quedaría patente en ocasión de la II Cumbre América del Sur-África celebrada en septiembre de 2009 en Isla Margarita, Venezuela, con la rotunda negativa de los dos bloques a una maniobra argelino-venezolana en apoyo a la participación de la virtual República saharaui (Rasd) en el conclave birregional. Fue la primera derrota del chavismo en su propio campo.

Vale recordar, asimismo, que Marruecos ha sido uno de los primerísimos países africanos en reconocer al régimen de Fidel Castro instalado en 1959 en Cuba y que, pese al tenaz embargo norteamericano, la Monarquía marroquí siguió manteniendo con la Isla comunista estrechas relaciones comerciales hasta enero de 1980, cuando La Habana, actuando torpe e irresponsablemente, cedió ante las presiones de Argelia y reconoció la supuesta independencia de la virtual Rasd.

Remontando la corriente en la historia de las relaciones entre Marruecos y el continente, más allá de la prepotente actitud castrista y, más tarde, de la traición chavista, nos encontramos con que en los años 30 del XIX, el Libertador Simón Bolívar, el apóstol del chavismo, acudía al sultán Moulay Abderrahmane para pedirle protección a sus naves mercantes contra los ataques corsarios en el litoral atlántico marroquí.

Desgraciadamente, el chavismo tuvo corta la memoria por lo que ese dato relevante en la historia común ha sido literalmente obviado por quien se autoproclamó en 1999 heredero universal del legado bolivariano.

De esta forma, previo a la gira real de 2004, Hugo Chávez dio su comprometido respaldo al separatismo saharaui y Caracas cobijó, una “embajada” del Frente Polisario. El malagradecido militar venezolano tampoco tuvo en cuenta que, en 1998, estando todavía en campaña presidencial, fue huésped de la embajada de Marruecos en Caracas, donde se le presentó al cuerpo diplomático árabe.

Al margen de la traición de unos y la ingratitud de otros, las relaciones de Marruecos con Latinoamérica han ido consolidándose para ganar su impulso después de la gira real por Argentina, Brasil, Chile, México y Perú, y un epílogo caribeño de la misma, escrito en la República Dominicana.

Un giro a la izquierda

Durante la primera década del presente siglo, la efervescencia política alcanzaría niveles insospechados en la mayoría de los países latinoamericanos y caribeños. Además del giro a la izquierda dado en Chile (2000), Brasil y Argentina (2003), se gestaba el retorno para un segundo mandato del aprista Alan García en Perú (2006) y del sandinista Daniel Ortega en Nicaragua (2007).

En Bolivia, un indígena, Evo Morales, se alzaría en 2006 con la presidencia por la primera vez en la historia del país. Rafael Correa y Fernando Lugo, otros dos referentes de la izquierda regional llegarán al poder respectivamente en Ecuador (2007) y en Paraguay (2008).

Tiempos atrás, también se generaron cambios de signo liberal en varios países con los relevos presidenciales, entre otros, en México (diciembre 2000), Perú (julio 2001), Colombia (agosto 2002).

En México, el panismo ofrece la contracara del chavismo en Venezuela. El país azteca experimentó el primero cambio político desde la fundación en 1929 del Partido de la Revolución Institucional (PRI). En 2000, el priista Ernesto Zedillo entregó la banda presidencial al panista Vicente Fox, del conservador Partido Acción Nacional (PAN).

Colombia fue uno de los pocos grandes países latinoamericanos que mantuvieron el rumbo y en 1999, el mismo año en que asumió Hugo Chávez en Venezuela, el colombiano Andrés Pastrana selló con el estadounidense Bill Clinton el “Plan Colombia para la Paz”, un complejo y ambicioso acuerdo de cooperación bilateral para la lucha contra el narcotráfico y las guerrillas de las FARC y el ELN.

Siguieron soplando los vientos de un cambio, concretizado o en cierne, acentuado en muchos casos por la polémica vuelta de Cuba al ruedo de la mano de un desenfrenado militantismo chavista. Hugo Chávez ya venía coqueteando con Fidel Castro desde su asunción en 1999, aunque solo se le entregó, en cuerpo y alma, después del intento de golpe militar de febrero del 2002.

Al correr de los meses, la alianza castro-chavista se ha ido ramificando con la irrupción en la escena política regional de otros líderes de parecido tinte ideológico, entre otros, el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva y el argentino Néstor Kirchner.

La complicidad entre todos, llevaría al paroxismo las incompatibilidades ideológicas en el hemisferio occidental, durante la IV Cumbre de las Americanos celebrada los 4 y 5 de noviembre de 2005 en Mar del Plata, Argentina. En dicha reunión, los presidentes norteamericano George W. Bush y mexicano Vicente Fox se vieron aislados en su defensa del proyecto de Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), impulsado por Washington desde 1992 y rechazado por Venezuela y los países del Mercosur.

La cumbre fracasó rotundamente y el proyecto ALCA ha sido abandonado. El mayor recuerdo que se conserva de la convocatoria es el slogan “ALCA, ALCArajo” acuñado por Hugo Chávez y coreado por los miles de sus seguidores argentinos.

Lo nuevo ha sido el cambio de alianzas. Bush abandonó Mar del Plata antes de finalizar la cumbre. Dejó toda la maquinaria de su seguridad en tierra mar argentino para refugiarse en Rio de Janeiro adonde le siguió horas después por el brasileño Lula da Silva. Ahí nació el nuevo romance entre los dos estadistas. Ambos presidentes sellaron un pacto de no agresión y la gran perdedora resultó Argentina que jamás volvió a sonar con las “relaciones carnales” que tuvo con Estados Unidos en los años 90.  

El fracaso del ALCA y los cambios de alianzas le sirvió al brasileño de estímulo para avanzar hacia otras formas de organización subregional, con la creación de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), conforme a la Declaración de Cuzco (Perú), firmada el 8 de diciembre de 2004 por los jefes de Estado de los doce países de Sudamérica.

En la agenda de Marruecos

Desde el inicio del nuevo siglo, al América Latina en movimiento ha estado permanentemente en la agenda de la diplomacia marroquí. En reciprocidad, diversos países mostraron su interés por desarrollar y profundizar la cooperación con el Reino en especial los “ABC” (Argentina, Brasil y Chile), tres países líderes que Argelia jamás pudo corromper para reconocer a la virtual Rasd.  

Cabe también subrayar también la señal fuerte e inequívoca que el presidente colombiano Andrés Pastrana dio en apoyo a Marruecos durante su visita a Rabat, en marzo de 1999, la segunda de un jefe de Estado latinoamericano, después del viaje del argentino Carlos Menem, en julio de 1996.

Un hecho precursor del proceso de cambio se dio en 1990 con el gesto de México de cerrar su representación diplomática en Addis Abeba, la capital de Etiopia y de la Unión Africana, para poder abrir una embajada nueva en Rabat.

Sí bien es cierto que México no avanzó lo suficiente como para ordenar el desalojo definitivo de la virtual Rasd, no es un hecho menor su decisión de congelar la representación separatista saharaui en un nivel inferior y que desde entonces, el Polisario nunca más pudo acreditar un “embajador” pleno en la capital azteca.

La avanzada

Como avanzada a su gira, Mohammed VI ordenó a su Primer ministro, Abderrahmane El Youssoufi, realizar en marzo del 2000 un primer viaje tres países sudamericanos:  Colombia, Chile y Argentina.

En Bogotá, El Youssoufi le expresó al presidente Andrés Pastrana el apoyo de Marruecos a su política por la pacificación de su país y le reiteró la entera disposición a avanzar en los acuerdos de cooperación bilateral.

En la capital chilena, El Youssoufi asistió a la asunción del presidente Ricardo Lagos, ocasión para mantener un fructífero intercambio ya que no necesitaban ser presentados, siendo ambos vicepresidentes de la Internacional Socialista.

Por la misma ocasióny en claro rechazo a las presiones de lobby argelino para el reconocimiento de la virtual Rasd, Lagos le garantizó a El Youssoufi que no haría nada que pudiera enturbiar las relaciones entre los dos países.

Al socialista chileno le esperaba otra tarea más edificante, la de superar el reto de la alternancia en el seno de la “Concertación de Partidos por la Democracia”, en el poder desde abril de 1990.

Con el viaje de El Youssoufi a Buenos Aires, se rescribiría otro capítulo en las relaciones entre Marruecos y Argentina, consolidadas de forma gradual y sostenida desde 1993. En el solo año de 2002, Buenos Aires recibió nada menos que a cinco ministros marroquíes en una muestra inédita de solidaridad con Argentina que atravesaba por el “infierno” de su gran crisis económica.

El Youssoufi también aprovechó su estancia para homenajear al radical Raúl Alfonsín, el también vicepresidente de la Internacional Socialista, quien condujo con guante de seda la transición democrática argentina (1983-89).

Multilateralismo latinoamericano

La llamada “década ganada” de Latinoamérica también ha sido la de la abertura sobre el mundo exterior. La gira del Monarca marroquí fue precedida una semana antes por las realizadas por varios jefes de Estado y de Gobierno de países de la Cuenca del Pacífico, aprovechando la XII Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), celebrada el 21 y 22 de noviembre de 2004 en Santiago de Chile.

Se destacaron los periplos de los presidentes chino Hu Jintao, vietnamita Tran Duc Luong, surcoreano Roh Moo-Hyun, ruso Vladimir Putin, pakistaní Pervez Musharraf y del Primer ministro canadiense Paul Martin.

En paralelo, la cancillería brasileña, encabezada por Celso Amorím, un gran amigo de Marruecos, ultimaba los preparativos para dos Cumbres birregionales, una primera entre Sudamérica y el Mundo árabe (ASPA) y la segunda con África (ASA), para lo cual Brasilia necesitaba del imprescindible respaldo de Rabat.

A través de estas dos iniciativas birregionales, junto con la promoción de acuerdos de libre comercio entre el Mercosur y los socios de Medio Oriente y África, el gobierno del presidente Luiz Inacio Lula da Silva se fijaba un doble objetivo, acorde con la nueva estrategia de Itamaraty para tener mayor protagonismo político y presencia comercial en ambas regiones.

Es de resaltar que el interés de Brasil por Marruecos no ha variado durante las dos últimas décadas. En su mensaje al Fórum económico Brasil-países árabes, el pasado 19 de octubre, el presidente Bolsonaro destacó que Marruecos y Brasil se llevan de la mano.

A pesar del actual enfoque eminentemente comercial de la nueva administración Bolsonaro, mas volcada a los ricos países petroleros del Golfo, Marruecos sigue siendo un referente preferencial.

Cuando un periodista le preguntó al canciller Amorim ¿por qué Lula da Silva incluyó a Argel pero no a Rabat en su gira árabe-africana de febrero 2006, éste respondió simplemente que a Marruecos se le tenía otra consideración. En otras palabras, Marruecos no podía ser del montón y que se preparaba una visita bilateral para el año siguiente.

 

Kirchner y Mohammed VI

 

El primer encuentro entre el Monarca marroquí y el flamante presidente argentino Néstor Kirchner se produjo en septiembre de 2003 en Nueva York al margen de la Asamblea General de Naciones Unidas. Instantes después, se supo que para equilibrar la balanza el presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika, buscó refugio en el brasileño Lula da Silva.

En el campo diplomático, Marruecos ya se había recuperado del duro golpe que significó el avance argelino con el reconocimiento en cadena otorgado por los países latinoamericanos y caribeños al separatismo saharaui en el marco de la guerra fría y justo después de la Cumbre del Movimiento de los No Alineados (Mnoal) de septiembre de 1979 en La Habana.

Para el comienzo del nuevo siglo, ya se había iniciado el camino de los congelamientos de las relaciones con la virtual República saharaui. Entre los grandes países sobresalían Colombia, Perú y la República Dominicana. En el caso del Paraguay el reconocimiento ha sido efímero, el más corto de la historia. Duró apenas cinco meses y fue obra del canciller José Félix Fernández Estigarribia, días antes de ser separado del cargo el 15 de febrero de 2000. Fuentes próximas a la cancillería uruguaya aseguran que fue un “negociazo” del “Mariscalito”. Por ello, su sucesor en el cargo, Juan Esteban Aguirre Martínez, no dudó un instante en reparar la injusticia realizando una visita oficial a Rabat el mismo año.

El caso del Paraguay sobresale porque es el único país del hemisferio que, siempre por culpa del “Mariscalito”, se tuvo que retractar dos veces, la última en 2013, al inicio del mandato del presidente Horaco Cartes.

Cabe resaltar, no obstante, que no todo el camino ha sido de rosas para la diplomacia marroquí. Hubo grandes desilusiones y muchos baches que esperan reparación. El caso de Uruguay es uno de éstos casos. El país charrúa ha sido el último de la lista en otorgar su reconocimiento a la presunta Rasd, el 25 de diciembre de 2005, cuando menos se esperaba.

Desde el 1 de marzo del año, habían llegado a Montevideo altos dignatarios marroquís. Tres eran ministros de Estadio y jefes de su respectivo partido. Se trata del Primer ministro Abbas El Fassi, líder del Istiqlal, Mohamed El Yazgui del Partido Socialista y Mohand Laenser del Partido Popular.

Estaba pendiente también el viaje del canciller Mohamed Benaïssa, agendado para el 16 de enero de 2006, para preparar una próxima visita a Rabat del presidente Tabaré Vázquez. El viaje del canciller marroquí fue cancelado lo mismo que la proyectada visita a Marruecos del presidente uruguayo.

Hoy todavía, persiste la injusticia cometida quince años atrás en nombre de una supuesta promesa hecha a Argelia en los años 80. Pero Marruecos no pierde la esperanza de que el nuevo ejecutivo uruguayo rectifique el error confesado de la administración frenteamplista.

 

Fuente: notilamar.com

 

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