« Muhammad o Cultura de Tolerancia » de Said Jedidi Capítulo XXII: LA MEDINA: EL ESTADO MUSULMÁN O LA NUEVA ACTITUD ANTE LA VIDA

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Said Jedidi
Said Jedidi es periodista y escritor

“Ciertamente quienes te juran fidelidad están jurando fidelidad a Allah, pues la mano de Allah está sobre sus manos. Quien no cumpla con el juramento sólo se perjudicará a sí mismo; en cambio, quien respete lo pactado con Allah recibirá una recompensa grandiosa” (Al Fath, La Victoria, versículo 10).

Con la vuelta del Profeta (SAS) a La Medina, la ciudad se convirtió en el centro del nuevo mundo musulmán. Aquí el Mensajero de Allah (SAS) solía recibir a las diferentes delegaciones procedentes de la península arábiga que venían a abrazar el Islam.
Desde esta ciudad, el Profeta (SAS) enviaba delegaciones y misiones para explicar los preceptos de la nueva religión de Allah.
Muhammad (SAS) siguió, no obstante, viviendo como un siervo humilde de Allah, Exaltado Sea.
En el año noveno de la Hégira, llegó donde el Profeta (SAS) un gran número de delegaciones de tribus desde lugares muy distantes de Arabia y de países colindantes para aceptar el Islam. Estaban impactados por la fama de los musulmanes, y las noticias de que su Profeta era verdadero se expandían rápidamente. Entre esas tribus estaba las gentes de Taif quienes una vez habían expulsado de su ciudad al Profeta (SAS) y cuyo sitio había sido levantado por los musulmanes después de la batalla de Hunain.
Para Predicar las doctrinas del Islam, grupos de ulemas fueron enviados a diferentes provincias.
La tribu de Tay estaba, sin embargo, creando algunos obstáculos. Ali fue designado con una pequeña fuerza para disciplinarla. El Jefe de la tribu, Adi hijo de Hatim, huyó pero su hermana y algunos de sus hermanos del clan cayeron en las manos de Ali. Teniendo consideración de la gran benevolencia y generosidad de su padre, Hatim, el Profeta (SAS) liberó a la hija, junto con todos los prisioneros, dándoles muchos obsequios. Estaban tan conmovidos por este trato tan generoso que toda la tribu, incluyendo a su jefe Adi aceptó el Islam.
Durante este periodo en La Medina que había durado unos 10 años, el Mensajero de Allah (SAS) se había consagrado a construir el nuevo estado musulmán que contempla las múltiples perspectivas del ser humano y en el que la doctrina islámica aporta al hombre una visión unificada de la vida en donde se observan todos sus matices. Por ello, más que una base de creencias, podemos definir al Estado musulmán  como una actitud ante la vida, siendo uno de los pilares de este Estado musulmán, el derecho, que en esta definición del Estado musulmán constituye un conjunto de normas, primordialmente de origen divino que regulan toda la existencia  humana y no humana. Un Estado en el que viven individuos que creen en la Omnipotencia de Allah, Exaltado Sea, manifestada a los hombres a través de los profetas y los libros sagrados.
Hacia finales de aquél año, se emitió una orden prohibiendo que los incrédulos entraran a la Kaaba o realizaran ritos y ceremonias degradantes de sus cultos dentro de los precintos sagrados.
En el momento de la Peregrinación, esta proclamación fue leída por Ali:
Después de este año ningún idolatra realizará la peregrinación; ni circunvalará {a la Kaaba desnudo). Quien tenga un Pacto con el Profeta (SAS), lo seguirá teniendo hasta que culmine. Para el resto, se conceden cuatro meses para que todos regresen a sus territorios. Después de eso no habrá obligación de parte del Profeta (SAS) excepto hacia aquellos con quienes sus pactos han sido finalizados.
El papel histórico de la comunidad islámica queda reafirmado en el versículo coránico:
« Hemos hecho de vosotros una nación moderada, una comunidad bien integrada, una « ummah » equilibrada, para que seáis testigos, de los hombres, y para que el Profeta sea testigo de vosotros ». (2:143)
Este papel testimonial resulta altamente significativo y extremadamente exigente. Significa que la comunidad en el Islam debe ser ejemplar. Debe establecer las más elevadas normas de actuación y servir de punto de referencia para los demás y de evitar los excesos y las extravagancias.