Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Polisario/ Después del “Congreso”: Crispación y golpes bajos

El rencor

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a   llegar.

Noticias concordantes procedentes de Rabuni indican que al “presidente” vitalicio Brahim Ghali se le han añadido otra enfermedad a las que padece ya. Su nuevo mal es mortal: la locura. El hombre ni duerme ni come y se pregunta solo lo que ha hecho para llegar a este extremo.

Los argelinos lo adiestraron a él, pero no a todos. Y todos se levantan al día siguiente de la mascarada de Tafirite, exigiendo una margen de maniobra y un poco de dignidad. Dicen las fuentes que hasta sus más leales y próximos colaboradores le imponen un poco de orgullo ante el mentor argelino, que deje de prosternar y que hable como lo pretende.

Ghali sabe que no puede. Nació para obedecer. Lo hizo toda la vida y ahora que es “presidente, por obra y gracia de Argelia, una postergación y una prosternación de más o de menos no tiene la menor importancia. “¡Al diablo la dignidad y el orgullo!”. Fuerte con las garantías argelinas de que ninguno de estos “aguafiestas” (demás miembros de la dirección del Polisario) le puede mover de donde está, Ghali, suplica, grita, amenazde rodilla y se desmorona.

¿Pero quién le quiere derrocar? Juego sucio argelino para mantener de rodillas a los que se han olvidado de la obra del amo y comienzan a creer que valen para algo.

Ruido de sables. En Tindouf los “dirigentes” se ven de reojo.

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