Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Polisario: ¿Congreso, qué congreso, su congreso?

El Ghali se queda solo con sus prisiones, sus milicianos, sus garrotes y su ignorancia

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a   llegar.

En los campamentos se vive, desde hace semanas, un panorama absolutamente surrealista. Ni programas, ni visiones, ni proyectos ni esperanzas. Solo las prisiones, la represión, la coacción, la represalia, las amenazas y el folclórico garrote.

¿Se atrevería el Polisario a organizar un congreso en buenas reglas? El 99% optaría por un cambio radical, por un mayor realismo y por el abandono del espejismo y la servidumbre. La gente se ha cansado de la literatura cubana, de los discursos huecos, de analfabetos, marionetas del mentor argelino. Es exactamente lo que, en parte, exige la ISC y es exactamente porque acapara la atención y la simpatía de la inmensa mayoría de esta población.

¿Congreso? Su congreso. El de Brahim Ghali, sus empleadores argelinos y sus 40 milicianos que castigan a una población que no tiene donde soportar más daño o dolor.

Nuevo fenómeno en estos tristes campamentos: Muchos jóvenes se han negado a vierta y públicamente a aceptar “colaboración” con la cúpula a cambio de “importantes privilegios”.

El Ghali se queda solo con sus prisiones, sus milicianos, sus garrotes y su ignorancia.

En Tinduf emerge una nueva conciencia de desafío y de verdadero espíritu saharaui.

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