CrónicasFeaturedTú, por ejemplo

  Nuestro sol no se acostará Ahmed El amraoui     

   Los que salvaron al mundo

 

 No son pocos los quienes valoraron positivamente la contribución árabe a la civilización humana, sobre todo lo que realizaron en la edad media. Y si, ahora, las cosas van muy mal en respecto a los países árabes, esto no significa de ningún modo que la raza árabe es inferior al nivel intelectual, sino que es la gira de la historia. Y sería injusto dar la espalada a lo que fue una época de gran esplendor, una época que sacó al ser humano de las tinieblas de la miseria y la ignorancia hacia la luz de la ciencia y la sabiduría.

El historiador francés Jacques Le Goff(1924- 2014), quien escribió un libro llamado “los intelectuales de la Edad media”, reconoce que el Occidente tenía solamente materias primas para exportar, con un modesto movimiento para la industria textil. Y añade que la producción material cara, rara y preciosa y la producción intelectual como los manuscritos venían del Oriente: Bizancio, Damasco, Bagdad y Córdova: y aquí vemos que la última ciudad, aunque estaba en el Occidente, este pensador la consideraba Oriental debido a que era bajo el mandato de los árabes.

El escritor cogió como testimonio lo que dijo un intelectual de la época: Abelardo, cuando este atestó que la comprensión del griego en el occidente no era fácil sin la ayuda de los traductores árabes (cristianos, judíos y musulmanes). Pero veremos la recompensa que vino luego de Pedro el venerable: aprovechar la traducción del árabe para combatir en el terreno intelectual a los mismos árabes, entonces se dirigió al Corán como primer objetivo en la batalla. Este Abad confesó que “se le inflamó el corazón, y se ardió con fuego de su meditación” al ver la ignorancia total reinaba entre los latinos. Su vehemencia no paró aquí, sino declaraba sin rodeos que había que obrar y cerrarles el camino a los paganos: los mahometanos. Pero al final se lamentaba como nadie le respondía porque nadie sabía. No, ¡qué va! Había otro camino: suplicas y dinero. ¿A quién se lo daría luego? A los especialistas de la lengua árabe. ¿Por qué? Es ella que permitió a ese mortal veneno (el Islam) a infectar a más de la mitad del mundo. ¿Y cómo el público iba a creer la traducción? Hacer trucos como:“para que ningún error pudiera falsear la plenitud de nuestra comprensión, a los traductores cristianos agregué un sarraceno que se llamaba: Mohamed”. Y así el presunto Santo Padre el Venerable formó un equipo de falsos árabes para traducir al Corán en 1142dc. Pero ¿quién era este Venerable (pero embustero histórico)? Era un  Abad (presidente de convento) Francés llamado Pierre Maurice quien viajó a España (porque los cristianos ahí escatimaban esfuerzos, unos inútiles, pensaría él) para frenar a los árabes.

Y parece que otro escritor Europeo, que es Ken Follett( Gales) le gustó aquella época, y así escribió “los pilares de la tierra”, que es una obra literaria y histórica de gran tamaño(1051 páginas), este autor narró algunos acontecimientos de la misma época en la que el Abad mencionado escribió su libro, la intertextualidad entre los dos libros está muy clara(la cuarta parte de la novela “los pilares de la tierra”: 1142¬ 1145). Los oficiales- albañiles ingleses (entre ellos uno de los protagonistas) tomaban el rumbo de Al Ándalus de los Omeyas para buscar trabajo y fortuna  atraídos por el efecto llamada de aquella zona. Pues esta comarca era el centro civilizado e iluminado del mundo cuando Londres y Paris se bañaban en total oscuridad. Y así narraba (pagina  737) como “Jack vivía en Toledo con un pequeño grupo de clérigos ingleses. Formaban parte de una comunidad internacional de eruditos en la que se encontraban judíos, musulmanes y mudéjares. Los ingleses se ocupaban de traducir obras de matemáticas del árabe al latín para que así pudieran leerlas los cristianos…exploraban el acervo atesorado por la sabiduría árabe”. ¡Y tal vez fueran ellos el equipo del Señor venerable! Pues claro porque luego (p742) dijo que Jack “se dirigió a la abadía de Cluny, el núcleo central de un imperio monástico que se extendía por toda la cristiandad. Era la Orden Cluniacense la iniciadora e impulsora del ya famoso peregrinaje a la tumba de Santiago de Compostela”. Es el imperio del padre francés.

Lo que importa en todo esto, es que a pesar de que los motivos para ir al Ándalus eran diferentes, la fascinación por la civilización árabe era evidente. Es lo que notamos aquí (p 743) “Jack se sentía fascinado por el aspecto de las construcciones sarracenas (árabes). Su interior alto y fresco, sus arcadas, su piedra labrada, de un blanco cegador bajo el sol. Pero lo más interesante fue el descubrimiento de que en la arquitectura musulmana se utilizaba la bóveda de nervios y los arcos apuntados. Tal vez fuera de ellos de quienes tomaron los franceses sus nuevas ideas”.

Después de todo esto y (otros más), se despierta en la derecha europea un cierto Padre venerable para decir al mundo que los árabes y los musulmanes son un mero  cargo que pesa sobre la humanidad. ¡Qué barbaridad!

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