Crónica de SoussanFeaturedFin de Trayecto

Presencia árabe en Venezuela, Ecuador y Colombia: hacia una relación de ósmosis cultural (1880-1990) (Cuarta parte) Por Fikri SOUSSAN

Estudio

Fikri SOUSSAN
Profesor en el Departamento de Estudios Hispánicos de Dher El Mehrez en Fez

La era contemporánea (1945-1990): integración

Esta etapa contemporánea, que abarca desde 1945 hasta 1990, presenció una migración que coincidió con la era de la tecnología punta: aviación, teléfonos inalámbricos o por satélite, televisión masiva, telefax, entre otros. Todos estos avances hicieron posible transferir sus propios patrones intactos al nuevo lugar. Algunos conservarían estos patrones intactos, especialmente aquellos que siempre habían contemplado un regreso a su tierra natal. Otros los amalgamarían con esquemas híbridos que encontraron al conectar con aquellos que vinieron antes que ellos o con los del país receptor (es decir, aquellos que vinieron para establecerse definitivamente). Esta etapa es la más extensa en comparación con las anteriores. Sin embargo, la mayoría proclamaba su intención de regresar a su país de origen, ya que los emigrantes, excepto los palestinos, procedían de países recién independizados. A oídos nacionales, la idea de emigración podría confundirse con el abandono de la patria. Al agradecer un café o una cena típica, se levantaban para aclamar, casi mecánicamente: « ¡FI l BLAD! » (¡Que sea en la Patria!).

Hay una presencia árabe significativa en Latinoamérica en términos de números: 10 millones de ciudadanos, y tiene una gran importancia política y económica. Brasil y Argentina son los dos países latinoamericanos con mayor presencia árabe.

La situación de los países de emigración (1850-1930)

Siria y Líbano durante la época de la emigración (1860-1930)

  • Desde mediados del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial.

  • La situación política

Cuando comenzó la emigración desde el Cercano Oriente a países de ultramar en la segunda mitad del siglo XIX, los países árabes ya estaban bajo dominio turco desde hace varios siglos. A partir de la primera mitad del siglo XVI, los turcos habían sido la potencia hegemónica en todo el mundo árabe, excepto en Marruecos (saadíes). En el siglo XIX, el temible Imperio Otomano había llegado a un estado de debilidad y decadencia que presagiaba su desmembramiento. Muchos de sus territorios buscaban la independencia. Además, las potencias europeas aspiraban a dominar el Oriente Medio. Egipto, donde gobernaba la familia de Mohamed Ali, también representaba una amenaza para los intereses europeos en la región. En 1832, las tropas de Ibrahim Pachá, hijo de Mohamed Ali, invadieron Siria, Líbano y Palestina. La presencia de fuerzas egipcias en el Cercano Oriente aumentó la intranquilidad de los europeos, que, como se ha dicho, aspiraban a dominar el Oriente Medio. En 1840, las potencias europeas enviaron sus tropas para expulsar a los egipcios de Siria, Líbano y Palestina, que volvieron a caer en manos de los turcos. En 1842, el gobierno otomano ordenó la división del monte Líbano en dos partes, una gobernada por los drusos y otra por los maronitas. Siempre hubo graves problemas entre estas dos sectas, y se registraron sangrientos incidentes en 1860 entre drusos y maronitas. Francia e Inglaterra siempre estaban vigilando sus intereses en los territorios otomanos para poder controlar sus rutas comerciales.

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