« Muhammad o Cultura de Tolerancia » Capítulo XXVI MOHAMMAD (SAS) Y LA LIBERTAD

0

Said Jedidi
Said Jedidi es periodista y escritor

« Exhorta [¡Oh, Muhammad!] a los hombres, pues esa es tu misión. No se te ha concebido poder sobre ellos para forzarles a creer” (Al Ghashia, El Día Angustiante, versículos 21 y 22).

El Islam Establece algunos derechos fundamentales universales para la humanidad entera, que deben ser observados y respetados en todas circunstancias, que se sea residente en un Estado islámico o no, que se esté en guerra o en paz. El Corán dice:
“¡Oh, creyentes! Sed firmes con [los preceptos de] Allah, dad testimonio con equidad, y que el rencor no os conduzca a obrar injustamente. Sed justos, porque de esta forma estaréis más cerca de ser piadosos. Y temed a Allah; Allah está bien informado de lo que hacéis” (Al Maїda, La Mesa Servida, versículo 8).
Cuando evocamos los derechos humanos en el Islam, nos referimos a que estos derechos fueron dados por Allah, Exaltado Sea y no por un primer mandatario o por una asamblea legislativa, que pueden ser retirados o abrogados, que se dan o se quitan o pueden violarlos cuando les parezca oportuno.
En la religión musulmana, siendo conferidos por Allah, el Omnisapiente, ningún gobierno, asamblea o autoridad en el mundo puede aportar ninguna modificación o abrogar los derechos humanos.
El Islam proclama la libertad, la valora y la garantiza tanto para el musulmán como para el no musulmán. El concepto islámico de la libertad se aplica a todas las actividades voluntarias del hombre en todas las andaduras de la vida. Ya se ha declarado que todo hombre nace libre con arreglo a la « fitra », o un estado natural puro. Esto significa que el hombre ha nacido libre del sometimiento, del pecado de la inferioridad heredada y de las trabas atávicas. Su derecho a la libertad es sagrado, en tanto no infrinja deliberadamente la ley de Dio o profane los derechos de los demás.
Uno de los principales objetivos, del Islam es el de liberar a la mente de supersticiones e incertidumbres, al alma del pecado y la corrupción, a la conciencia de la opresión y el temor, e incluso al cuerpo del desorden y la degeneración.
En su discurso de la peregrinación de despedida, el Profeta (SAS) dijo respecto a los ciudadanos no musulmanes de un estado musulmán: “Quien mate a un hombre que cree en Dios no podrá ni respirar los efluvios del Paraíso”.
El Islam estipula que ningún ciudadano puede ser privado de su libertad mientras su culpabilidad no sea probada por un tribunal de justicia.
La cuestión de la libertad en cuanto a la creencia, la adoración, y la conciencia reviste también extrema importancia en el Islam. Todo hombre tiene derecho a ejercer su libertad de creencia, conciencia y adoración.
El Islam asume esta actitud porque la religión depende de la fe, de la voluntad y del compromiso. Todo ello carecería de sentido si fuera impuesto por la fuerza. Además, el Islam presenta la Verdad de Dios en forma de oportunidad y deja al hombre la elección de decidir su propio proceder.
El valor de la libertad en el Islam constituye un derecho natural del hombre, un privilegio espiritual, una prerrogativa moral y, sobre todo, un deber religioso. Dentro del marco de este concepto islámico de la libertad no queda sitio para las persecuciones religiosas, los conflictos de clases o los prejuicios raciales. El derecho individual a la libertad es tan sagrado como su derecho a la vida. En el Islam, la libertad equivale a la propia vida.
Como acabamos de ver en este texto de los estudiosos occidentales de los derechos humanos en el Islam, nuestra religión, reconoce la libertad de expresión y de pensamiento, la libertad de asociación, la libertad de conciencia, garantiza la protección de los demás credos y las libertades individuales y colectivas.