« Muhammad o la cultura de tolerancia » de Said Jedidi hoy: Capítulo IV El viaje nocturno

0

« y mientras lo había visto ya en una aparición anterior, cerca del cielo arbusto, no lejos del jardín de estancias de los afortunados, mientras un velo indefinible cubría el cielo robusto ». Las miradas del Profeta ni se han desviado ni sobrepasaron la medida”. (An-Najm, Versículos. 13-17).

El viaje nocturno y la ascensión al cielo del Mensajero de Allah (SAS) constituyen un obsequio con que Dios Todopoderoso ha honrado a su Mensajero. Este milagro divino ocurrió en el año diez de la Misión profética y fue acordado por el Señor en tanto que recompensa por las calamidades y sufrimientos que ha sufrido el Amado de Dios. El Profeta (SAS) acababa de pasar tres años de boicoteo y aislamiento en el que había sufrido el hambre y las privaciones. Además, acababa de perder a su tío, que era su aliado y su esposa Khadiya, madre de los creyentes. Luego fue la decepción de Taif. A raíz de todo este sufrimiento, el Todopoderoso quiso elevar y acercar a Él a su amado para recompensarlo.
 “Al-Isrâe”, el viaje nocturno, comenzó en la casa de Oum Hânie de donde el Amado de Dios fue a la santa Mezquita, entre “Al-Hij” y “Al-Hatim”. Fue en este lugar donde su pecho fue abierto, su corazón arrancado y lavado con el agua bendita de Zamzam. Luego se trajo un recipiente celestial; el corazón del Profeta se llenó con las virtudes contenidas en el recipiente celestial luego vuelto a su lugar. Una montura – “Al-Bouraq” – que es un animal más pequeño que una mula y mayor que un asno; la montó en dirección de Jerusalén, lo ató al anillo de la puerta de la Mezquita y entró para rezar. Luego, vio escaleras que enlazan la tierra con el cielo, las subió en compañía de su hermano del Mensaje, Gabriel, que la salvación sea sobre él llegando ambos al primer cielo. Gabriel pidió el permiso para entrar.
De este modo, de cielo en cielo, alcanzaron el séptimo cielo. En cada cielo encontraban Ángeles y Profetas: En el primer cielo, vieron a Adán, la salvación sea sobre él; en el segundo había Juan y Jesús, que la salvación sean con ellos, que eran primos maternos. En el tercer cielo, vieron a José, que la salvación sea sobre él; En el cuarto había Iris, la salvación sea sobre él; en el quinto, Hâroun, que la salvación sea sobre él; En el sexto cielo encontró a Moisés, que la salvación sea sobre él; mientras que a Abraham, que la salvación sea con él se encontraba en el séptimo cielo.
En cada cielo se le daba efusivamente la bienvenida hasta el punto de que su corazón se alegró. luego fue elevado hacia el cielo arbusto que marca los límites del cielo cuyas hojas parecían orejas de elefante y las frutas a las jarras de Hajar, este cielo arbusto llevaba efectos muy importantes, de diferentes colores, en los que se encontraban los Ángeles como los cuervos en un árbol, cubierto de oro y de la luz del Señor. Vio en este lugar a Gabriel, la salvación sea sobre él, con seiscientas alas y que la distancia entre cada par de alas era como el que separa el cielo de la tierra.
Se inmovilizó, observando el lugar que se le designó sin mirar más lejos lo que es el grado más sublime de la cortesía. A continuación, se le hizo subir la casa poblada en la que entraban diariamente setenta mil ángeles. Se le sirvieron tres copas: una contenía vino, la segunda, leche y en la tercera había leche. Tomó la leche. Se le dijo entonces: “Es innato en ti y en tu nación”. A continuación, fue elevado hasta que alcanzó el nivel donde oyó el chirrido de las plumas. Es allí donde el Señor Todopoderoso Se Acercó de Él y le habló muy bajo sin poder, no obstante, verlo ya que era una luz.
Fue en el curso de este milagroso viaje cuando el Señor le impuso, así como a todos los musulmanes, las cinco oraciones escritas. Inicialmente, el número de los rezos impuestos era de cincuenta rezos; en su camino de vuelta, el Profeta que la salvación y la bendición de Dios sean sobre él, se encontró con Moisés, que la salvación de Dios sea sobre él. Le contó lo que había pasado. – “Pide al Señor reducirte el número de los rezos”, le aconsejó. Moisés ya había intentado con el pueblo de Israel pero no tuvieron la voluntad ni la convicción necesarias. Temió pues que la comunidad de Mohammad obrase como los suyos. El Profeta (SAS) siguió implorando al Señor hasta que redujo el número de los rezos a cinco.
El Profeta (SAS) descendió a continuación acompañado por Gabriel, que la salvación sea sobre él, en Jerusalén. Gabriel le explicó entonces las modalidades y los horarios de los rezos prescritos.
Los Profetas descendieron para acompañarlo a la Mezquita de AL Aqsa donde rezaron la oración de la mañana. A continuación, montó en Al-Bourâq que había atado al anillo de la puerta, regresando a la Meca.
Al día siguiente, el corazón ligero, confiado, el Profeta (SAS) volvió a encontrar la serenidad y la confianza que fue el fruto de este bendito viaje al Alto Reino donde vio con sus propios ojos, lo que se  le contaba y revelaba puesto que  ver no es oír.