« Muhammad o la Cultura de Tolerancia de Said jedidi, Hoy: Capitulo XXX (ÚLTIMO) LA MUERTE DEL PROFETA (SAS)

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Said Jedidi“Por cierto que tú fallecerás [¡Oh, Muhammad!] y ellos también fallecerán [pues nadie es inmortal]”. (Az-Zumar, Los Tropeles, versículo 30)

 El  Profeta (SAS) dejó este mundo el 28 de Safar, en el año 11 de la Hégira. Así, finalizó la vida del Último Profeta enviado a este mundo. La humanidad entera es testigo del milagro de su vida, de su misión y de la perfección y la belleza de su Mensaje: No hay más Allah que Allah y Mohammad es Su Mensajero.
Aunque hay diferencia de opinión acerca de la edad del Profeta, parece ser que vivió 63 años.
Al ser anunciada la muerte del Profeta (SAS), los creyentes perdieron la razón, permaneciendo estupefactos y desamparados. Incluso Omar (BDSE) no quería creer en la muerte del Profeta, oración y la paz sobre él. Juraba a la gente que el Profeta (SAS) estaba aun vivo.
Abou Bakr Essediq entró a la casa del Profeta (SAS) y lo vio cubierto de un tejido. Descubrió su rostro, lo besó y comenzó a llorar.
  • “Que mis parientes sean sacrificados en tu lugar”, decía, feliz eres muerto y vivo. Por el que Tiene mi alma en su mano, Dios no te Hará probar la muerte dos veces”. Salió y se dirigió hacia Omar (BDSE) quien hablaba a la gente.
  • “Siéntate, Omar”, le dijo
La gente se congregó a su alrededor.
Recitó las alabanzas al Señor y agregó:
  • “Al que adoraba Muhammad, anunció que Muhammad ha muerto. Pero el que adora a Dios, el Señor Está vivo y no muere. ¿No ha dicho?
‘Desde luego debes morir como deben morir’ (Az-Zumar, versículo 30) y también:
Mohammad no es más que un profeta entre otros que pasaron antes de él. Abandonaréis, hombres, el combate si muere’ (Al Imran, versículo 144).
Fue entonces cuando los musulmanes comenzaron a llorar.
 Cuenta Ibn Abbas:
“Por Dios, se diría que la gente no había sabido nunca que Dios había revelado estos versículos hasta que fueron citados por Abou Bakr (BDSE). Todos los escucharon y los repitieron”.
Cuando los compañeros prestaron el juramento de pleitesía a Abou Bakr Essediq (BDSE) para tomar el relevo en la dirección de los destinos de la “Oumma” (nación) del Profeta (SAS), éste fue lavado por los hombres de su familia.
El Mensajero de Dios que la oración y la paz sean sobre él fue sepultado en tres hábitos: dos Souhari y el tercero un abrigo.
Los hombres se preguntaban sobre la manera de proceder al lavado del Profeta (SAS): ¿Como lavarlo? ¿Se le debe desnudar como a los demás hombres?, durmiendo durante la discusión y escuchando una voz que les decía:
– “Lavad al Mensajero de Dios, conservándolo vestido”.
Otra discusión fue entablada sobre el lugar de la tumba. Abou Bakr Essediq (BDSE) aportó la solución cuando dijo: “He escuchado al Profeta, que la salvación y la bendición de Dios estén con él, decir:
– “Todos los Profetas fueron enterrados en el lugar donde fallecieron”.
Su lecho fue levantado y una tumba cavada por Abou Talha Al-Ansari (BDSE).
La gente comenzó entonces a desfilar para rezar. Los hombres entraron primero, seguidos de las mujeres y los niños.
Finalmente, el miércoles por la noche, el Profeta que la salvación y la bendición de Dios estén con él fue colocado en su tumba. La arena cubrió la tumba.
En el momento de morir, el Mensajero de Dios, Él le bendiga y le dé la paz, tenia sesenta y tres años, no habiendo dejado ni un sólo dinar. Incluso su tónica en malla estaba hipotecada por haberse comprado a crédito una cantidad de cereales.
Que Dios le bendiga y le salude el día de su nacimiento, el día de su muerte y el día de su resurrección.
El fallecimiento del Profeta que el saludo y la bendición de Dios estén con él, provocó una gran tristeza y una profunda pena en los corazones de los musulmanes.
La tristeza era general. Las lágrimas inútiles que no calmaban las heridas de los fieles que estaban acostumbrados a escuchar al Profeta, oración y la paz sobre él, aconsejarlos sobre su religión y dirigirlos en el camino del Señor.
El Amado de Dios (SAS) era un ser humano pero el más perfecto y el mejor de todos.
Su perfección y su integridad le fueron atribuidas por el Señor Todopoderoso; De aquí proviene la imposibilidad de expresar y de contar, sus virtudes.
Ningún hombre después de él o durante su tiempo debe pretender haber recibido revelación alguna, despertado o soñando o haber escuchado o visto al ángel, transmitiéndole el Mensaje de Dios. La revelación terminó con la muerte del Mensajero de Dios Muhammad, oración y la paz sobre él. La ley religiosa había sido concluida y no necesitaba ningún excedente.
“Muhammad no es sino un Mensajero, a quien precedieron otros”. (Al Imran, Familia de Imran, versículo 144).
 

 

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