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PECADO ORIGINAL DE LA CONSTITUCIÓN CHILENA Y LA TRAMPA DE LOS 2/3 Por CRISTIAN GUZMAN Z. MASTER CS. POLITICAS Y SEGURIDAD DEL ESTADO ABOGADO

Anàlisis

CRISTIAN G. GUZMAN
JUEZ ARBITRO DE SANTIAGO
ABOGADO
MAGISTER en Cs. Políticas y Seguridad del Estado
Delitos de Alta Complejidad

Los chilenos nos demoramos dos décadas en llegar al siglo XXI.

En Chile nunca a existido una Constitución Política democrática o que haya emanado del pueblo y de la soberanía popular. 

Desde nuestro origen en el siglo XIX, todas las Constituciones políticas chilenas, desde 1833 y sin excepción han sido dictadas por encargo de la oligarquía e impuestas a sangre, fuego y espada por ella.

Y algunas fueron dictadas por un solo hombre, como la de 1925, por Arturo Alessandri Palma, a una comisión de 8 personas, o la de 1980, por Jaime Guzmán a la comisión Ortuzar. Ambos hechos constan en las actas constitucionales respectivas.

En Chile solo una vez en su historia hubo una Asamblea Constituyente, en 1924, creada y liderada por Emilio Recabarren, nacido desde el caliche de las salitreras, personaje icónico que fue capaz de organizar a la clase criolla base de la clase trabajadora, cuyo único derecho era morir trabajando, sin reconocimiento alguno como ciudadanos en ese tiempo y que luego de redactarse un proyecto constitucional, Alessandri de vuelta del exilio, por petición de los nuevos ciudadanos, incluido Recabarren, las élites y los militares, se toma el poder constituyente y traiciona a todos, incluso a los militares y dicta una constitución nuevamente a la medida de la oligarquía.

Asegura su proyecto con el asesinato de Recabarren por parte de grupos afines a la oligarquía, y la promesa a los Militares de una mejora en sus salarios y pertrechos. Promesa que no cumpliría, nunca.

De modo que en Chile todas las constituciones han tenido en su génesis un pecado de origen que en el ADN, las ha privado de toda legitimidad y en consecuencia cualquier análisis o estudio de su contenido y efectos está preñado de invalidez y en lo único que puede resultar es el intento de establecer por la vía de la funcionalidad jurídica una falsa legitimidad a su existencia y a su eficacia.

Ningún estudio o análisis constitucional que se haya hecho en las que se han promulgado puede ser válido o ético si no se considera el mal que han causado y el abuso a los derechos esenciales de las personas.

En el reciente acuerdo de madrugada, realizado por una parte de la clase política, en la cuidad de Santiago de Chile, se restaron de firmar el acuerdo, el Partido Comunista y una parte importante del Frente Amplio y de la Izquierda más radical chilena. Se restan, primero, porque no están dispuestos a renunciar a una Asamblea Constituyente que sea integrada cien por ciento por ciudadanos sin cargos políticos, segundo, porque no estaban dispuestos a negociar la renuncia a perseguir las responsabilidades por las violaciones a los DDHH. En tercer lugar, por los altos quórum que impusieron de 2/3 para aprobar las normas constitucionales que adopte la asamblea constituyente. Son quórum enormes, muy difíciles de lograr sin el acuerdo transversal de todos los partidos y sectores políticos.

Es sabido y comprobado por las investigaciones penales y las condenas, que hay una gran cantidad de congresistas y políticos que son financiados por los grupos económicos y las empresas transnacionales lo que incide y determina directamente el contenido de las legislaciones que emanan del congreso. Es decir, hay muchas leyes que dan enormes beneficios económicos a grupos empresariales, en desmedro de las personas, que fueron hechas mediante la corrupción política. Especialmente para favorecer a las 7 familias que controlan casi la totalidad de la industria y el mercado chileno.

Así, el “Acuerdo por la paz” que fue suscrito por los representantes de los partidos políticos, que en Chile ya no tienen legitimidad, es un magro intento por bajar las protestas y un muy buen truco de magia presidencial para seguir imponiendo una sola visión del Estado y su rol respecto del ciudadano, especialmente el de subsidiario de las grandes empresas que legislan a su amaño pagando los favores de la mayoría de los políticos. Hay evidencia sustancial de esa corrupción y sendas querellas y sentencias judiciales.

A esta hora, la gente ya se dio cuenta de la letra chica de ese acuerdo sobre convención constituyente. Una letra chica que ya ni siquiera se disimula. Hay, en este momento, más de cien mil personas protestando en la re bautizada “Plaza de la Dignidad”, precisamente porque han advertido que este acuerdo entre cuatro paredes es un FRAUDE.

Pretenden elegir a los miembros de la constituyente de la misma forma como se elige el parlamento, lo que significa que éste será en los hechos, UN NUEVO PARLAMENTO constitucional paralelo y con la misma proporción de integrantes que el que ya existe.

Ni siquiera tuvieron el decoro de impedir que estos constituyentes puedan postular al congreso una vez cumplido su trámite y podrán hacerlo en apenas un año. Es decir, los candidatos que van a formar listas con derecho de arrastre, auspiciados por los partidos que ya están en el congreso, tendrán una plataforma perfecta para sus campañas de postulación al congreso legislativo y desde allí seguir promoviendo las leyes hechas a la medida en la constituyente. Y lo que es peor, estos candidatos pueden ser auspiciados por los partidos que ya están financiados por las empresas que les ordenan qué y cómo legislar. Es decir, corrupción sobre corrupción.

Dicho de una manera simple, van a patear el balón y a cabecear el gol al mismo tiempo. Los chilenos, ya no somos niños, y nos damos cuenta de inmediato de estos trucos baratos en la política.

Lo volvieron a hacer, la clase política ha alcanzado su grado más profundo de putrefacción, un tipo de corrupción que por medio de la auto fagocitación se consume a sí misma para impedir la pérdida de sus privilegios.

El acto propagandístico de la reciente madrugada es una demostración de la debacle en la que han caído, bajo la supuesta premisa y amenaza de un golpe de estado, que los medios masivos de comunicación han colaborado instaurando la hipótesis del miedo a la intervención militar.

Pero todos sabemos que un golpe de estado en esta época es inviable, tanto para la oligarquía que pierde su calma, como para las élites que pierden sus privilegios y para la clase empresarial que debe pensar en buscar otros mercados y cómo salir de su zona de confort.

Todos saben que un ejército golpista tiene las puertas cerradas en la industria formal de Armas y de pertrechos.

Todos saben que las puertas de la comunidad internacional se cierran estrepitosamente a aquellos que violan los Derechos Humanos. Y en Chile se han violado hasta el hastío en solo 28 días.

Ahora, se ha iniciado un proceso constituyente que tiene como hitos que en Abril del 2020 se realizarán las elecciones de los miembros de la Convención Constituyente y el Octubre próximo un plebiscito para aprobar o rechazar el proyecto constitucional de la Convención Constituyente. Plazos que parecen muy lejanos, pero que tienen el objetivo de descomprimir la actual tensión política.

Es indudable que la propuesta alcanzada por el acuerdo es insuficiente y que no cumple las expectativas de la ciudadania, ya que las movilizaciones no han cesado. Es más, es probable que se agudicen dado que el mecanismo propuesto por los políticos es engañoso, tanto por los altos quorums como por la fórmula, que contempla, como hemos dicho, un sistema de proporcionalidad distrital igual al que se usa en las elecciones de Diputados, lo que amarra la integración de la Convención o Asamblea Constituyente a las proporciones de las facciones políticas que actualmente se encuentran en ejercicio, manteniendo en la gente la idea de que esto se está “cocinando” a puerta cerrada igual que cualquier elección parlamentaria. El desprestigio de la clase política está en su nivel más agudo y bajo de nuestra historia.//

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