CrónicasFeaturedLas cosas lo que son

Politizar lo “impolitizable”: Confundir la velocidad con el tocino

 Los hay que, pese a su posición en sus gobiernos o fuera de él, sueltan las riendas a sus lenguas sin tener ni zorra idea de lo que hablan.

De esta forma, por un puñado (o bolsa) de votos se “aventura”, como diría el otro en temas que no los creen ni los que desean apoyar o defender.

¿Quién, a estas alturas, se atrevería a hablar de derechos humanos en el gulag argelino de Tinduf o hacer anecdóticas comparaciones con el Sahara marroquí?

¿Quién puede auspiciar la militarización de los pequeños o su venta para su conversión religiosa en Andalucía? ¿A quién se le ocurra hablar del Polisario sin recordar que sus prisiones están abarrotadas, enviando el superávit a la Argelia, mentora? Finalmente ¿Qué ministro de relaciones exteriores puede hablar sobre un tema sin saber sus desarrollos y su evolución?

Más papista que el Papa, pero más descuidada que Sancho Panza, la canciller noruega contaba una historia de Laurence de Arabia para satisfacer a los que nunca se sentirían satisfechos sin ver a los árabes y musulmanes matarse entre sí.

Derechos humanos ¿Cuántas incongruencias se cometen en tu nombre?

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