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Nueva exposición de Consuelo Hernández en Madrid

Pintura

Infomarruecos.ma/conacentomarroqui.blogspot.com

   Según Consuelo “Hace unos días cité a Javier Rioyo, director del Instituto Cervantes de Tánger, a quien invité para que escribiera un texto de presentación para el catálogo. El texto, titulado ‘La vida pintada de Consuelo Hernández’, ha sido la primera alegría recibida de esta próxima exposición en Casa de Vacas de Madrid. Deliciosamente escrito el texto es un paseo genial por mi pintura, con referencias a Tánger, a Madrid, y a grandes pintores contemporáneos”.

   Y con la esperanza y la emoción de que pronto estaré en Tánger, en la sala del Cervantes, con mis pinturas”.

  La próxima exposición de la artista pintora, Consuelo Hernández, nos ofrece dos hermosas obras maestras. En primer lugar, su extraordinario talento, específico para ella, que se destaca cada día como uno de los mejores pintores de España y del mundo. Y luego un texto de presentación extraordinaria firmado por el director del Instituto Cervantes en Tánger, Javier Rioyo Jambrina. Un gran hombre del mundo de las letras y la expresión literaria, cultural y artística, que cuenta con una pluma tan fina y hermosa sus impresiones de su amiga Consuelo. La mejor pintora cuyo talento tiene sus orígenes en Tánger, Tetuán y otras fuentes de inspiración artística de su segundo amor, Marruecos.

“El mundo que habito”

    La exposición de Consuelo Hernández tendrá lugar del 30 de julio al 30 de agosto en la Casa de Vacas, en el corazón del famoso Parque del Retiro.

  Aquí, además, está la excelente presentación de Javier Rioyo Jambrina y que conserva su belleza en el idioma de Cervantes.

LA VIDA PINTADA DE CONSUELO HERNÁNDEZ

“A ti, bella expresión de lo distinto,
complejidad, araña, laberinto
donde se mueve presa la figura.
El infinito azul es tu palacio.
Te canta el punto ardiendo en el espacio.
A ti, andamio y sostén de la pintura”
Rafael Alberti: “A la pintura”
Cuando yo era un niño, que apuntaba a ser adolescente curioso, me llevaban con frecuencia al Retiro; y cerca de la Casa de Vacas había un templete en donde los domingos por la mañana se ofrecían conciertos al aire libre. Más allá un teatro de guiñoles y al lado del estanque, o en algún rincón del parque, nos parábamos a curiosear los cuadros que en aquellos días de verano pintores bajo el cielo raso de Madrid iban plasmando en los lienzos soportados por un caballete, sentados en una silla, con gorro ligero para salvarse del sol. Con sus pinceles y colores nos hacían ver de otra manera lo que nos rodeaba y yo me sentía fascinado ante ellos. Situado detrás del cuadro iba observando aquellas manchas de color que iban adquiriendo vida. Del mismo modo me sentía ante los copistas del Museo del Prado; encantado de ver cómo repetían de otro modo el cuadro ante el que permanecían quietos, solo en movimiento los ojos y las manos.
La primera vez que vi a Consuelo Hernández fue en una foto, de espaldas, vestida de blanco, sombrero blanco, pincel en ristre, paleta en las piernas y pintando el teatro Cervantes en plena calle de Tánger.
El teatro lo conocía bien. Ejercía -ejerce- esa fascinación de la belleza de otro tiempo, del esplendor perdido, de la sonora soledad de un edificio que estuvo lleno de vida. El cuadro de Consuelo era su fachada, ejecutada de manera realista y minuciosa, pero con la incorporación de elementos que pertenecían a la verdad poética de la pintora. Algo que después volvería a encontrar en las pinturas que de ella conozco.
A partir de aquel primer encuentro con una pintora que no conocía -ajeno a alguien que ahora siento tan cercano- comencé a buscar su obra por las redes. Y su extraña poética de un realismo tamizado por algo parecido a la nostalgia, me fascinó. Ya sabía yo que me iría a vivir a Tánger, y también supe -era obvio por la temática de su obra- que ella había vivido allí. Que en esa ciudad pintó, dio clases, hizo amigos y se quedó atrapada por su luz, por una ciudad tan viva y por los restos de una ciudad que ya no existía.
Consuelo Hernández pinta un Tánger que vive en el recuerdo. Sabe acercarnos, con suave emoción, a un mundo que está detenido en su mirada. Su ojo pictórico nos produce quietud e inquietud. Cuando paseo por las calles de Tánger, cuando me acerco a esos edificios que fueron revisitados por Consuelo, ya los veo por los ojos de su pintura. El teatro Cervantes, las casas del Marchan, el viejo cine Alcázar, los jardines de un Riad, la Plaza de Toros, el Instituto donde fue enseñante de Literatura, otros rincones de esta ciudad en permanente reinvención han sido ya fijados por la mirada de la artista.
Consuelo hace con Tánger lo mismo que Amalia Avia, Eduardo Vicente y otros muchos pintores de Madrid -que muy poco tienen que ver con nuestra pintora: fijar su mirada en diversos rincones y hacerlos protagonistas de sus cuadros. Como plasma su mundo mágico, personal y realista, el genio de Antonio López. Pero no están esos pintores de ciudad en los “salones”, por decirlo al modo de D’Ors, de Consuelo. O al menos no la vemos nosotros así. Tampoco está en los caminos de uno de los grandes del realismo mágico, onírico, el tangerino-madrileño que era José Hernández, querido por todos y muy bien conocido y admirado por Consuelo Hernández.
Consuelo va por otro lado. No sabemos por cuál, pero sabemos que nos fija su mirada, seguramente fronteriza de culturas, influencias, vidas y personalidad. Algunas veces nos acordamos de Arteta, otras de Villá, de Nogués o de Delvaux; y, sin embargo, volvemos la mirada a los cuadros de Consuelo Hernández y se parecen a su propio mundo. Ella es su patria, su frontera y sus ciudades. De la fronteriza Tornavacas, entre Extremadura y Castilla, pasando por Salamanca, por Tánger y ciudadana madrileña, la pintora ha conseguido que su obra sea su propio mundo. Y eso es lo que tantos artistas quieren, persiguen y tantas veces no consiguen.
Consuelo pasó por el mundo, visitó los museos, se acercó a los azules, a los verdes, a los amarillos; captó la luz de Madrid, la luz de Tánger, las otras luces de otros ámbitos, de su extrema Extremadura, de sus cielos de Castilla, de los cerezos, de los bares, de la ciudad lejos. De la ciudad dentro, de la ciudad que es y la que solo vive en la memoria de alguna Juanita Narboni; de alguna chica que se vino a vivir a un Velázquez, que bebía en el café Gijón o recordaba los atardeceres del Hafa. Consuelo camina con su vida pintada, con su visionario mundo del que todos estamos un poco apartados -como en tiempos pandémicos- pero con el que nos queremos encontrar, juntar en alguno de su cuadros.
Hace unos meses, antes de la llegada de estas soledades no queridas, de un mundo más extraño del que imaginó Chirico, de ciudades solitarias salidas de Antonio López, conocí en un lugar de encuentro tangerino a Consuelo Hernández. No en cualquier lugar. Fue en el espacio de un pintor que se quedó prendado, y prendido, de Tánger: el estudio de Josep Tapiró, español de Reus, catalán de Tánger, uno de los mayores acuarelistas entre siglos. Ese simbólico lugar que pretendimos, seguimos pretendiendo, hacer que vuelva su recuerdo, su memoria y su obra a su ciudad adoptada. En compañía de otros tangerinos, Antonio Fuentes, pintor de la Medina y de su propio mundo, muy cerca de donde nació José Hernández, genio de sus fantasmas interiores. Un lugar lleno de magia y misterio, de luces interiores y vidas pasadas. Allí, en un ambiente de cócteles y risas, de gentes que amamos Tánger, se presentó la admirada Consuelo. Allí, espero que lo recuerde, le expresé mi deseo de volver a ver sus pinturas en la ciudad que nos une y nos separa. Allí, estoy seguro, la veremos pronto con Cervantes y Tapiró. Con su Tánger y su Madrid, con esa particular historia pintada de dos ciudades.
Mientras ese día llega, placer y honor para el Retiro y para esa nuestra ciudad poder detenerse un instante ante la vida pintada de Consuelo Hernández. No es cualquier cosa estar en Madrid, en ese lugar que pintó Velázquez, para el que Alberti dijo: “Mediodía sereno, descansado de la Pintura. Pleno presente. Mediodía, sin pasado”.
Y con todo el mundo por delante, y con una montera de la plaza de Toros de Tetuán, que nunca has pintado, yo te brindo desde las afueras, que también esperan tu pintura.

 

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Mokhtar Gharbi

Mokhtar Gharbi المختـــار الغربـــي Periodista صحافـــــــــي Tánger طنجــــــة Tel. mobil 00212 676743345 الهاتف Tel fijo 00212 539308362 www.infomarruecos.ma

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