« Muhammad o la cultura de la tolerancia » de Said Jedidi Hoy: Capitulo V Más allá de la Meca

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“Ciertamente se os ha presentado un Mensajero de entre vosotros que se apena por vuestras adversidades, se preocupa y desea que alcancéis el bien es compasivo y misericordioso con los creyentes”

El Mensajero de Allah (SAS) representa el mejor modelo de comportamiento y el más sublime ejemplo en sus relaciones con los demás. Tenía la mente y el corazón abiertos a todos.
Cuando el Profeta que la salvación y la bendición de Dios sean sobre él, fue a Tâif para predicar el Islam a los hombres, sin, no obstante, obtener una respuesta favorable, volvió a la Meca en compañía de Al-Mout’am bin Odaye.
El Profeta (SAS) permaneció en la Meca, apoyado por un pequeño número de aliados y haciendo frente a la hostilidad de los politeístas. Solo permanecían en la Meca los creyentes débiles. Entonces, estimó (SAS) que era preferible predicar el Islam fuera de la Meca. Fue a pedir a las tribus en los mercados y en el curso de ocasiones anuales y temporales, a abrazar el Islam y de aliarse con su causa. La tribu Kinda se negó a escucharlo. Parte de la tribu de Kalb llamada Banou Abdullah hizo lo mismo. En cuanto a la negativa de Banu Hanifa, la gente de Mousaylima el mentiroso, no había peor. Banou Amer también lo rechazaron
El Profeta (SAS) prosiguió su misión entre  los descendientes de gran linaje a fin de obtener su alianza. Pero por donde iba, su tío Abu Lahab le seguía a todas partes.
La venganza infligida por los politeístas a las indefensas personas creyentes, no se había limitado a éstas, sino a todos los creyentes y especialmente al amado Muhammad (SAS). Sin embargo, los creyentes tenían más fuerza gracias a la profunda fe y por lo tanto supieron hacer frente a los politeístas. Ningún creyente escapó a la burla y al ridículo. Incluso el Profeta (SAS), fue objeto de sus peores  burlas e insultos.
No obstante, Cuando el número de los musulmanes, tanto hombres como mujeres, alcanzó cuarenta, y cuando Hamza, tío del Profeta (SAS), abrazó el Islam así como Omar Bin Al-Khattab lo que constituyó una satisfacción del Mensajero de Allah, el Islam se hizo más fuerte.
Cuando el Profeta (SAS) proclamó su vocación y la reveló ante propios y extraños en los medios de los politeístas, las miradas se velaron, a pesar de que la llamada era clara, sin misterio ni ambigüedad. Pero no podían discernir el bien y la buena vía que aportaba, por el contrario, la combatieron con todos los medios y las fuerzas que tenían.
Sin embargo, en su llamada al camino de Allah, Exaltado Sea, el Profeta (SAS) no tenia poder sobre la gente y no era su tarea someterla con la fuerza conforme al principio coránico que dice: “La ikraha fi eddin” (No hay coacción en la religión). Su función consistía, más bien en instar al recuerdo de Allah, El Misericordioso
 “Al Mensajero solo le incumbe trasmitir con claridad” (Surat La Araña, versículo 17)
Por lo tanto, la única fuerza que Allah, el Omnisapiente le Ha Proporcionado a Su mensajero para forjar la mente de la gente, dirigiéndola hacia la fe, fue las palabras, el sentido y el alcance del Mensaje divino
 “Me ha sido ordenado adorar al Señor de esta ciudad [La Meca], Quien la ha declarado sagrada y Quien todo lo posee. También me ha sido ordenado contarme entre quienes se han sometido a Allah. Y [también] recitar el Corán. Quien siga la guía lo hará en beneficio propio, y a quien se extravíe dile: Yo sólo soy un Profeta más que vino para advertiros” (Surat las hormigas, versículos 91-92).
Este era, precisamente, el espíritu de la misión profética que Mohammad (SAS) enseño a todos los musulmanes. El Corán enseña también el hecho de que alguien pueda rechazar la fe y a confiar a Allah, el Todopoderoso el resultado del esfuerzo del testimonio, aunque esto pueda causarnos un inmenso dolor.
 “Ciertamente Allah decreta el desvío para quien Él quiere, y guía a quien Le place” (Surat Fatir, versículo 8).