Marruecos

Presentación del Libro: “Estudios sobre Marruecos en la Edad Media” de Don Guillermo Gozalbes Busto.

Traducido al árabe por Driss Jebrouni y M. Elkadi y publicado en Tánger por la E. Litograf. (435 páginas)

   La obra está centrada en estudios diversos acerca de Marruecos en la Edad Media y reunió un conjunto de trabajos desarrollados por su autor en los años setenta y ochenta del siglo XX. Eran los momentos finales de su residencia en Marruecos, cuando ocupaba la Dirección de la Biblioteca Española de Tetuán, actual Instituto Cervantes, una ciudad en la que vivió entre 1928 y 1983. No puede entenderse la aportación histórica de Guillermo Gozalbes Busto sin tener en cuenta la realidad de Tetuán, una ciudad que amó particularmente (había nacido en Ceuta), con la que se identificó, no sólo con su ambiente y con el clima y los paisajes, como ha sido general entre los españoles, sino sobre todo con el conjunto de sus habitantes. Ello, naturalmente, recreció a partir de que sus cuatro hijos naciéramos y creciéramos en Tetuán.

El Tetuán de las tres religiones, musulmanes, cristianos católicos y judíos, eso sí dominado por los militares españoles hasta la recuperación de su independencia por parte de Marruecos, y después el Tetuán del más de un cuarto de siglo en el Marruecos independiente y moderno. Y ese Tetuán donde formó a miles de alumnos marroquíes, en una tan extensa como apreciada labor docente, con su magisterio primero en el Instituto Muley Hassan, dirigido por Mekki Naciri, y en los años cincuenta y sesenta en el Liceo Jabber ibn Hayyan. Sin embargo ha sido poco conocido por sus alumnos por su primer apellido identificador en español, Gozalbes, para ellos era conocido como el “Profesor Busto”. Sus hijos nos hemos emocionado muchos años después en el contacto con algunos de esos alumnos, a los que infundió su máxima docente: “cucharita a cucharita”, es decir poco a poco, producir aprendizaje por pequeños pasos. Y poco a poco, obra de su proverbial constancia en el trabajo, fue como surgió este libro que comentamos y que hoy se traduce al árabe.

Un primer planteamiento para el mismo fue el de su visión de la existencia de una historia común hispano-marroquí. Unos espacios geográficos que destacaba que eran tan cercanos, pero también tan alejados en ocasiones. Su preocupación máxima era la de seguir la vida de los hispanos que por voluntad, en unos casos, o bien obligados en otros, pasaron a Marruecos a lo largo de la Historia. Y si existían en España palabras árabes, influjos en la toponimia, en las costumbres, en la alimentación, existían también otros elementos prácticamente desconocidos que consideraba que debía poner en valor: la presencia de hispanismos antiguos en Marruecos. Hoy en el Norte de Marruecos existen muchas influencias españolas, en las palabras, en el vestir, en la alimentación, etc. Pero ello es producto en su mayor parte de otras presencias más cercanas en el tiempo. Sus estudios en este libro, “Lo andaluz en la indumentaria marroquí”, así como “Huellas andalusís en el vestir marroquí”, son ejemplos de aquello que también consideró apasionante: las palabras incorporadas por los antiguos andalusís, incluidos los moriscos, en el habla diaria de Marruecos.

Pero también junto a ello el análisis de la realidad urbana medieval en el Norte de Marruecos. En efecto, el autor detectaba como las ciudades principales del otrora protectorado francés, Rabat, Casablanca, Fez o Marraquech, habían sido objeto de estudios, de monografías históricas desde la época de los Archives Marocaines. Sin embargo, en el Norte de Marruecos detectaba un vacío sensible al respecto. Salvo el caso concreto de Tetuán, y con muchísimas limitaciones, las ciudades del Marruecos septentrional carecían de estudios históricos completos con una perspectiva moderna, existiendo trabajos muy valiosos de carácter parcial o exposiciones excesivamente reducidas en relación a la Historia.

Eso sí, el análisis histórico global era demasiado amplio y con dificultad podría abarcarlo, por lo que decidió centrar el estudio en las ciudades en la edad Media.

 La documentación al respecto iba a estar centrada en los testimonios de las fuentes árabes, y más en concreto sobre todo en los escritos de los geógrafos. En efecto, se trata de una época en la que la producción geográfica árabe superaba muy ampliamente la arcaica que poseían los cristianos. En estos documentos había geógrafos orientales de los siglos IX y X, entre los que el más relevante sin duda fue el viajero Ibn Hawkal, por la amplitud de su información pero sobre todo por su conocimiento personal acerca del Marruecos que describió. Pero había otros andalusíes, especialmente importantes por su información como la obra de Al-Bakri, natural de Huelva, en el siglo XI, y también la aportación de Al-Idrisi, natural de Ceuta, en el siglo XII. Al-Idrisi, como es bien sabido, fue el principal geógrafo de la Edad Media. Y después, naturalmente, otros escritores de geografía posteriores tales como Ibn Said al-Magribi, Al-Umari, historiadores que dieron datos geográficos como Ibn Jaldún o Ibn Abi Zar´, así como naturalmente en el siglo XVI el gran Juan León el Africano. Algunos de los trabajos incorporados en el libro fueron textos inéditos escritos de forma expresa para el mismo. Otros, quizás los más numerosos, fueron por el contrario reediciones de textos publicados anteriormente, en aportaciones en revistas o en contribuciones en actas de congresos. La mayor proporción la constituyen los textos previamente publicados en la revista que dirigía el autor, los Cuadernos de la Biblioteca Española de Tetuán. Entre las aportaciones inéditas hasta ese momento consideramos que con toda probabilidad la más importante es la que dedicó a “El reino de Nakur en la Edad Media”.

Se trataba de una aportación excepcional. La existencia de un reino rifeño en los siglos IX y X, con extensión de su Historia en el siglo XI, no había sido visto con simpatía alguna por parte de los españoles en la época del Protectorado. Justo es indicar que el Marruecos que se consolidó como Estado moderno con su independencia también podía observar con suspicacia uno de los principados que existieron en paralelo con el Fez de los Chorfas idrisíes, y más hallándose en una zona tan sensible en el Marruecos del siglo XX como era el Rif. Ello explica la escasez de estudios acerca de un reino que constituyó uno de los episodios más apasionantes de la Historia de Marruecos: la islamización y urbanización del Rif. Prescindiendo de una polémica monografía de C. Cerdeira, en polémica con E. Michaux-Bellaire (años veinte), de una pequeña síntesis de I. de las Cagigas de finales de los años cuarenta, el único estudio algo más completo de A. Melvinger se había publicado a comienzos de los años sesenta en Suecia. Y como demostró G. Gozalbes Busto, este buen intento incurso en un estudio sobre las incursiones normandas (Nakur sufrió una) contenía algunos errores bastante apreciables.

El estudio sobre el reino de Nakur está formulado a partir de la utilización de un número importante de fuentes históricas (Ibn Hayyan, Ibn al-Jatib, Rawd al Qirtas), así como geográficas (Al-Bakri, Al-Idrisi…). Pero también desde el conocimiento de los estudios arqueológicos, primero de su amigo A. Mekinasi, pero después del lugar concreto de la ciudad por parte del trabajo de C. Redman. Más allá de la síntesis  histórica sobre el desconocido reino, Gozalbes Busto se centrará sobre todo en la relación del mismo con Al-Andalus, integrada en la política norteafricana de los Omeyas cordobeses. Significativo es el final del trabajo, en el que destacaba como los contactos entre Nakur y Almería enriquecieron tanto el mundo marroquí como el peninsular: “no puede estudiarse ni conocerse bien la historia peninsular sin su enlace con la marroquí”.

Entre los trabajos publicados con anterioridad encontramos las síntesis acerca de la Historia medieval de algunas ciudades: Tetuán, en la que se rebusca las raíces anteriores a la (re)fundación efectuada por los granadinos de Ali Al-Mandari, la poco conocida Anfa medieval, como era conocida la actual Casablanca, capítulo especial sin duda es el del Tánger medieval, puesto que fue objeto de una tan rica como desconocida historia que incluía su existencia temporal como reino Taifa en el siglo XI, Arcila, una fundación idrisí que fue objeto de saqueo por los normandos y de ocupación omeya, Alcazarquivir, una ciudad que alcanzó su apogeo con los almohades, o Qasar Saghir, el pequeño núcleo urbano portuario en la costa del Estrecho, lugar de paso de hombres, de mercancías, y sobre todo de tropas en dirección a Al-Andalus. Cada una de estas urbes es analizada en perspectiva cronológica, con los datos disponibles en relación con su relación con el poder central marroquí en cada momento.

La obra finaliza con otro trabajo dedicado a “El factor socio-religioso en la historia marroquí”. Se trata éste de otro de los componentes de los estudios del autor, si bien es cierto que publicó poco al respecto. En el trabajo se desliza desde lo que consideraba los rasgos pre-islámicos, la incorporación del Islam inicialmente con la importancia del elemento jariyí, el papel de los Chorfas que, como destacara en su día E. Lévi-Provençal fueron los verdaderos iniciadores de la islamización de Marruecos, unas breves notas acerca de las Zawiyas. Un apartado sin duda subjetivo pero con algunos apuntes interesantes es el dedicado a los aspectos sociológicos, que se prolonga con una explicación acerca del choque religioso con las agresiones luso-castellanas en las fachadas marítimas. Gozalbes Busto con una visión objetiva, expone muy bien como las mismas supusieron para Marruecos no ya un problema político y de ocupación, sino sobre todo tuvieron un balance particularmente negativo puesto que ocasionaron una asfixia económica, en lo que denominaba un atormentado periodo de la Historia de Marruecos.

En suma, se trata de una obra que si formalmente tiene ya un cuarto de siglo, sin embargo en la elaboración de algunos de sus capítulos rebasa en una década o década y media esa publicación en forma de libro. Se trata de una aportación que consideramos válida y muy oportuna su traducción al árabe, lo que permitirá sin duda un mayor conocimiento por parte de los modernos historiadores marroquíes. Sólo nos queda agradecer y reconocer a nuestro apreciado amigo Driss Jebrouni la iniciativa así como la muy cuidada traducción de esta obra.

 

 

 

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