Cronica desde TindufFeatured

Polisario: Los coletazos…

Oidos de mercader

 

 

No importa quién soy ni cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

¿A quién puede engañar Ghali y sus 40 ladrones con sus convulsiones de locura y su baja acrobacia sobre Guerguirat? ?Quién ignora aun lo que ha dicho la ONU y lo que pueda decir de nuevo al respecto?

En estos tristes campamentos, desde hace tiempo no es fácil desviar la atención sobre los verdaderos problemas: la feroz represión, las prisiones, los arrestos, la tortura y la verdadera dimensión de una milicia con, cada vez, más bajo perfil.

Estados Unidos y muchos otros países y la ONU han dicho su palabra. ¿Quién persiste en el error y quién puede cambiar la coyuntura?  ¿Venezuela o Cuba?

Es el comienzo del fin y los mentores de ayer, casi todos en la cárcel o en fuga no van a poder seguir ordeñando… tanto que en el seno de la misma cúpula comienzan los golpes bajos y la exigencia de una alternativa a Ghali y su mafia.

Son tiempos de claridad en la visión y de valentía en reconocer el error. Los que están en las prisiones hoy, ayer eran otra “cosa”. Así las cosas, nadie puede garantizar quién puede salvarse de las prisiones de Ghali y los suyos.

En estos tristes campamentos la inmensa mayoría de la gente comienza a realizar lo que, realmente es y, sobre todo, lo que puede ser.

Lo posible y lo imposible y entre ambos, un grupo de sin escrúpulos que aprovecha la desgracia de estos secuestrados para enriquecerse y para enriquecer a sus padrinos que aún contaminan el panorama político argelino.

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