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PANAMÁ Y MARRUECOS DESDE SU RESIDENCIA POÉTICA Por Gloria Young*

Poesia y poetizas

 

La primera residencia poética entre nuestros países, la creamos en la Embajada de Panamá en Marruecos durante mi gestión como Embajadora.  La poesía desde la voz de dos poetas jóvenes, de la misma generación, la panameña Corina RUEDA BORRERO, abogada, comunicadora y poeta y Azzedine BOURGA, físico/matemático, poeta, comunicador, crítico de arte.

La Casa de la Poesía marroquí, bajo la presidencia del poeta Mourad KADIRI y la Embajada de Panamá en Marruecos, tuvieron como objetivos: visibilizar la labor poética de poetas emergentes de Panamá y Marruecos; contribuir a la promoción cultural de ambos países y realizar un intercambio cultural en el marco de la cooperación sur-sur. La poesía, como lenguaje universal, no necesita de mucha explicación. Cuando escuché por primera vez a poetas árabes, entre ellos, marroquíes, leer sus poemas en un festival de poesía en Laayoune, quedé atrapada. Sentía la poesía en mi cuerpo y en el alma. Tuve una necesidad que mis propios poemas se escucharan así: con esa cadencia, esa fuerza, esa melodía, las palabras alargadas como un gemido que todo lo envuelve y te hace sentir que la vida es infinitamente más poderosa que la muerte.

La poesía es aquella energía que nos conquista y nos hace sentir deseos de trepar a la copa del árbol más alto y desde allí, cosechar la fruta prohibida para comerla a mordiscos chorreando sus jugos por nuestro cuerpo.  

Fueron tres meses de fines de semana en residencia poética en varias ciudades de Marruecos, iniciando por la vieja ciudad de Salé, frente al río Bouregreg, donde del otro lado, se mira la ciudad de Rabat. Cada ciudad fue retratada en su historia, en sus muros y en la emoción que cada poeta imprimía a la experiencia. Entre los versos de Bourga dedicados a Salé, podemos encontrar:

“Qué cuida ese jeque en su memoria?

¿Qué auspicia Salé con nostalgia en su corazón?

« son los muertos: los hijos fieles de la ciudad « 

Dice una vieja mientras desaparece en el callejón estrecho.

Los ojos de la torre no paran de llorar,

Los dedos de sus pies son heridas de una antigua masacre

de soldados que se asomaron alegres al mar

poniendo los pechos al viento y al enemigo”

 Sin embargo, para Rueda Borrero, Salé es:

“Mi cuerpo, que no sabe nada,

siente el latido de los muros

y comprende que no hay mejor asilo

que los pedazos de vidrio que aturden,

que resbalan,

que son herederos de los fantasmas que palpitan.”

La experiencia de los poetas en Casablanca fue presentada a través de un performance, donde se tomaron una calle concurrida de la ciudad comercial, financiera, caótica que es Casablanca. Ambos poetas leían sus versos al público que les rodeaba, y Azzedine los quemaba después de leerlos. Corina los regalaba al público. Era la protesta social y el erotismo femenino al aire libre, con música y arte en vivo. El Facebook live que se hizo, rompió record de vistas y comentarios. A los días, el video habría desaparecido del Facebook. Los conservadores no soportaron su exposición. Una de las grandes imágenes de lo que es la doble mirada de Casablanca: esa ciudad que no duerme, que los casaouis llaman “casa negra”. Allí, donde filmaron varias películas intentando regristrar la diversidad paradójica que conlleva. “Los ángeles no vuelan sobre Casablanca”, es una película que devela la vida nocturna de esa ciudad donde cabe Panamá dos veces.

“Casablanca es un nudo gordiano

aquí, los pescadores construyen las redes donde la gente cae,

es una mujer que se esconde tras un velo que simplifica la trascendencia

y son marcas que me anudo a la piel para encontrar el camino de regreso.”

(Corina Rueda Borrero)

 Casablanca:

prostituta virgen

que vende su cuerpo en la última silla de la bolsa de valores

 Casablanca:

última parada en el infierno,

y una tierra que los marineros esconden en sus barcos pesqueros.

 Casablanca:

el regalo de Dios para los desamparados y los reyes.

(Azzedine Bourga)

La residencia también cubrió la ciudad de Rabat y sus muros, Mekness, la ciudad imperial, el Sahara y su arena dorada. Los poemas del poeta marroquí fueron traducidos al español y los poemas de la panameña fueron traducidos al árabe por Fátima Lahssini, traductora, docente universitaria, doctoranda en la Universidad Hassan II de Casablanca.  El libro que promete dejarse ver este año se llama “Saltando el muro”. Un libro que cuenta la historia, describe la vida y exige cambios.

Para los poetas, Rabat representó una ciudad de contrastes. La ciudad donde la poeta panameña  permaneció más tiempo. La ciudad de historias y de mar que visitaba el joven poeta marroquí oriundo de Casablanca

“Igual que todos los santos, vi con ojos cerrados como

la locura se propaga cuidadosamente en el corazón de esta ciudad

igual que se propagan los gusanos nematodos en el cadáver del mar.

La ciudad no tiene más memoria que los transeúntes con prisa como muertos

que no esperan el

Apocalipsis.

 Esta ciudad, en vez de huir hacia la verdad

arrojó su cuerpo al mar

y durmió.”

(Azzedine Bourga

“Aquí, cuando escriben,

el papel se llena de sonrisas y naranjas.

Lleva la corriente del Bouregreg  prohibido para los peces

y una ruptura que se fabrica desde un alma

tras el atardecer número cuatrocientos del calendario.

Pero pasa que en esta ciudad aprendí a construir vocablos,

porque no todos los días se habla desde un eclipse en los labios,

con una vocalización de erres, jotas, kas,

que superan la garganta y la boca del estómago.”

(Corina Rueda Borrero)

La experiencia de estos jóvenes rebasó toda expectativa. Y no fue una luna de miel el proceso, por cuanto ambos poetas poseen un carácter y un temple, que ninguno quiere sentirse influido por el otro, sin embargo, ambos representan una fuerza y una experiencia, que necesariamente confluyen en sus sueños y aspiraciones. La distancia que el Atlántico impuso a nuestros continentes, fue también la corriente que los acercó. El Sahara que pertenece al imaginario marroquí y no al panameño, fue un descubrimiento fresco para ambos, porque el Sahara no es territorio de conquista de todos los marroquíes. Siempre lo descubren, en un proceso inacabable de miradas.

Su vivencia en estas arenas se traslucen en versos tan disímiles y al mismo tiempo, confluyentes

Hoy me toca extrañar a Panamá.

No puedo evitar verme embetunada de barro

y creo que pronto me pegaré a una montaña roja

donde dicen que hay muertos sin tumbas.

Me siento atrapada en el granado del arroz seco,

en la olla de frijoles,

y encuentro en cada espacio la forma de llegar al verde claro y retorcido

que veo en el patio que me sacó ampollas de niña,

pero luego regreso a los naufragios, al presente que me cohíbe por una caminata interminable en las dunas doradas del Sahara.

(Corina Rueda Borrero)

“He derramado una ciudad, una alcazaba, curvas, pozos, ríos hasta que se secaron, telarañas, moscas, abejas, miel, excremento de camello, escorpiones, camellos, establos, belleza, jaimas, palmeras, eucaliptos, bailarines Ahidus, e historias alrededor de las mesas de té.

 Como aún no había muerto, mi árbol genealógico tuvo que brotar en mi cuerpo, un abuelo guerrero, una abuela tejiendo sueños en tapices, un abuelo comerciante de especias que vende leche de pájaros y cuentos del más allá del desierto, y una abuela midiendo el tiempo con la blancura del cabello. Un abuelo que huye descalzo hacia lo desconocido, una abuela que se enamora, un padre que arrastra el futuro desde atrás y una madre que educa a sus hijos igual que cultiva la esperanza en una caja de latón azul.

La música es simplemente

el desierto.”

(Azzedine Bourga)

Podría seguir compartiendo más versos. Falta Mekness, por ejemplo: “una ciudad que abraza el pasado entero en una jarra” (Bourga). “así, tan negra, azul, amarilla y roja en sus facetas,/

capaz de crear mitos y desmontar riachuelos” (Rueda Borrero).

Y faltan las discusiones de los poetas, los días de silencio y los días de sus risas estridentes; las reuniones con el presidente de la Casa de Poesía Marroquí, con la traductora, el artista que diseña la portada del libro y yo, recreando todo ello. Falta contarles que durmieron en una misma hermosa y pequeña casa en la medina antigua de Salé y que el poeta Mourad Kadiri se preocupaba por el que dirían, porque no pueden dormir en un mismo lugar una pareja sin estar casados. Falta que les cuente que esa pequeña casa estaba junto a un cementerio y que dormían con los muertos que acostados de lado en sus féretros, miraban hacia La Meca.

 Embajadora Gloria Young

Ex Embajadora de Panamá ante las Naciones Unidas en Viena. Ex Embajadora de Panamá en Austria. Ex Embajadora de Panamá en Marruecos.Embajadora de la Paz por el Círculo Universal de Embajadores de la Paz con sede en Suiza & Francia (2016 a la actualidad). Politóloga, Mgter. en Sistemas Educativos con especialidad en Supervisión y Currículum, poeta, escritora, conferencista internacional. Promotora cultural.
Doctoranda en Derecho Público y Ciencias Políticas con especialidad en Cooperación Sur Sur.
Tiene publicados 10 libros, más de 300 artículos en diarios y revistas nacionales e internacionales. Ha sido antologada en más de 12 libros a nivel nacional e internacional. Sus ensayos han sido publicados en más de una docena de revistas y libros y revistas indexadas de diversos países.
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