« Muhammad o la Cultura de tolerancia » de Said Jedidi Hoy: Capítulo VIII La batalla de B

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 “Por cierto que tu Señor decretó que dejases tu hogar con un verdadero motivo, a pesar de que un grupo de creyentes se oponía a ello. Te discuten sobre el verdadero motivo luego de habérseles evidenciado  como si supieran que son arriados hacia la muerte”. (Al Anfal, Los Botines, versículos 5 y 6).

 Mientras que antes de la Hégira, Dios ha prohibido a los musulmanes hacer la guerra a los politeístas así como durante el primer año de la Hégira, durante el segundo año, el número de expediciones y regimientos subió para alcanzar dieciocho.
 Esta batalla decisiva reviste una gran importancia en la historia del islam. Figura en el Coràn con el nombre del día del discernimiento en el que se distinguió a los hombres justos de los incrédulos. Los politeístas de los creyentes en la Unicidad de Dios. Antes de llegar este día, los dos lados procedieron a una serie de acontecimientos y de preparativos.
Los Quraish habían iniciado preparativos a gran escala para atacar a La Medina. La caravana de comercio que había ido a Siria aquél año liderada por Abu Sufyan estaba equipada extraordinariamente. Todos los Quraishitas colocaron todos sus ahorros en esa caravana, y se decidió que cualquiera que fuese la ganancia aquél año, no se le daría a los comerciantes sino que se invertiría en armas, caballos, y otros elementos de guerra para combatir a los Musulmanes de La Medina.
Estas noticias causaron preocupación en La Medina. Habían llegado a Badr (A 200 millas de La Meca y 80 millas de La Medina).
Fue así como acamparon en el arroyo de Badr.
Había dos alternativas ante los musulmanes en La Medina: o salvarse de ser arroyados por los Mequinenses con todos los recursos que traían de Siria o atacar la caravana Quraishita que regresaba de Siria cargada de riquezas.
Fue la primera batalla de los Quraishitas y los musulmanes. El ejército Mequinense tenia el control del arroyo de Badr, y su campamento se encontraba en tierra firme. Al contrario, los Musulmanes estaban lejos del arroyo y tenían dificultad para hallar agua. Dios los ayudó enviando la lluvia para proveerlos con suficiente agua para sus necesidades.
Con un equipo no bien armado y casi débil de 313 personas, contando entre ellos solamente 2 caballos y setenta camellos, el Profeta (SAS) se dirigió hacia Badr, a casi 80 millas de La Medina, para encontrarse con el ejército Mequinense. Las fuerzas se encontraron el 17 de Ramadan, en el Segundo Año de la Hégira (625 d.C.).
Los musulmanes se impusieron y los Mequineneses fueron derrotados, dejando setenta muertos, incluyendo un número de sus jefes más distinguidos. Fue la primera guerra y otros 70 fueron hechos prisioneros. Los musulmanes perdieron a 14 hombres.
Desde muchos puntos de vista, la Batalla de Badr fue excepcional. Demostró la gran devoción de los discípulos de la Causa y su total fe en el Profeta (SAS) y su misión. Frente a ellos, en las filas Mequineneses había muchos de sus familiares cercanos, sus propios padres, tíos o hijos.
La batalla de Badr tuvo consecuencias trascendentales. Hasta entonces, los musulmanes eran un grupo acosado que evitaba al máximo cualquier conflicto o choque directo con el adversario politeísta.. Esta victoria les dio confianza en su fuerza física. Ahora podían enfrentarse a cualquier fuerza. Pronto fueron reconocidos como una fuerza con la que se tenía que contar y las pequeñas tribus fueron advertidas para que unieran fuerzas en contra de ellos. Esta victoria le dio un gran golpe al prestigio de Quraish.  
La ignominia de la derrota tornó más amargos y furiosos a los Mequinenses y el grito de “venganza” estaba en los labios de todos.
Pero el Islam, a raíz de esta gran batalla, estrenaba era.