« Muhammad o la cultura de tolerancia » de Said Jedidi hoy: EPISODIO XX MUHAMMAD (SAS) Y EL PRINCIPIO MORAL

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Said Jedidi
Said Jedidi es periodista y escritor

“La piedad no consiste en orientarse hacia el oriente o el occidente, sino que consiste en creer en Allah, el Día del Juicio, los Ángeles, el Libro, los Profetas, hacer caridad, a pesar del apego que se tiene por los bienes, a los parientes, huérfanos, pobres, viajeros insolventes, mendigos y cautivos, hacer la oración prescrita, pagar el Zakât , cumplir con los compromisos contraídos, ser paciente en la pobreza, la desgracia y en el momento del enfrentamiento con el enemigo. Ésos son los justos, y ésos son los temerosos de Allah” (Al Bakara, La vaca, versículo 177).

 El Profeta, que la paz y la bendición sean sobre él dijo:
 “No es creyente aquél que come hasta la saciedad mientras que sus próximos tienen hambre ni tampoco es musulmán aquél cuyos vecinos no están al abrigo de su conducta hiriente”
 Efectivamente, tanto el Corán como la Sunna del Profeta (SAS) instan al musulmán a asumir plena y debidamente su responsabilidad no solo hacia sus padres, sus próximos y sus vecinos, sino hacia la humanidad entera e incluso hacia los animales y los árboles y plantas frutales que no debe cortar sin motivo justificado.
 El Islam, como dice el autor de  “Moralidad y ética en el Islam” editado por Islam religión, es un modo de vida integral, y la moralidad es una de sus piedras angulares. La moralidad es una de las fuentes de la fuerza de una nación, así como la inmoralidad es también una de las causas fundamentales de su decadencia.
El Islam ha establecido algunos derechos fundamentales y también universales para la humanidad como un todo, que deben ser observados en todas las circunstancias. Para preservar estos derechos, el Islam no sólo nos ha proveído resguardos legales, sino también un efectivo sistema moral.
 Así, lo que sea que conduzca al bienestar de los individuos de una sociedad y no se oponga a los fundamentos de la religión es moralmente bueno en el Islam, y lo que fuera que la perjudique es moralmente malo.
 De este modo, el Islam purifica el alma de todo egoísmo, de toda tendencia a la tiranía, a la cobardía moral e intelectual, a la indisciplina, creando hombres y mujeres que temen a Allah, Exaltado Sea, fieles a sus ideales, practicando la piedad, la abstinencia, la disciplina y rechazando la mentira.
 De tal modo que, a partir de principios de base, la religión musulmana instituye un sistema moral extremadamente elevado en el que el creyente se identifica y en el que puede realizar plenamente su potencial.
En este orden de ideas, el Islam ha establecido una serie de derechos fundamentales, válidos para la humanidad entera y que se deben observar y respetar, cualquiera que fuera la circunstancia.
En este sentido, la religión musulmana no se limita a proporcionar las garantías jurídicas, sino también un sistema moral muy eficaz.
O sea: que la religión musulmana da tanta importancia, tanto al amor de Allah, el Todopoderoso, como del hombre al que advierte contra el excesivo formalismo.
A este respecto el Corán establece una magnifica descripción del creyente virtuoso y que tema a Allah, Exaltado Sea, que obedece a los preceptos saludables, pero sin cesar de converger su mirada hacia el amor de Allah, Exaltado Sea y hacia el amor del prójimo.
 Es decir: que el musulmán debe ver en la revelación divina la primera fuente de todo conocimiento.
 El Islam da permanencia y estabilidad a los principios morales que, a pesar de dar una razonable margen a la adaptación y la innovación, excluyen todas las perversiones, los extravíos, los usos disolutos, el relativismo tomístico y el olvido de la vida moral.
En síntesis el Islam exhorta no solamente a practicar la virtud, sino a hacerla triunfar y a eliminar el vicio y los defectos. Obrar por el bien e impedir el mal.
En esta óptica podemos afirmar sin incurrir en ninguna exageración que ninguna esfera de la viva escapa a la aplicación de los principios morales del Islam.
 Dicho con otros términos: en el Islam, en vez de estar dominados por deseos egoístas y mezquinos, todos los aspectos de la vida crecen y se desarrollan a través de una moral más justa, que tiende a establecer y cultivar el bien y suprimir y eliminar el mal.