Cronica desde TindufFeatured

Polisario/Marruecos La vía de la razón

Ni vecedores ni vencidos

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

Desde hace semanas, las discusiones entre familias o grupos giran en torno a la “acuciante necesidad” de abrir un canal de dialogo con Marruecos “mejor de Argelia y lejos de la ONU”.

Juzgada de “subversiva”, la idea y la reflexión no ha parado. Al contrario, se ha desarrollado y comienza a abarcar los detales y los pormenores.

La gente cree que es estéril e inmoral aceptar esta situación durante 43 años y que puede durar otros 43 años o más. Algunos creen que “directamente con Marruecos encontraremos la solución”.

Los intereses de la población de estos tristes campamentos no es la misma que la de Argelia y mucho menos que la de su Polisario.

Durante 43 años la gente se ha privado de los esencial, perdiendo hasta su dignidad y su orgullo para que se venga a decirles que en Ginebra había los legítimos representantes de las poblaciones saharauis que, por cierto, eran marroquies y orgullosos de serlo.

Hablando se comprende la gente y hablando se encuentran las soluciones. Una iniciativa de bravos que escribiría la historia de la región. Ni vencedores ni vencidos

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