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Publicado en portalnoticioso.net de Argentina. Derechos humanos ¿traje a la medida para algunos? El caso DHSF Por. Cristina Florenzano C.

Respuesta

 

Derechos humanos sin fronteras antes de la pandemia se presentaba como “distinta y distante de HRW y Amnesti”, cuestionando la “falta de objetividad de estos organismos para emitir informes” que, según DHSF, “carecen de un trabajo real de campo” y estaban “influenciados por sectores políticos o económicos funcionales a sus intereses”, argumentos que los ha inspirado desde su creación, marcando desde el inicio una clara diferencia  con estas importante organizaciones.

A pesar de ello, los informes del año 2020, especialmente sobre Marruecos, el Sahara y Venezuela, fueron descalificados por voceros de movimientos y organismos afines a esos países. La respuesta de DHSF fue que “los informes, efectivamente han sido descalificados, pero no desmentidos, por lo que se mantienen como denuncia en contra de quienes violan derechos humanos en los lugares señalados”.

Durante un año y sin descanso por la pandemia, al interior de DHSF se ha librado una verdadera lucha ideológica donde y aunque parezca increíble, sectores ligados a la ultraizquierda que defiende al frente Polisario, han coincidido con la ultraderecha que ataca al gobierno de Nicolás Maduro, encabezados por María Corina Machado, para criticar los informes, tanto en lo referente a Venezuela, como al Sahara occidental.

La situación parece haber quedado resuelta en una declaración fechada este 20 de marzo y publicada en su página web donde, en el punto 1, señala que: “Suspende la emisión de informes, declaraciones u opiniones con el nombre de DHSF para referirse a situaciones de conflicto en América Latina o el norte de África”. Y remata en el punto 3  diciendo: “las declaraciones referentes a temas en discusión al interior de DHSF por miembros de nuestro directorio o el director (S) corresponden a legitimas opiniones personales, pero que no comprometen a nuestra institución como tal, sino y solamente a quien las emite”.

Cercanos a la defensa de los DDHH en Argentina lamentan que esta declaración anuncie, en términos prácticos, el “congelamiento de una institución que muchos defensores de los DDHH miraban con esperanza, especialmente después de conocer la propuesta del director (S), el chileno Juan C. Moraga, en el sentido de integrar en su estructura a otros organismos que cumplan el mismo objeto: la defensa de los derechos humanos”. Al darse a conocer esta propuesta de “ampliación”, al interior de DHSF se genera una discusión y también llegaron denuncias sobre “la intención oculta de Moraga para utilizar esta organización en beneficio de una de las partes cuestionadas: Marruecos, país del cual sería funcionario, en perjuicio del movimiento de liberación Polisario”.

En este escenario reviste importancia la declaración emitida el 20 de marzo donde, en el punto 3, prácticamente se desautorizan las declaraciones de Moraga en contra del Polisario, acusándolo de utilizar su cargo y el nombre de DHSF en favor de Marruecos.

Rafael Antonini, que durante la dictadura creo una organización para defender los DDHH en Merlo y actual miembro del directorio manifestó: “Desde su creación, DHSF ha recibido presiones a la hora de dar a conocer su trabajo. Sobre Moraga, también se recibieron ataques con descalificaciones que nunca fueron acompañadas de pruebas o antecedentes, pero que sirvió para confirmar que el chileno, durante la dictadura de Pinochet, sufrió prisión política y tortura, fue exiliado y ocupo un alto cargo durante el gobierno del presidente Allende. Estos son hechos concretos que desmienten las descalificaciones en su contra pero que, por el contrario, ayudaron para generar confianzas que permiten proponer a Moraga como sub director en nuestra corporación. Sus atacantes, tanto del Polisario como de Venezuela, no pueden lucir estos antecedentes, lo que hizo creíble las actuaciones de Moraga que, por lo demás, nunca ha ocultado su admiración por los avances  ocurridos en Marruecos, donde rescata muy especialmente la solución que ha dado este país a temas pendientes sobre derechos humanos. En esto hemos prestado atención y a muchos nos ha servido para informarnos, con antecedentes que desconocíamos, hasta escuchar a Moraga. En cuanto a presiones para torcer la nariz de nuestros informes, es evidente que las hemos recibido y quienes estamos dentro sabemos de donde provienen y los interese políticos que hay detrás de ellas”.

Moraga, al ser consultado, se limitó a decir que “manteniendo lo que he dicho sobre los atropellos cometidos por el polisario en Argelia y por lo cual se ha pedido mi remoción en DHSF, solo diré que no me retracto, porque se trata de crímenes de lesa humanidad, graves violaciones a los derechos humanos y delitos comunes como el robo de ayuda humanitaria por parte de este grupo, lo cual se encuentra en tribunales de España, donde el denunciante es la Asociación Saharaui para la Defensa de los Derechos Humanos, organismo creado por ex miembros del polisario que nos merecen el mayor respeto. Pienso que la defensa de estos derechos no puede ser un traje a la medida de nadie y que quienes dicen defender los derechos humanos, deben ser coherentes y consecuentes con ese objeto”.

Hoy, en DHSF existen claramente 2 posiciones: aceptar en la elaboración de sus informes “consejos” provenientes de gobiernos, “figuras y personalidades”, o condenar derechamente como institución las violaciones sin mirar el color político ni el país donde ocurren, lo que requiere, para una mayor efectividad de los informes y como se ha propuesto, ampliar la estructura original de DHSF con la inclusión de organizaciones defensoras de los DDHH que existen en esos lugares, haciendo con ello más participativo y democrático el organismo.

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