Siempre ha sucedido que cuando la derecha española está políticamente arrinconada o con la proximidad de las elecciones y tiene necesidad en captación de votos, ha utilizado metódicamente dos importantes temas con los que confundir y alarmar a la sociedad española. Uno de ellos el terrorismo y el otro la inmigración.
En lo relacionado con el terrorismo de ETA la situación ha cambiado completamente. La banda terrorista está disuelta y queda solo pendiente el tema del traslado de sus presos a prisiones del País Vasco. En sus primeros días como presidente del Partido Popular, Pablo Casado expresó su abierta oposición y amenazó con movilizar a la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Maixabel Lasa, viuda de Juan Mari Jáuregui, asesinado por ETA siendo éste gobernador civil de Guipúzcoa, respondió directamente al líder “pepero” ante sus declaraciones: “Escuché a Casado decir que iba a movilizar a las víctimas. Nosotros ya sabemos cuándo movilizarnos” También Consuelo Ordoñez, hermana del parlamentario vasco Gregorio Ordoñez, asesinado en 1995 por ETA y presidenta de la asociación COVITE (Colectivo Víctimas de Terrorismo), se desmarcaba de la opinión del PP al considerar que el traslado de los dos presos etarras era “absolutamente legal” y añadía “El PP es el primero que ya tenía pactados con el PNV (Partido Nacionalista Vasco) los acercamientos –de presos de ETA- y la transferencia de prisiones. Ahora, si quiere hacer política de oposición, que la haga.”
Ante este revés en su propia cara, Pablo Casado continuará sus argumentos por la línea que le resta, la inmigración.
Criticó la decisión de Pedro Sánchez, el presidente español que decidió dar entrada al puerto de Valencia al buque cargado de personas que llevaba varado varios días en el mar sin autorización para hacerlo en otros puertos, como el italiano, y se permite datos erróneos que favorezcan el alarmismo social para mostrarse él y su partido como los « salvadores de la causa ».
Y este alarmismo es la misma táctica usada por las voces de la radicalización, cada vez más fuertes en Europa, donde priman las politicas de freno indiscriminado que se anteponen a las propias vidas de los inmigrantes. El polémico Theo Franken, responsable belga de Migración, es uno de los ejemplos de las cada vez más permisivas políticas xenófobas en la unión. Franken ha dado a entender en sus declaraciones que son ONG como Médicos Sin Fronteras los que favorecen con sus acciones de salvamento “el efecto llamada” así como no apoyar la existencia de controles de los traficantes de personas en el Mediterráneo, porque incitan a otros a venir.
No parece importarle a la comunidad europea que miles de los inmigrantes sean abandonados a su suerte en el mar o en desierto, no importa que sean asesinados o violados. Mientras que estén contenidos y no se acerquen a las fronteras europeas, la guardia costera libia gozará del beneplácito europeo.
Ahora ya “no se llevan los derechos humanos”. Ahora los mensajes lanzados a la población son alarmistas, que por algo vienen a quitarnos el pan de la boca o a imponer su religión. “Salvar negros” (expresión recogida en las redes por sus críticos) no está en la lista de prioridades de la Unión Europea. Hay que salvar los cargos directivos y las posaderas poderosas de los que manejan los recursos robados a los que ahora piden ayuda. Hay que salvar a la banca y sus banqueros y los paraísos fiscales.
Y no piensen que el número de inmigrantes ha crecido con respecto al récord alcanzado en 2015-16, con más de un millón y medio de personas, pudiendo hasta cierto punto entender que se encendieran las alarmas, sino que al contrario, ha descendido. Pero sí tengan un dato en cuenta, confirmado en el informe de A.I.: lo que sí ha sufrido un escalofriante incremento es el número de personas que mueren intentando acceder a Europa.
La culpa es de “esta gente” que tiene la mala costumbre de querer sobrevivir a toda costa, aunque ello le suponga dejar sus propias raíces o embargarse con las mafias o enfrentarse a un futuro más que incierto hacia alguna posibilidad. La culpa es de “esta gente” que prefiere huir hacia “el diablo o el profundo mar azul” aunque ambos pueden tragársele.
Ante esta dialéctica seguro que puede hallarse una salida satisfactoria, pero para ello debe haber voluntad. La solución es inalcanzable si las políticas migratorias adolecen de consenso, orden y financiación y dan respuestas arbitrarias y remiendan a capricho la gran brecha de la inmigración.
Se hace necesario avergonzar públicamente a quien vulnere los derechos humanos, aunque esta vez se trate de la propia Unión Europea.
Analicémoslo bien, el « enemigo » no es el pobre infeliz que busca una vida mejor.