CrónicasCulturaFeaturedVela en la obscuridad

Para recordar a Rodolfo Gil Grimau. Arabista y escritor por: Fernando de Ágreda

Testimonio

Me dicen que Rodolfo Gil se ha ido, pero aún creo o imagino que voy a escuchar su voz a través del teléfono móvil desde el que últimamente llegaba para transmitirme algún mensaje cordial, propio de una acendrada amistad.

Rodolfo Gil en su despedida de Tetuán

No en vano mis primeras experiencias en el campo de la investigación en Marruecos están unidas a su recuerdo.

Hablar o escribir ahora de Rodolfo Gil significa para mi recuperar recuerdos entrañables que compartimos: las fotografías de su casa en Rabat, con su familia, de los coloquios en los que participamos y que conservo con cariño, lo demuestran.

Mi primer viaje a Marruecos en 1969 estaba motivado por el estudio que estaba iniciando entonces sobre la narrativa marroquí. Tras aterrizar en Tánger, y no quisiera extenderme en otros motivos, me dirigí a Rabat para entrevistarme con los autores sobre los que me proponía plantear mi memoria de licenciatura.

Me alojé en una modesta pensión y pasé a visitar la embajada de España. Ahora lo veo como una escena que se desarrollaba con toda naturalidad: me recibió una señora encantadora: Encarnita de Carriedo que enseguida me iba a presentar al director del Centro Cultural Español que no era otro que Rodolfo Gil. El mismo me acompañó al hotel “Balima”, un vetusto edificio con sabor francés y muy lujoso para mi modesto presupuesto. Rodolfo me comunicó la grata noticia de que estaba costeado por los servicios culturales de la propia embajada. Creo recordar la fecha de aquel día: el 26 de junio de 1969.

Como decía, fueron unos días inolvidables que han dejado una gran huella en mi formación académica y en mi forma de entender aquel país y su cultura.

En el mes de octubre de 1969 pude presentar mi “tesina” o memoria de licenciatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense y, concretamente, en la Sección de Filología Semítica. Fue dirigida – o impulsada podríamos decir – por el entonces profesor Agregado, luego catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, hasta su jubilación, Pedro Martínez Montávez.

Para seguir el hilo de mis recuerdos de Rodolfo, tengo que citar la versión de los cuentos del escritor marroquí ´Abd al-Yabbar Al-Sahimi (Rabat, 1939)que se publicaron en la colección “Arrayán” de la Casa Hispano-Árabe de Madrid. Bajo el mismo título del original “Lo posible de lo imposible” (Al-mumkin min al-mustahil, en árabe) publicamos, mi buen amigo Ábd Allah Khalaf y yo mismo, una de las primeras muestras de la incipiente narrativa marroquí que iba adquiriendo su propio desarrollo.(¡Qué tiempos inolvidables también los de aquella “Casa” de la calle Miguel Ángel y de su secretario Máher Sulaymán fallecido en plena juventud desgraciadamente!)

Rodolfo Gil tuvo entonces una muestra de su cariñosa amistad, que luego prodigaría en diferentes ocasiones, y quedó expresada en la amplia reseña que publicó en el diario España, de Tánger, el 6 de mayo de 1971. Allí quedaron plasmadas sus reflexiones sobre el autor marroquí, que eran muy acertadas y, además, demostraba un buen conocimiento de la nueva literatura árabe y de las traducciones que se habían publicado entre nosotros.

En 1978 Rodolfo asimismo publicaba otro texto, breve, de 15 páginas, pero muy expresivo, titulado: “En torno a la literatura marroquí actual”. Demostraba en el mismo que había estudiado aquella incipiente literatura y hablaba del desarrollo que estaba adquiriendo. Fue editado por el Centro Cultural Español y la Radio Televisión marroquí.

La peripecia vital de Rodolfo Gil se vio afectada por diferentes motivos: su biografía va unida al apellido “Benumeya” de larga tradición familiar, de una parte. De otra, quizá la que nos parece más característica, a lo que supone la figura de un activo profesional que ha sabido transmitir la cultura española en diferentes países. Fue director de los Centros Culturales españoles, luego Institutos Cervantes, en El Cairo, ejerciendo el profesorado además en la Facultad de Lenguas de la universidad Ayn Shams y, como profesor visitante en la universidad de El Cairo; Rabat, donde ya dije que lo conocí; Tetuán, que él mismo pudo inaugurar, y , ya en 1992, en Lisboa. En este último destino ocupó además el puesto de Agregado Cultural de la Embajada de España.

Por otra parte Rodolfo Gil tuvo que enfrentarse a la situación política de aquellos años: la ejecución de su tío Julián Grimau, cuyos efectos se harían notar en la esfera internacional. Su repercusión alcanzó al mundo académico y concretamente a la Facultad de Filosofía y Letras donde Rodolfo trabajaba y preparaba su tesis doctoral. Esta no pudo presentarse en su momento por los motivos citados y tuvo que esperar al año 1982 para leerla por fin en el departamento de estudios árabes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid, gracias al interés de su ponente, el profesor Pedro Martínez Montávez, entonces rector de dicha universidad. Su título: “Teoría y prácticas mágicas en la Arabia preislámica” y obtuvo la calificación de Premio Extraordinario por unanimidad del jurado.

La huella de Rodolfo Gil en estas instituciones ha sido profunda: “Su fama – ha dicho el profesor Mhammad Benabud entre los mensajes que nos llegan por internet – se debe en parte al hecho de haber formado a muchos españoles y marroquíes (Husayn Bouzineb, traductor de la Casa Real en Rabat y Malika Embarek, especialista en la literatura marroquí, entre otros) en las universidades donde enseñó y al haber participado en encuentros culturales, como la universidad Mohammed V, de Rabat , la Sidi Mohammed Ben Abdallah, de Fez, y la Abdelmálik Essaadi de Tetuán…Sus alumnos y amigos se encuentran en todas las universidades marroquíes donde haya un departamento de Español y también en la mayoría de las universidades españolas donde figuren los departamentos de Árabe e Islam. Sus numerosas publicaciones hablan por si solas de su infatigable labor en los diversos ámbitos de estudio en los que tanto trabajó”.

Mi testimonio más reciente se refiere a dos homenajes en los que Rodolfo Gil participó dejando un testimonio muy valioso: el que dedicó la Dirección General de Relaciones Culturales de la Agencia Española de Cooperación Internacional, al embajador Alfonso de la Serna (1922-2006), con el que Rodolfo trabajó muy directamente, celebrado el 18 de junio de 2007 en el salón de actos del Museo de América y cuyas contribuciones han quedado publicadas en la revista Awraq. Estudios sobre el mundo árabe e islámico contemporáneo, Vol. XXIII(2006), págs. 179-233; el otro se refiere al hispanista marroquí Abdallah Djbilou, – ¿quién iba a decir que no llegaría a verlo editado? – catedrático de la universidad Abdelmálik Essaadi, de Tetuán, fallecido tempranamente el pasado año.

Rodolfo Gil escribió un homenaje y un recuerdo muy sentidos, el 21 de noviembre de 2007 y que figura en la página de Internet. : el hispanismo.blogspot.com, dedicados “a dos intelectuales universitarios de calidad: Soledad Gibert y Abdellah Djbilou”. De este texto escogeremos unos párrafos que bien podrían aplicarse al propio Rodolfo en estos momentos de su merecido reconocimiento : “ha sido una persona de diálogo, de comprensión y atención; un intelectual “hispanoárabe” de rigor, que crea referencia no sólo por sus escritos sino por su sola presencia activa en esta sociedad nuestra, mixta, familiar e intercambiable al sur y al norte del Mediterráneo”..

¡Ojalá se cumplan tus proyectos, querido Rodolfo, ya me contarás!

Madrid, 30 de septiembre de 2008.

P.D. Agradezco profundamente a Daniel Gil, hijo de Rodolfo, que me haya facilitado datos personales y profesionales tomados directamente de su padre. Se puede consultar el enlace a su página web:

http:www.sapiens.ya.com/gilbenumeya/index.html

Show More

Related Articles

Close
Close