América LatinaCrónicasFeaturedFin de Trayecto

NUESTRA VISION DEL MUNDO Y DE LAS COSAS Elias D, Galati (Argentina)

Tribuna infomarruecos

 

Hay un texto de Max Scheller en “Esencia y formas de la simpatía”, que me he permitido interpolar y extraer de él un concepto que se encuentra tácito.

El texto dice: “si San Francisco hubiera sido teólogo y filósofo, lo que no ha sido –felizmente para él y todavía más felizmente para nosotros-, si hubiese intentado reducir a conceptos rigurosos su visión de Dios y del mundo, que se limitó a ver, vivir y poner en obra, es seguro que jamás hubiera resultado panteísta”.

El concepto implícito en el texto es que la visión del mundo de San Francisco se redujo a ver, vivir y poner en obra, en lugar de reducirla a conceptos riguroso.

Entonces surgen dos proyecciones opuestas, o nuestra visión que determina nuestra existencia consiste en ver, vivir y poner en obra, o nuestra visión se conceptualiza en principios estrictos y rigurosos.

Hay aquí un conflicto con el criterio de verdad, y una distinción en como transcurre nuestra existencia, como definimos y decidimos nuestro camino, y como encaramos nuestro destino.

Téngase en cuenta, que esta cuestión escapa la dicotomía de Marta y María, la contemplación o la acción, porque pone a ambas en conjunto en oposición a vivir la vida desde la existencia, o desde el criterio del conocimiento.

Pero el mismo Scheller en Amor y Conocimiento, dice que “sólo se conoce lo que se ama”. Y el aria de Sarastro en La Flauta Mágica, dice: el amor verdadero entre dos seres, es el origen del conocimiento.

Entonces podríamos considerar que nuestra visión del mundo y de las cosas debe ser verlas, vivirlas y poner en obra nuestra existencia, pero como debemos amar, el amor nos permite conocerlas y entonces sobre este proyecto del camino existencial teñido por el amor construimos conocimientos, que elaboramos y sistematizamos en conceptos.

Pero esos conceptos no serán rigurosas, porque son generados a partir del amos, y evolucionan con el amor que sentimos, con el que damos, con el que recibimos, y con el amor infinito de Dios, que está en nosotros y que de a poco en nuestra vida comprendemos, como diría Spinoza cuando lo descubriste a Dios te das cuenta que siempre estuvo en ti.

Nuestra existencia mueve al conocimiento, y nuestro conocimiento mueve a la existencia, pero las mismas son engendradas por el amor.

El hombre vive, el hombre conoce, el hombre proyecta porque ama, aún en los más opuestos al concepto de amor que podamos imaginar.

Es una constante que no se puede obviar, si fuiste lanzado a la existencia, fuiste puesto en la misma para amar.

Amaras, aún sin quererlo, amarás a los demás, serás solidario, benevolente, empático, buscarás el equilibrio, la justicia, la armonía, la paz, o te amarás a ti mismo, o amarás a tu rencor a tu odio, a tu inquina.

Es una fuerza vital, que te rige, y que tú eliges donde ponerla, donde priorizar tu acción, tu comportamiento y tu conducta

De allí surgirá la visión del mundo que tengas, y la que proyectes, si tienes autoridad, poder o predicamento para que los demás la tomen como modelo y la pongan en obra.

Cual es entonces la conclusión.

Debemos reducir nuestra visión a conceptos rigurosos, establecidos, inalterables o debemos ver, vivir y poner en obra nuestra visión del mundo y de las cosas.

Si nuestra visión se reduce a conceptos rigurosos, estanco, nuestro conocimiento será parcial o nulo, no tendrá variación ni crecimiento y se proyectará como unidireccional en un solo sentido.

Si nuestra visión comienza en ver, vivir y poner en obra nuestra existencia en consonancia con el mundo y las cosas, nos permitirá una interacción con ellas, y si desplegamos en nuestro comportamiento el amor y la bondad que debería haber en nuestro corazón, nos permitirá conocerlas.

Desde allí elaboraremos conceptos nacidos de nuestra relación, del amor que sentimos, que nos tienen y tenemos, y conoceremos de verdad y en realidad al hombre, al mundo y a las cosas, lo que nos permitirá trascender hacia el conocimiento eterno y hacia la felicidad.

Fuimos puestos en el mundo, estamos en él, lo vemos, lo sentimos, lo vivimos, lo ponemos en obras y actuamos dirigidos por la bondad  y el amor que sentimos, y que nos permite crecer, ser mejores, conocer y ser felices.

Ve, vive, obra, ama, porque el amor te salva y salva al mundo

Afficher plus

Articles similaires

Bouton retour en haut de la page