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Oriente Medio: Por una solución justa y duradera Dr. Mario H. Concha Vergara, PhD. – Docente – Chile

Tribuna infomarruecos.ma

 

Los incidentes que condujeron  a la situación que viven palestinos e israelitas en la actualidad comenzaron con una acción policial en Jerusalén el mes pasado al atacar fuerzas policiales israelíes a los fieles que acudían a orar al complejo de la mezquita de Aqsa una semana antes del comienzo del Ramadán.

La mezquita de Al-Aqsa es parte del complejo religioso de la Explanada de las Mezquitas de la ciudad santa de Jerusalén. Masjid al-Aqsa se traduce del árabe al español como «la mezquita más lejana», lo que hace referencia al capítulo del Corán llamado «El Viaje nocturno», en el que se dice que Mahoma viajó de La Meca a la «mezquita más lejana» en el año 621 y desde allí ascendió a los Cielos a lomos de un equino alado llamado al-Buraq al-Sharif.​

Según la tradición musulmana, Mahoma dirigía las plegarias orientándolas hacia el lugar en el que se encuentra la Mezquita de al-Aqsa hasta que, al decimoséptimo mes de su peregrinaje de La Meca a Medina, cuando Alá le ordenó que se girara para mirar hacia la Kaaba, en La Meca. Por lo tanto se considera a la mezquita de Al-Aqsa como el complejo religioso del Islam más importante después de la Meca.

Un escuadrón de policías israelíes entró en la mezquita de Al-Aqsa de Jerusalén, apartando a los asistentes palestinos y atravesando el vasto patio de piedra caliza. Además, cortaron los cables de los altavoces que transmiten las oraciones a los fieles desde cuatro minaretes medievales. La policía israelí lanzó granadas de aturdimiento en el recinto de la mezquita de Al-Aqsa el 7 de mayo.

Era la noche del 13 de abril, el primer día del mes sagrado musulmán del Ramadán. El presidente israelí iba a pronunciar un discurso en el Muro de los Lamentos, un lugar sagrado para los judíos que se encuentra debajo de la mezquita, y las autoridades israelíes temían que las oraciones lo ahogaran; en otras palabras y al parecer, el Premier israelí consideraba que su alocución era más importante que el inicio del Ramadán.

El incidente fue confirmado por seis funcionarios de la mezquita, tres de los cuales lo presenciaron; la policía israelí declinó hacer comentarios. En el mundo exterior, apenas se registró. Pero, la incursión policial en la mezquita, uno de los lugares más sagrados del Islam, fue una de las varias acciones que condujeron, menos de un mes después, a la repentina reanudación de la guerra entre Israel y Hamás, el grupo militante de la Franja de Gaza, y al estallido de los disturbios civiles entre árabes y judíos en el propio Israel.

“Este fue el punto de inflexión”, dijo el jeque Ekrima Sabri, gran muftí de Jerusalén. “Sus acciones provocaron el deterioro de la situación”. El 7 de mayo los agentes policiales israelís atacaron impunemente a los desarmados fieles de la mezquita dejando decenas de heridos.

Hubo una oleada de ataques multitudinarios en ciudades mixtas árabe-judías de Israel. Todo esto ha ido mucho más veloz, devastador y de mayor alcance de lo que nadie imaginaba. Provocando la peor violencia entre israelíes y palestinos de los últimos años, no solo en el conflicto con Hamás, que hasta la semana pasada había matado al menos a 200 personas en Gaza y a 15 en Israel. En Gaza el 70% de la población es menor de edad.

El asesinato de una veintena de jóvenes palestinos provocó  el lanzamiento de cohetes hacia Israel desde un campo de refugiados palestinos en Líbano, y esto ha llevó a los jordanos a marchar hacia Israel en señal de protesta y ha llevó a los manifestantes libaneses a cruzar brevemente su frontera sur con Israel.

Los encuentros violentos han sido el resultado de años de bloqueos y restricciones en Gaza, décadas de ocupación en Cisjordania y otras décadas de discriminación contra los árabes dentro del estado de Israel, dijo Avraham Burg, ex presidente del Parlamento israelí y ex presidente de la Organización Sionista Mundial.

Habían pasado 16 años desde el último gran levantamiento palestino, o intifada y  siete años desde el último conflicto importante con Hamás, Por ejemplo, no hubo grandes disturbios en Jerusalén cuando el presidente Donald Trump de EE.UU. reconoció la ciudad como capital de Israel y trasladó nominalmente la embajada de Estados Unidos allí. No hubo protestas masivas después de que cuatro países árabes normalizaran sus relaciones con Israel, abandonando un consenso largamente mantenido de que nunca lo harían hasta que se resolviera el conflicto palestino-israelí. El acuerdo entre Israel y los Emiratos Árabes es solo otra pesadilla para los palestinos. Hace dos meses, pocos en el estamento militar israelí esperaban algo así.

Sin embargo, los Palestinos  tomaron como un avance la apertura  relaciones entre Marruecos e Israel. Desde la normalización de las relaciones entre ambos países en diciembre de 2020, varias manifestaciones han sido interrumpidas, como ocurrió el lunes 10 de mayo en Rabat y Casablanca. Las concentraciones en Marruecos están oficialmente prohibidas desde el inicio de la crisis de Covid-19 mientras el país sigue en estado de emergencia sanitaria. Pero, las concentraciones, como en otros países democráticos, han sido prohibidas exclusivamente por razones sanitarias.

Sin embargo, al día siguiente, en Oujda, en el este del país tuvo lugar una sentada antiisraelí sin que se produjeran detenciones ni enfrentamientos con la policía. Ya sea un incumplimiento de la norma sanitaria o una coincidencia del calendario diplomático, ese día Marruecos participaba en una reunión de emergencia de los ministros de Asuntos Exteriores árabes. Para Mohamed VI y su gobierno, la situación es clara. La cuestión palestina está siempre en el primer plano de sus preocupaciones. Marruecos condena los discursos de odio de ciertas organizaciones extremistas israelíes y rechaza cualquier violación del estatuto jurídico de Jerusalem.

Por otra parte, se ha sabido que en sesiones informativas privadas, los oficiales militares israelíes decían que la mayor amenaza para Israel estaba a 1600 kilómetros de distancia, en Irán, o al otro lado de la frontera norte, en el Líbano y no en el pueblo palestino ni otros pueblos árabes.

Mientras en Gaza las facciones políticas palestinas, incluida Hamás, estaban pendientes de las elecciones legislativas palestinas previstas para mayo, las primeras en 15 años, Palestina luchaba por superar una ola de infecciones por coronavirus. Gaza, donde el bloqueo israelí ha contribuido a una tasa de desempleo de alrededor del 50 %, la popularidad de Hamás disminuía a medida que los palestinos hablaban cada vez más de la necesidad de dar prioridad a la economía sobre la guerra, al combate de la pandemia del coronavirus y otras realidades sociales.

El ambiente empezó a cambiar en abril. Las oraciones en Aqsa en la primera noche del Ramadán, el 13 de abril, se produjeron mientras cerca de ahí el presidente israelí, Reuven Rivlin, pronunciaba su discurso sobre  el Día del Recuerdo de Israel que coincidió el mes pasado con el inicio del Ramadán. Esto originó que los israelíes decidieran atacar a los fieles de la mezquita de Aqsa para que según ellos no opacaran el discurso de su Presidente.

La dirección de la mezquita, de Aqsa que está supervisada por el gobierno jordano lógicamente había rechazado una petición israelí para que no se retransmitieran las oraciones durante el discurso, por considerarla irrespetuosa, según dijo un responsable de asuntos públicos de la mezquita; obviamente la petición israelí era un gran irrespeto a una de las mayoritarias religiones del mundo. La respuesta de Israel fue que esa noche, la policía hizo una redada en la mezquita y desconectó los altavoces. “Sin duda, estaba claro para nosotros que la policía israelí quería profanar la mezquita de Aqsa y el mes sagrado del Ramadán”,  dijo el jeque Sabri.

En otro año, el episodio podría haberse olvidado rápidamente dicen algunos analistas; pero, en abril, varios factores se alinearon de forma repentina e inesperada y permitieron que este desaire y falta de respeto al Islam se convirtiera en un gran enfrentamiento; pues, el resurgimiento del sentimiento de identidad nacional entre los jóvenes palestinos se manifestó no solo en la resistencia a una serie de incursiones en Al Aqsa, sino también en la protesta por la situación de seis familias palestinas que se enfrentan a la expulsión de sus hogares en una política colonizadora israelí que al parecer no tiene fin.

Al prepararse Palestina para las elecciones, se produjo un repentino vacío de poder, y la  protesta popular iniciada por la juventud palestina, dieron a Hamás la oportunidad de mostrar su fuerza. Lo cual tomó a Israel desprevenido pensando que los palestinos estaban totalmente divididos. Los israelíes habían sido omisos, con más de una década de gobiernos de extrema derecha trataron las demandas palestinas de igualdad y de creación de un Estado como un problema que había que contener, no resolver. Nunca les ha interesado reconocer a Palestina como Estado y solo lo harán con la presión de la ONU y de los países árabes como Marruecos que se sostienen en base a una fuerte democracia.

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