Crónica de SoussanFeaturedFin de Trayecto

Presencia árabe en Venezuela, Ecuador y Colombia: hacia una relación de ósmosis cultural (1880-1990) (Quinta y última parte) Por Fikri SOUSSAN

Estudio

Fikri SOUSSAN
Profesor en el Departamento de Estudios Hispánicos de Dher El Mehrez en Fez

CAUSAS DE LA EMIGRACIÓN

Causas Socioeconómicas:

Las duras condiciones de vida en las regiones de Siria y Líbano obligaron a muchos de sus habitantes a mirar hacia tierras más prometedoras en la mitad del siglo XIX, que estaban en países de ultramar y eran más propicias para sus aspiraciones de bienestar y seguridad en el futuro. Grupos de pequeños comerciantes y artesanos, cuya situación económica empeoraba notablemente, comenzaron a abandonar sus lugares de residencia en busca de horizontes más prometedores en países extranjeros. Crisis económicas agudas azotaron implacablemente el campo durante este tiempo. La sequía, las langostas y la filoxera hicieron imposible revitalizar la agricultura en un tiempo razonable. Otra de las causas de la emigración fue el crecimiento demográfico desordenado en ciertas zonas. Por lo tanto, en las áreas más pobladas, surgió el problema con un perfil más definido. El éxodo de cristianos hacia el norte en busca de protección francesa también contribuyó. La alta presión demográfica en el Cercano Oriente se explica por la estructura patriarcal de la familia, en la que el número de miembros determina su representatividad y valor social. En la modesta familia campesina, el número de manos significaba principalmente trabajo y seguridad económica, pero en los difíciles años de finales del siglo XIX, la tendencia demográfica provocó una tensión problemática (desajuste, alteración) entre producción, fuente de riqueza y población, lo que resultó en estancamiento y falta de expectativas de vida. Las nuevas generaciones veían en la emigración una forma de romper este cerco.

Causas Religiosas:

La cuestión religiosa desempeñó un papel importante en la emigración. Cuando Ibrahim Pachá conquistó Siria y Líbano, promulgó algunas leyes beneficiosas tanto para musulmanes como para cristianos, permitiéndoles participar en los consejos locales. Pero una vez que las tropas de Ibrahim se retiraron, los incidentes entre musulmanes y cristianos fueron continuos, y la tensión degeneró en masacres en 1841 y guerra civil en 1845. En 1860, los trágicos sucesos entre seguidores de diferentes sectas llevaron a muchos cristianos de Siria y Líbano a refugiarse en el Monte Líbano. Todos estos disturbios crearon un ambiente de pánico entre los cristianos, que se veían seriamente amenazados en sus vidas y propiedades. Después de la masacre de 1860, un buen número de comerciantes cristianos emigró a Chipre, entonces colonia británica que disfrutaba de cierta prosperidad económica. Otra corriente se dirigió a Egipto, gobernado por la familia de Mohamed Ali, que permitía a los cristianos sirios y libaneses establecerse y participar activamente en la economía del país. Cuando estalló la revolución de Ahmed Orabi contra los ingleses en 1882, muchos comerciantes sirios y libaneses prefirieron salir de Egipto y dirigirse a Europa. Los ingleses facilitaron su salida proporcionándoles barcos y pasajes gratuitos hacia países como Italia, Francia e Inglaterra, que ofrecían un terreno propicio para la actividad comercial. En esas fechas, los comerciantes árabes en Siria y Líbano, que habían estado en contacto con extranjeros, fueron atraídos por las ganancias logradas por sus homólogos europeos. A los comerciantes árabes residentes en Europa no les resultó difícil formarse una idea sobre las posibilidades del Nuevo Mundo para el desarrollo de sus actividades. Después del éxito logrado por aquellos que participaron en algunas exposiciones en EE.UU., no faltaron nuevos emigrantes que llegaban, como todos, en busca de fortuna y expansión de sus negocios.

Causas Culturales:

A partir del primer cuarto del siglo XIX, las misiones religiosas extranjeras, sobre todo norteamericanas, mostraron interés por el Cercano Oriente. Su papel trascendía los meros objetivos religiosos y se inscribía en el terreno cultural (enseñanza). Estas misiones enviaron a muchos jóvenes árabes a continuar sus estudios de posgrado o realizar trabajos de traducción (como la Biblia) en universidades norteamericanas. Un cierto número de estos estudiantes árabes prefirió quedarse definitivamente en EE.UU., mientras que otros regresaron a sus países. El efecto propagandístico y difusor de estos viajeros no se hizo esperar. Al mismo tiempo, contaban una y otra vez las « maravillas » que conocían en esos países. Todo esto era un estímulo para anhelar ese mundo, medio fábula, que representaba América. La vida en Siria y Líbano era para sus habitantes un caminar entre sombras. Las estructuras sociales, económicas y políticas en franca decadencia ofrecían otra imagen desesperanzadora del futuro.

La mayoría de ellos pensaba pasar solo una temporada en el nuevo país, ahorrar un buen dinero y regresar a la patria. Pero el éxito alcanzado y la familiarización con una sociedad desarrollada les animaron a quedarse definitivamente. Las cartas unían al emigrante con sus familias y amigos al otro lado del océano. Relataban aventuras, novedades y detalles atrayentes que ilusionaban a los jóvenes y los lanzaban a la conquista de un porvenir mejor. Un pensamiento común bullía en la mente de muchos jóvenes sirios y libaneses: emigrar.

Conclusión:

La diáspora árabe en América Latina representa un fenómeno complejo que abarca varias etapas históricas, influenciado por factores socioeconómicos, políticos, culturales y religiosos. Desde mediados del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, ciudadanos de Siria y Líbano, enfrentando condiciones de vida difíciles y una situación política convulsa bajo el dominio otomano en sus países de origen, buscaron oportunidades en países de ultramar, principalmente en América Latina.

Las causas socioeconómicas, como la pobreza y las crisis agrícolas, junto con tensiones religiosas entre comunidades, jugaron un papel clave en la emigración. A lo largo del tiempo, esta diáspora experimentó una integración más profunda en las sociedades de acogida, moldeada por las circunstancias políticas y tecnológicas de cada época. La llegada de nuevas tecnologías de transporte y comunicación facilitó el contacto y la integración, sin perder la conexión con las raíces culturales y familiares.

Los árabes que llegaron a América Latina conservaron y adaptaron su identidad cultural y tradiciones, contribuyendo significativamente a la vida económica, política y social de sus países de adopción. Venezuela, Colombia y Ecuador, además de Brasil y Argentina, destacan como naciones con una presencia árabe significativa, marcando un legado cultural y económico palpable en la región.

La diáspora árabe en Venezuela, Colombia y Ecuador se presenta como un testimonio de resiliencia y adaptabilidad, fusionando elementos de sus culturas de origen con las de las tierras que los acogieron. Esta interacción histórica ha dejado una huella perdurable en la configuración social y económica de los países latinoamericanos, mostrando la riqueza y diversidad cultural que caracteriza a la región.

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