La posición adoptada recientemente por Portugal respecto al Sáhara marroquí no es producto de una coyuntura política ni una cortesía diplomática puntual. Es, más bien, el reflejo de una trayectoria histórica de cooperación, entendimiento y proximidad geoestratégica entre Lisboa y Rabat, consolidada a lo largo de siglos de relaciones bilaterales.
Portugal entiende que la estabilidad de Marruecos y la preservación de su integridad territorial son factores clave para la seguridad del Atlántico sur y del espacio euro-mediterráneo. Cualquier alteración de este equilibrio tendría consecuencias directas para toda la región, incluida la propia Europa.
Desde la firma del Tratado de Amistad Luso-Marroquí en 1774, las relaciones entre ambos países han evolucionado dentro de una lógica de respeto mutuo e intereses compartidos. Seguridad regional, lucha contra la migración irregular, cooperación frente al extremismo… son solo algunas de las áreas donde ambos Estados han reforzado su asociación.
En este marco, el investigador portugués Tiago Moreira de Sá subrayó que “Marruecos no solo es un socio clave para Portugal en la ribera sur, sino también un actor estratégico esencial para la seguridad euroatlántica”. Palabras que reflejan una visión asentada entre la élite estratégica portuguesa.
Del mismo modo, el exministro de Asuntos Exteriores António Martins da Cruz fue claro al afirmar que “la solución a la cuestión del Sáhara debe basarse en el realismo político y no en viejas ilusiones revolucionarias”, en alusión al respaldo creciente a la propuesta marroquí de autonomía como salida viable y duradera al conflicto.
El apoyo portugués a la resolución 2756 del Consejo de Seguridad de la ONU —que insiste en una solución política, realista, pragmática y duradera— debe interpretarse en este contexto. Marca, además, un nuevo paso dentro del cambio de paradigma en Europa: cada vez más países, como España, Alemania, Países Bajos, Hungría, Rumanía o Chipre, se alinean con la posición marroquí.
Este respaldo a la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara aísla aún más a la tesis separatista dentro del espacio europeo e internacional. También evidencia el debilitamiento de la influencia argelina y del Frente Polisario en las dinámicas diplomáticas del continente.
Más allá del plano político, se trata también de un reconocimiento tácito a la diplomacia marroquí liderada por Su Majestad el Rey Mohammed VI, que ha sabido construir alianzas estables y ganar credibilidad como actor regional responsable y confiable.
Un giro europeo irreversible
El reconocimiento portugués se suma así a un consenso creciente dentro de la Unión Europea sobre la centralidad de Marruecos en la estabilidad regional. Es un indicio del agotamiento del discurso separatista, que va perdiendo terreno fuera del limitado espacio de sus apoyos tradicionales.
El reconocimiento portugués se suma así a un consenso creciente dentro de la Unión Europea sobre la centralidad de Marruecos en la estabilidad regional. Es un indicio del agotamiento del discurso separatista, que va perdiendo terreno fuera del limitado espacio de sus apoyos tradicionales.
En definitiva, la postura de Portugal no solo consolida el vínculo bilateral con Marruecos, sino que añade un nuevo bloque al muro de respaldo internacional a la marroquinidad del Sáhara. También envía un mensaje claro: el futuro de la región pasa por soluciones realistas, y no por ficciones ideológicas ancladas en el pasado.
*Lahoucine Bekkar Sbaai, Abogado en el Colegio de Abogados ante los Tribunales de Apelación de Agadir y Layun
Investigador en migración y derechos humanos
*Lahoucine Bekkar Sbaai, Abogado en el Colegio de Abogados ante los Tribunales de Apelación de Agadir y Layun
Investigador en migración y derechos humanos
Traducido al àrabe por: Abdessamad Benyaich
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