Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Polisario: Somnoliento

Hablan de milagros… un lenguaje del agonizante.

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a   llegar.

La gente se pregunta “además de imponer a su candidato único, a qué le ha servido a Argelia el reciente “congreso”. A excepción de folclóricas “puntualizaciones”, los dirigentes argelinos no parecen tener tiempo para el Polisario y sus caciques.

De hecho, dentro del establishment argelino nunca hubo más y más profundas e irreconciliables discrepancias sobre el modo de tratar con el Polisario y con sus inútiles, infructuosos y costosos proyectos separatistas. La mayoría de los nuevos dirigentes argelinos conocen de sobra los modos mafiosos de los dirigentes polisaristas y su insaciable sed de enriquecerse ilícita y rápidamente.

Tanto es así que su propio candidato único y vitalicio se encuentra, desde hace semanas, totalmente aislado. Nadie le contacta, nadie le contesta, nadie le oye.

El Polisario como simple artículo de decorado. Un indicio de que la guerra fría puede volver. Una falsa imagen de una Cuba caricaturizada.

Los países africanos comienzan a percibir la cuestión como un estorbo, como una molestia como un mal impuesto por Argelia, pero en vías de desaparición.

Hablan de milagros… un lenguaje del agonizante.

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