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Pandemia, política y derechos humanos. Juan C. Moraga D. Sub Director Ejecutivo. Derechos Humanos Sin Fronteras

Tribuna

Juan C. Moraga D.
Sub Director Ejecutivo.
Derechos Humanos Sin Fronteras.

La crisis sanitaria que vive el mundo a causa del corona virus deja en evidencia la fragilidad de los estados en sus sistemas de salud y, en muchos de ellos, el oportunismo de algunos para utilizar esta crisis en su beneficio para, con ello, desviar la atención de problemas internos que, al inicio de la pandemia y debido a estallidos sociales en diversos lugares, mostraron a la clase política tradicional divorciada de  la realidad y desconocer el fondo de las demandas que generan estas movilizaciones. La pandemia, sin duda, permitió, en marzo, un respiro a gobernantes que, en cualquier otro lugar del mundo de vieron haber renunciado  por falta de apoyo y legitimidad. Pero llegó la crisis sanitaria y, con ello, los mismos que ven los sistemas de salud como un bien de mercado, encontraron un salvavidas político para utilizar esta situación en su beneficio. Hasta febrero, cuando durante 4 meses se habían violado toda clase de derechos humanos en Chile y estaba en marcha una verdadera revolución social y marzo, en que llega la pandemia, todo cambia y quienes representaban menos del 10% de los ciudadanos, se alzan como salvadores y administradores de la crisis y los recursos que contempla el estado para enfrentar este tipo de situaciones.

En el mundo y mientras avanzaba la crisis sanitaria, se observaron distintas actitudes para enfrentarla. Observamos con preocupación a quienes privilegian el mercado por sobre las vidas humanas, postergando medidas urgentes y necesarias para salvar vidas, evitando con ello miles de muertos confirmados a comienzos de junio. Por otro lado vimos a verdaderos estadistas que, dejando de lado diferencias políticas, privilegiaron a las personas por sobre el mercado, como Francia, Alemania, Argentina, Marruecos, Canadá Viet Nam y otros cuyo resultado podemos medir de acuerdo a cifras oficiales de la Organización Mundial de la Salud donde, no deja de llamar la atención, que en América Latina un país tan cuestionado como Venezuela, muestre poco más de mil casos de contagio y solo 10 muertos, escenario donde no deja de sorprender,  según la ONU y el propio EEUU, que el país que mejor ha manejado la crisis a nivel mundial sea Viet Nam. Marruecos merece mención aparte por sus medidas colectivas para proteger vidas en zonas de hacinamiento, como las cárceles; sociales en recintos de uso común e impulso a la investigación científica, situándolo a la cabeza de África como un país que, sin alardes, ha sabido manejar de buena forma la crisis sanitaria y en lugar destacado a nivel planetario junto a quienes,  con sentido de estado, han tomado las medidas que corresponden, en el momento adecuado y en el tiempo justo para frenar el virus y evitar su propagación, protegiendo con ello la vida de sus pueblos.

Los DDHH.

Pero así como algunos actúan con criterio de estado, otros intentan aprovechar esta pandemia en su beneficio, atropellando derechos que, claramente, pueden ser calificados de crímenes contra la humanidad, como es el intento de juicio militar del frente Polisario en contra de tres jóvenes disidentes saharauis en territorio de Argelia y una fracasada invasión ejecutada por un grupo armado en Venezuela con el objeto de provocar el derrocamiento de su gobierno y asesinar autoridades. En ambos casos, quienes realizan estas acciones actúan apadrinados por terceros. En el norte de África lo hacen con la tolerancia de las autoridades de Argelia, donde estas se excusan con DHSF diciendo que “no es un problema de ellos”, sino del frente polisario. El abogado Francés Hubert Seillan es categórico sobre esto:  “La decisión de Argelia de delegar la gestión de autoridad en el polisario es una violación del derecho internacional”.

En Venezuela hay detenidos confesos de coordinarse para ingresar ilegalmente al país con un grupo armado para  derrocar el gobierno y secuestrar al presidente, además de reconocer un contrato con la firma del principal opositor a Maduro como jefe y financista de  estas operaciones en las que, también, se encuentra detenido un ciudadano norteamericano, guardaespaldas del  presidente de los EEUU. El juicio en Argelia y el intento de Magnicidio en Venezuela, en tiempos de Pandemia, demuestra que sus protagonistas se aprovecharon de la crisis sanitaria para violar los derechos humanos, lo que nos parece de una gravedad extrema, como igual rechazo nos provoca el “pavoroso silencio” de la comunidad internacional ante el asesinato de líderes sociales y defensores de derechos humanos en Colombia, que acumula más de 100 en lo que va de 2020, según estadísticas del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz).

Como DHSF hemos sido muy claros en expresar nuestra condena dondequiera estos derechos sean violados, de igual forma no tenemos problema en expresar satisfacción cuando vemos avances en la protección de los derechos humanos y alegrarnos al ver gobiernos de distinto signo sumar esfuerzos para enfrentar la pandemia. Tampoco dudamos en condenar bloqueos económicos y sanitarios que imponen grandes potencias a países menores en pleno siglo XXI, afectando con ello la salud y la vida de las personas, especialmente de los más vulnerables. Nuestro compromiso es con los derechos humanos, no con personas, gobiernos, partidos políticos o grupos económicos, lo que nos permite la independencia que necesitamos para escuchar a quienes necesiten ser escuchados y, sin ningún tipo de influencias, analizar con objetividad la información que recibimos y ello, necesariamente, se ha de reflejar en el informe sobre el estado de los DDHH  en 15 países que daremos a conocer a fines de junio.

Estamos convencidos que la defensa de los derechos humanos, como dice la carta de  Naciones Unidas, es universal y se encuentra por sobre las estructuras conocidas a nivel mundial como defensoras de estos derechos, por lo cual y después de comprobar que existe un real interés por la defensa de los DDHH en organizaciones internacionales de trabajadores, universidades y centros de estudio, hemos resuelto establecer y acuerdos de trabajo con instituciones de 27 países.  

DHSF, como su nombre indica, es absolutamente plural y abierto para quienes entienden la defensa de los derechos humanos como está definido por Naciones Unidas: Universales y sin ningún tipo de discriminación social, política o religiosa. Consideramos inaceptable que en tiempos de pandemia organizaciones internacionales que dicen defender estos derechos, se encuentren  más preocupadas de la situación política interna de algunos países que de proteger los derechos humanos, como también observamos que gobernantes inescrupulosos traten de obtener beneficios políticos de la crisis sanitaria, en medio de la cual intentan golpes de estado, que otros permitan, en su territorio, ejércitos y tribunales paralelos a los que consagra su propia constitución o bajarle el perfil a los asesinatos de líderes sociales. Eso, claramente, no lo aceptaremos.

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