“Muhammad o la cultura de la tolerancia” de Said Jedidi Hoy: Capítulo III EL AÑO DE LAS TRISTEZAS

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“Bendito sea Aquél en Cuyas manos está el reino, y tiene poder sobre todas las cosas Él es Quien creó la muerte y la vida para probaros y distinguir quién de vosotros obra mejor. Él es Poderoso, Absolvedor”. (Al Mulk, El Reino, versículos 1 y 2).

Era el año 619, el décimo de la revelación. Para el Mensajero de Allah (SAS) se trataba del año de los dolores: Abu Talib, su tío que le había defendido y apoyado siempre, cualquiera que eran las consecuencias murió. Este triste acontecimiento fue seguido por el fallecimiento de su esposa Jadiyah a la que tanto amaba.
Después de la irreparable pérdida de estas dos personas tan importantes para el Profeta (SAS) los politeístas creyeron que se quedaría destrozado para siempre.
Se equivocaron. La voluntad de Allah, Exaltado Sea, ha causado los acontecimientos en otro curso.
La crisis del boicoteo finalizó después de tres años, otra desdicha azotó al Profeta: la muerte de Abou Talib, el tío que lo apoyaba y defendía y el bastión que lo protegía. Esta desgracia fue seguida por otra, que era la muerte de Khadija, la madre de los creyentes, que era su refugio después del Señor, que lo tranquilizaba cuando se inquietaba, que le hacía  compañía cuando se encontraba abandonado, le hablaba amablemente cuando se cansaba y le daba sabios consejos cuando se encontraba preocupado.
Abu Talib cayó enfermo. Cuando los infieles de Qoraïche se enteraron de su enfermedad, fueron a pedirle negociar con su sobrino con la esperanza de llegar a un acuerdo con él antes de la muerte de su tío. Envió a buscar al Profeta (SAS) y le dijo: “mi sobrino, los notables de tu pueblo se reunieron para entablar negociaciones”.
El Mensajero de Dios (SAS) respondió:
-Sí. Os doy una sola palabra que os permitirá dominar a los árabes y por la cual los extranjeros se someterán a vosotros.
– Entonces, danos diez palabras contestó Abou Jahl.
“Decid”, añadió el Profeta, “no hay más Dios que Dios  y que abandonéis la adoración de otro que no fuera Él”.
Las personas reunidas aplaudieron, diciendo:
 -Mohammad ¿quieresreunira los diosesenuno sólo?Eresrealmenteextraño.Luego dijeron:“Estehombreno puede daroslo quebuscáis,váyansepuesypermanezcan en lareligióndevuestrosantepasadoshasta queelSeñorintervengaentrevosotrosyél.”
El estado de Abu Talib se empeoró, el Profeta (SAS) lo visitó encontrando en su casa a algunos politeístas.
Propusoasutíoreconocer la UnicidaddelSeñor.AbouTalibobservóa losnotablesquese encontrabanen su casa.AbouTalibfalleció;Apesadumbrado,elProfeta (SAS) prometiópediralSeñorperdonarasutíosalvosise Lo prohíbe.DiosTodopoderosorevelóentonces
“No incumbe al Profeta y a los creyentes implorar el perdón en favor de los idolatras, aunque fueran parientes mientras que les resultó claramente que son gente del Infierno” (Attaouba, versículo. 113)
Cincuenta días después de la muerte de Abou Talib, la madre de los creyentes, Khadiya (BDSE) falleció. Toda una serie de desdichas se sucedieron en la vida del Mensajero de Dios. La aflicción fue inmensa, la tristeza fue profunda; el Amado perdió a su tío, que era su protector, luego a su esposa que era su confidente.
Se encontró solo y desamparado lo que alentó a los politeístas a duplicar sus esfuerzos contra el Profeta (SAS), atreviéndose a empujar su agresión hasta  ensuciar el interior de su casa. Subieron a la cocina y rompieron los utensilios.
El tío, el poderoso apoyo del Profeta salallahou alayhi wa salam, murió seguido por Khadija radihallahou anha que le aliviaba en los momentos de soledad, lo tranquilizaba cuando se encontraba inquieto o asustado. Los politeístas podían de este modo hacer lo que deseaban, lanzando basura a la puerta de su hogar e incluso la ponían en la olla donde  cocinaba.