Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Polisario/Guergarat Piratería

Coletazos

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a   llegar.

La nueva travesura del Polisario en Guerguirat ilustra elocuentemente el estado de vegetación y de coletazos de la banda.

La ONU y el mundo ha dicho su palabra, pero, en su afán de seguir engañando a la gente con el cuento de “los territorios liberados”, los caciques del Polisario proceden a todo tipo de violaciones de las resoluciones pertinentes del consejo de seguridad de Naciones Unidas.

Dicho esto, sería interesante explicar los entresijos de esta nueva piratería:

Por instrucciones argelinas, desde su “congreso”, Brahim Ghali sustituye a sus próximos colaboradores (máximos dirigentes de la banda con cierto conocimiento de la realidad de la causa y de la prosperidad y desarrollo que vive actualmente el Sahara marroquí) por otros más jóvenes sin idea de lo que pasa ni aquí ni allí, pero con la desenfrenada ambición de “llegar” como llegaron muchos otros. Es decir, enriquecerse hasta poder tener peluquero canario a 250 euros y todas las dietas pagadas (ida y vuelta y primas de desplazamiento, entre otras).

Uno de mis familiares figura entre estos últimos y lo que me cuenta del Sahara marroquí, lo que le habían contado, es realmente surrealista.

Un lavado de cerebro y un estado absolutamente pasajero de los que ejecutan con ojos ciegos.

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