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Opinión: Polisario, México y el carnaval del engaño Juan C. Moraga D. Centro de Estudios del Magreb

 

Cuando asumimos la responsabilidad de dar a conocer en nuestro continente las violaciones a los derechos humanos que a diario comete una banda armada como el Polisario en el norte de áfrica, lo hicimos porque, como ex prisioneros que sufrimos prisión política y tortura, valoramos los avances de Marruecos en materia de derechos humanos. Claramente nuestro compromiso lo asumimos por principios y, con esa base, junto a grupo transversal de personas,  formamos el centro chileno de estudios del Magreb, marcando desde el primer día una clara diferencia con los mercenarios que utilizan los DDHH para mentir sobre el Sahara marroquí, quienes reciben a cambio dinero y viajes que, por si solos, constituyen una ofensa a la noble causa de los derechos humanos.

Recientemente, al declinar la invitación para concurrir a la transmisión del mando en México, dejamos claro nuestro respeto por el presidente López Obrador pero, al mismo tiempo, hacíamos ver que por las mismas razones de principios no podíamos confundirnos y ser parte de un carnaval donde la izquierda tradicional latinoamericana presenta como suyo el triunfo de AMLO, en circunstancias que hace solo algunos años lo descalificaron, tal como hizo antes con Chávez.
Los tiempos cambian, pero lo que NO cambia es el oportunismo y la inconsecuencia de quienes, ofreciendo el sueño de un mundo mejor, se prestan para justificar atropellos a los derechos humanos cuando les conviene, como es el caso del frente Polisario en el norte de Africa. Por lo señalado, nos llamó profundamente la atención que el “presidente de la RASD”, a su arribo a México, recibiera “honores de jefe de estado”, en circunstancias que tal “estado” lisa y llanamente no existe. Consultados algunos amigos cercanos al nuevo presidente responden que la invitación se cursó a todos los gobiernos con los cuales México tiene relaciones y “la RASD es uno de ellos”. Esta situación, digna de Kafka, es un fiel reflejo de lo que ha ocurrido otras veces y durante años por la desinformación que generan los voceros de esta hipotética “república” cuando se presentan como “ministros o embajadores” y que afirman defender una causa noble que requiere “reconocimiento diplomático de países que se pronuncian contra el colonialismo”. A poco andar, estos “embajadores” son expulsados por indeseables, pero en algunas partes logran el objeto de engañar, generalmente con quienes mantienen cuentas pendientes por atropellos a los derechos humanos y que se prestan para dar legitimidad a una banda armada que, en última instancia, tiene tras suyo a un país con intereses geopolíticos en la zona, como lo es Argelia, interesados en mantener una crisis artificial que genera inestabilidad en el norte de Afríca y, muy especialmente, en los países del Magreb. Por ello es importante dejar claro el engaño y gravedad de lo sucedido con la RASD y sus “honores” en México, pues son honores a algo que no existe, a un grupo que proclama ser “república”, cuando lo que controla, imitando a las  peores dictaduras, es un campo de prisioneros en un país extranjero (Argelia), con dirigentes investigados por crímenes de lesa humanidad en tribunales españoles y organizaciones europeas de DDHH que los acusan de robar ayuda humanitaria y mantener secuestrados a hombres, ancianos, mujeres y niños en campamentos de Tinduf, geográficamente ubicados en territorio argelino, tal como hacen los terroristas de Boko Haram en Nigeria. Lo concreto es que se trata  de una “republica virtual”, sin existencia real, que no cumple el requisito mínimo establecido por la ONU para ser reconocido como estado: “tener territorio”. En ese contexto, el gobierno de Maduro, por muchas críticas que reciba, sin duda es más legitimo que la RASD pues fue elegido por elecciones, fraudulentas o no, pero elecciones al fin y existe en un territorio con sus propias fronteras y, como tal, es reconocido por la ONU. Ninguno de estos requisitos tiene la RASD.
Muchos países se han dado cuenta del engaño y de quienes reconocían a la RASD hace 10 años, el 80% le han retirado su apoyo y en la Unión Africana Marruecos, con su proceso de reformas y propuestas razonables para resolver conflictos, como el mismo Sahara, se ha convertido en un  ejemplo.
Por lo indicado la propia ONU realiza eventos de la mayor importancia en su territorio, siendo el reciente Pacto Mundial para la Migración, firmado en Marrakech por más de 160 países, con un agradecimiento personal del secretario general de Naciones Unidas, es ilustrativo sobre el rol de Marruecos en la escena internacional, mientras los mercenarios del Polisario, cada día más aislados y desenmascarados, tienen como último recurso solo el delito y la mentira para sobrevivir antes de su derrumbe definitivo.
Como decía un amigo de la fundación Friedrich Hebert, “se trata de un engaño gigantesco, pues si un país los reconoce por los intereses o intenciones que sean,  ¿Dónde van a instalar sus embajadas, si el Polisario y su RASD se encuentran en territorio argelino?”.
Claramente el engaño de que han sido víctimas (consientes o no) numerosos políticos y gobiernos de Latinoamérica tiene un límite y eso lo marca el avance de la verdad que, históricamente, termina imponiéndose a la mentira. Eso se refleja en acuerdos por mayoría y unanimidad de los parlamentos de esta región, quienes  aplauden la propuesta de autonomía regional para el Sahara que ha presentado Marruecos en la ONU. En la sociedad civil hemos hecho un aporte ascendente en varios países con información sobre la realidad del Sahara, poniendo el acento en lo que realmente importa, como son los crímenes, delitos y violaciones a los derechos humanos que comete a diario el frente Polisario en los campamentos de Tinduf con la anuencia de Argelia que, por esta complicidad, ha sido denunciada  públicamente por Human Rights Wach en su informe del año 2009. También hemos visto activistas del Polisario provocándo en nuestras actividades, a los que hemos enfrentado y denunciado, como ocurrió en Bogotá, en Naciones Unidas o Human Rights Wach.
La buena noticia es que, para el año 2019, estamos preparados y dispuestos para coordinar actividades con organizaciones hermanas que, como a nosotros, les preocupa el respeto a los derechos humanos donde quiera esto sean violados, denunciar y desenmascarar las mentiras sobre el Sahara que anda sembrando un par de mercenarios y consolidar, con esta verdad, nuestra presencia en América Latina y Africa.
Por  ello nos alegra saber que el nuevo presidente de México ya está en antecedentes sobre el carnaval de mentiras en que el frente Polisario, con actores trabajando de presidentes, embajadores o ministros virtuales, busca una foto para legitimar el engaño, abusando con ello de la confianza y buena fe de quienes los reciben, faltando con ello el respeto a una nación completa que, con López Obrador a la cabeza, tiene como propósito declarado terminar, precisamente,  con la corrupción y la mentira en la actividad política.

 

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