Política y Psicología Popular: Mi peluquero y yo: Kabranat: ni cortan ni dejan crecer

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Cuando se cae la careta, ni el peluquero la arregla.

Mi peluquero y yo conversamos sobre todo: cortes, cumbres, y cucarachas geopolíticas. Esta semana, mientras me rebajaba los lados, me soltó que los kabranat —esos generales argelinos cuyo apodo viene de “caporal”, pero en versión degradada— están más perdidos que peine en desierto. Según él, Argelia ya no peina ni en su propio foro.

—¿Quiere el corte clásico o estilo kabranat?

—¿Kabranat? ¿Y ese cuál es?

—Corte autoritario. Sin preguntar, sin espejo y con garrote. Como hacen en Argelia.

—Ah, el famoso look “se te acabó la autonomía”.

—Exacto. Con raya al medio y censura en los bordes.

—¿Y qué hay de nuevo en la república del petróleo sin pan?

—Han montado otra función de “solidaridad con el pueblo saharaui”.

—¿En serio? ¿Todavía con eso?

—Como si fuera 1976. Mismo libreto, nuevos disfraces. Solo cambian el telón de fondo.

—¿Y todo para qué?

—Para tapar lo de Zuma.

—Claro. Zuma vino, dijo la verdad y les dejó temblando.

—Desde entonces, cada embajada argelina es una sala de urgencias diplomáticas.

—¿Y el foro? ¿Novedades?

—Las de siempre: que Marruecos es malo, que el Polisario es la salvación, y que ellos solo pasan por ahí.

—Ni Naciones Unidas se traga eso.

—Pero ellos insisten. Como si repetir una mentira la hiciera creíble.

—¿Y la gente?

—La gente hace cola para el pan, pero los generales hacen cola para micrófonos.

—¿Y el gas?

—Exportado. ¿Y la libertad? Internada.

—¿Y el Polisario?

—Un viejo activo tóxico que ni ellos quieren ya. Pero les da para hacer ruido.

—Kabranat. Tremendo invento.

—De “caporal”, pero con ego hipertrofiado y cuenta suiza.

—Argelia, ese país que inventó la diplomacia de la cortina de humo.

—Y ahora quieren que el humo tape las grietas del régimen.

—Pues que no se olviden que el viento sopla del Atlántico.

—Eso.

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