Crónica de SoussanFeaturedFin de Trayecto

Presencia árabe en Venezuela, Ecuador y Colombia: hacia una relación de ósmosis cultural (1880-1990) (Segunda parte) Por Fikri SOUSSAN

Estudio

Fikri SOUSSAN
Profesor en el Departamento de Estudios Hispánicos de Dher El Mehrez en Fez

Se afirma que este conjunto de países adyacentes e integrados, secundarios en el escenario de las grandes migraciones transoceánicas, se convertirá con el tiempo en uno de los asentamientos más fértiles.

El recién llegado inmigrante se encuentra en Venezuela, como bien lo describió uno de sus presidentes, Guzmán Blanco: « como un cuero seco, se pisa por un lado y se levanta por otro ». Este país, este « cuero », pasaría todo el siglo XIX agitado, levantándose aquí y allá, con ligeros momentos de paz.

Prácticamente desde 1830 hasta el siglo XX, el país ardió en revoluciones (36) como una sábana en llamas. No había un estado orgánico, estabilidad económica ni un clima moral idóneo. ¿Por qué? Por la postración económica: el pueblo y los soldados se quedaron sin nada, mientras que el caudillo se enriquecía y apetecía el mando, y por la ruptura del orden social. Todo el siglo XIX estuvo marcado por la inestabilidad, la turbulencia, la anarquía y el caudillismo. Venezuela era una tierra de caudillaje por antonomasia. Debía desarrollarse ampliamente, ya que sus representantes prestaron servicios a las causas de la independencia y, como pago, buscaban el gobierno. El caudillismo venezolano imperante, repetimos hasta el siglo XX, inició la historia del país y la caracterizó.

Todas las familias árabes, el primer contingente de emigrantes provenientes del Monte Líbano, profesaban la religión cristiana y, en su mayoría, pertenecían a la Iglesia maronita. Su distribución en Venezuela no se apartó del esquema poblacional del propio país: una faja costera y un valle central, cuna de la capital, además de una diagonal que lleva hacia Colombia. Los libaneses se asentaron en puertos como Puerto Cabello y La Guaira en el centro; Carúpano, Cumaná y Barcelona al este; Maracaibo al oeste, además de radicarse en la propia capital y en ciudades del interior como Barquisimeto, Valencia y Ciudad Bolívar. Pocos, en realidad, fueron a los Andes venezolanos. Los primeros emigrantes conocieron a una Venezuela orientada hacia una política liberal marcadamente influenciada por modelos europeos (francés y suizo). Al despuntar el siglo XX, y gobernando el General J.V. Gómez (1900-1935), la emigración se redujo de manera general. No obstante, la paz impuesta por el régimen autoritario y de inspiración fisiocrática pareció favorecer a los nacientes núcleos de árabes, ya que les ofrecía seguridad y estabilidad en sus negocios.

Colombia, cuyo nombre rinde homenaje al descubridor de América, es un país tropical e intertropical, completamente extendido dentro de la zona tórrida, participando de ambos hemisferios. La historia de Colombia es eminentemente política. En ella se observan notas que encontraremos o que ya hemos visto en Venezuela: el caudillaje, las diferencias entre Iglesia/Estado, los litigios limítrofes, pero sobre estas notas, y determinándolas, está la gran característica de la vida colombiana: la lucha entre liberales y conservadores. En Colombia se nace conservador o liberal.

Los principales puertos de entrada, según los cronistas de esta emigración, fueron Barranquilla y los puertos vecinos. El mapa de la eventual ubicación de los emigrantes mostraba una alta concentración en el litoral atlántico, donde, con el tiempo, los palestinos superarían a los libaneses en Barranquilla y Santa Marta, mientras que los sirios preferían Cartagena o realizaban el viaje río arriba hasta Bogotá. Todas las poblaciones colombianas que bordean el río Magdalena tenían sus almacenes árabes. Ciertas crónicas nos revelan el fuerte arraigo de las comunidades árabes en ciudades o regiones específicas, como Bucaramanga, capital del departamento de Santander, cuna del más célebre de los hijos libaneses en Colombia y quizás de toda Hispanoamérica: Gabriel Turbay Abinador (1930-1947), hijo del presidente de la República Turbay Ayala.

Se ha afirmado que la primera empresa de transporte urbano mediante tracción animal en Bucaramanga la organizó un libanés: David Gandur.

Ecuador se ha definido como un país de drama y contrastes. La tónica de Ecuador se da por una continua y dramática lucha que tiene como tres tipos de causas: económicas, sociales y geográficas. Los tres dan la clave de la historia ecuatoriana.

Económicamente, es un país subdesarrollado donde imperan el gamonalismo, el latifundio (en la sierra), el desaprovechamiento de la tierra, el desempleo, la inadecuada utilización de los recursos y la escasa riqueza minera. Los métodos técnicos empleados en la agricultura son primitivos y escasos en la industria.

Socialmente, la población tiene un predominio de la masa indígena, difícilmente asimilable, y una situación sanitaria muy precaria. Tres razas han contribuido a la formación de la nación ecuatoriana: el blanco, el negro y el cobrizo. El blanco es el factor de mayor significado; el negro es el elemento accidental, con influencia en la costa; el cobrizo o indio es el elemento autóctono y el más numeroso, predominante en la sierra y la región occidental.

Geográficamente, el drama es evidente. Existen dos facciones polarizadas entre Quito y Guayaquil. Toda la historia del Ecuador ha sido la lucha entre dos regiones, lo que se ha denominado la guerra de la geografía. El factor geográfico ha intensificado el regionalismo y ha dado a los habitantes de la costa una perspectiva de los problemas nacionales diferente a la de la sierra. El liberalismo anticlerical arraigó en Guayaquil, junto al mar, mientras que el conservadurismo tuvo su baluarte en Quito, núcleo más alejado del contacto exterior.

Afficher plus

Articles similaires

Bouton retour en haut de la page