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Pegasus, DDHH y sus subterfugios: La doctrina del odio

Son lo que no pretenden

La Asamblea General de la ONU aprobó, ayer, por unanimidad de sus 193 Estados miembros, una resolución presentada por Marruecos sobre la lucha contra el discurso de odio, que proclama, por primera vez en los anales de las Naciones-Unidas, el 18 de junio de cada año como « Día Internacional contra el Discurso de Odio ».

Ante las convulsiones que conoce nuestro mundo, o parte de él, víctima de los que hacen de los valores morales una moneda de cambio y un campo de su batalla, es necesario mucho más que un Día internacional.

La actual campaña selectiva contra 11 de los 40 países en la “lista negra” de AI y consorcio y sus incongruencias aconseja a obrar por un mundo mejor, sin disfrazados y sin metamorfoseados, en el que los Derechos Humanos son lo que son y no lo que algunos quieren que sean.

Todo el mundo es consciente de lo que es acusar sin pruebas y, lo màs grave, no una vez, sino mil.

Pero aun, ninguno de los acusadores revela como, con qué prerrogativas y con qué derecho han podido acceder a los teléfonos personales del presidente francés para averiguar lo que pretenden.

En efecto, en nombre de unos Derechos Humanos atrozmente politizados e incluso manipulados, Marruecos ha sido, desde hace lustros la victima atroz de campanas de desestabilización, de calumnias y de difamaciones.

Como siempre, ha aportado irrefutables pruebas y evidencias sin que se tuvieran en cuenta. Un refrán marroquí dice “protesta porque no tiene masa en su vientre”.

En este orden de ideas, por más que sentiente no se logra comprender qué interés vital podrá tener Marruecos para espiar a las máximas autoridades del Estado francés cuando conocemos el grado de cooperación política y estratégica entre los dos países en muchos sectores, en particular en la lucha contra el terrorismo y, justamente, el espionaje.

Es más, hasta nueva concepción de las cosas, se espía a los enemigos y detractores y no a los amigos y aliados. De hecho, las trasnochadas acusaciones alcanzan un inimaginable grado de incoherencia cuando incluyen al rey de Marruecos entre los espiados y a su país entre los espías.

Marruecos ha dicho lo que piensa, el tiempo le dará razón, pero esta vez a las mafias se les caerán las máscaras… de derechos humanos.

¡Hágase luz!.

 

 

 

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