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OPINIÓN: Libertad versus burocracia Dr. Mario H. Concha Vergara, Ph.D. Director de la Corporación Olof Palme-Chile

Derechos Humanos

 

“La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás”.- Winston Churchill

“La dictadura se presenta acorazada porque ha de vencer. La democracia se presenta desnuda porque ha de convencer”. Antonio Gala

Las enfermedades de la democracia sanan con más democracia”. Mario H. Concha V.

¿Dónde está la libertad? ¿Dónde comienzan los derechos humanos (DD.HH.). Un hombre libre preguntará  qué su país o nación puede hacer por él pero, no qué él puede hacer por su país. ¿Qué podemos hacer los ciudadanos a través del gobierno? ¿Qué podemos hacer para defender y preservar nuestra libertad? El problema es ¿cómo lo haremos para que el gobierno que creamos no se transforme en un monstruo? ¿En un monstruo que destruya toda la libertad y protección hacia los individuos?

Siempre la historia nos ha confirmado que la concentración del poder (dictadura o no) es un ataque inmisericorde a la libertad; una trampa a nuestros sentidos libertarios. Los gobiernos siempre son necesarios para mantener nuestra libertad, siempre que no concentren el poder en una sola mano o en una burocracia sumisa e inepta. Muchas veces tenemos gobernantes que se inician con grandes programas de gobierno, con muy buenas intenciones e iniciativas, pero que al final son atrapados por el poder omnímodo y terminan siendo pasto de la corrupción junto a sus adláteres. La corrupción les exige no aceptar críticas, usar a sus policías públicas y de inteligencia que se infiltran en grupos de DD.HH., en sindicatos, en ONG’s, en organizaciones estudiantiles, para gatillar problemas que permitan al gobierno actuar reprimiendo brutalmente a sus críticos. Ya no se habla de opositores se termina hablando de traidores. Los burócratas no permiten que los ciudadanos critiquen…

Las labores del gobierno deben ser limitadas al verdadero bienestar de los ciudadanos; a preservar la libertad de sus ciudadanos tanto de los enemigos externos como de los internos. Un buen gobierno debe preservar la Ley y el Orden pero, no la de ellos sino la que se den los pueblos a través de sus medios representativos: Parlamentos, Congresos, Asambleas, Municipios, que son elegidas por voto secreto y universal entre los ciudadanos más aptos para representar al pueblo. Los gobiernos deben ser capaces y están obligados a hacerlo a garantizar la educación, salud pública y privada, vivienda, alimentación, trabajo, libre competencia, contratos privados, etcétera; en otras palabras los gobiernos deben hacer lo que el pueblo les indica libre y soberanamente en democracia.

Debe haber una cooperación entre el sector público y privado; debe existir un control mediante sistemas de contraloría pública, y debe haber sistemas que permitan al sector privado manifestar sus problemas públicamente, democráticamente, con libertad de expresión en prensa, radio, TV, y otros medios comunicacionales como la Red cibernética. Esto significa lo que los ingleses llaman “open government”. Por otro lado, los gobiernos deben separar sus actividades  sin centralismos odiosos que se prestan para irrespetar las libertades. Los municipios y comunidades locales deben tener plena libertad en decidir sus futuros. Solo la defensa nacional y ciertos programas culturales como la educación y salud pública y el control de las exportaciones e importaciones así como el control de la migración deben ser planificados por el gobierno central. De esta manera, si el ciudadano siente que su localidad no le entrega el bienestar que desea, pueda decidir cambiarse de localidad junto a su familia.

Siempre habrá localidades más ricas que otras. En ese ámbito el gobierno central junto a los representantes del pueblo, a su Rey, Presidente o Primer Ministro, deberán arreglar los sistemas económicos de distribución equitativa de las riquezas del país, asignándole a cada región los recursos necesarios para cumplir con las necesidades populares. Recordemos siempre que el poder para hacer el bien también puede hacer el mal; en otra palabras, el Poder es una moneda de dos caras. Es necesario entender, creer, insistir, que la preservación de la democracia, de la libertad, pasa  por la descentralización gubernamental del Poder. La razón de esto está en la desgracia que se ha llevado a los pueblos demasiado centralizados en donde impera un pensamiento único. Estos se han transformado en dictaduras. En América Latina, por ejemplo, Cuba, Venezuela, Nicaragua, por citar algunos casos, son dictaduras de corte marxista-leninista; en África tenemos a Argelia (totalmente revolucionada en estos momentos), Libia, también con problemas políticos graves, Egipto, Mauritania, Sudán, Eritrea, Etiopía, Djibouti, Chad, Guinea Ecuatorial, Angola, Swazilandia, Camerún, Zimbabwe, República Democrática del Congo, República del Congo y Gabón.

Quizás las dictaduras más conocidas de Asia sean las de China, Myanmar, Corea del Norte, Siria y Yemen. Sin embargo, otros países han caído bajo el poder dictatorial. Se trata de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Laos, Vietnam, Nepal, Paquistán, Omán, Tailandia, Azerbaiyán, Kazajstán, Uzbekistán, Kirguistán y Turmkenistán. Lamentablemente, muchos de estos países tienen gobiernos islamistas extremos lo cual seguramente no está realmente de acuerdo con el legado del Profeta Mahoma quien predicaba paz y amor entre sus seguidores.

Hay que considerar que la evolución de la humanidad y sus grandes avances nunca han nacido de gobiernos centralizados, salvo algunas excepciones: las grandes obras de arte como la pintura, arquitectura, literatura, ciencia y tecnología, han sido producto de mentes pensantes democráticas. Einstein, Shakespeare, Milton, Pasternak, Edison, Ford, Adams, personas que pensaban por sí mismas sin necesidad de directivas de ninguna naturaleza. Hay que considerar que ningún gobierno podría tener la capacidad de clonar, de duplicar, estos conocimientos.

De tiempo en tiempo la sociedad debe revisar qué es lo que hacen sus gobiernos; la sociedad debe considerar que inevitablemente el ser humano busca prosperidad, seguridad y sobretodo libertad. La sociedad quiere que sus creencias y principios religiosos, políticos y culturales, en general sean respetados; que el rol del Estado sobre sus vidas privadas sea menor. Los DD.HH. deben ser transversales; deben respetar a todos los individuos. Y recordar siempre que solo el Estado viola dichos derechos. El ser humano que irrespeta a otro es un delincuente y por eso es algo inaudito que existan gobiernos que tengan comisiones o ministerios de DD.HH., que sería como dejar al gato cuidando la pescadería porque por lo general los encargados de dichos cuerpos se burocratizan y les cuesta aceptar la verdad.

Finalmente debemos reconocer que sería una estupidez pensar y creer que el pueblo no puede cometer errores políticos. Obviamente puede cometerlos, y graves. El pueblo no es la voz de Dios como dicen los demagogos. El pueblo cuando se equivoca lo sabe y paga las consecuencias; pero comparados con los errores que han sido cometidos por cualquier género de autocracia, estos otros carecen de importancia. Y, como decía Honoré de Balzac “La burocracia es una máquina gigantesca manejada por pigmeos.”  Pues sólo a los burócratas se les puede ocurrir que establecer nuevas oficinas, decretos y aumento de empleados estatales pueden ser medidas positivas y beneficiosas. En general, al menos en los países latinos, la burocracia sirve sólo para vejar al ciudadano. Y, como dijimos anteriormente, las burocracias no toleran el disenso, la unanimidad conduce más rápidamente al estancamiento. Por eso quienes luchan verdaderamente por los DD.HH. son contrarios al pensamiento único.

e-mail: conchamhqgmail.com

 

 

 

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