Tú, por ejemplo

Reflexión para empezar el día Reflexión de un amigo Desde Madrid

Cuando uno mantiene los pies en el suelo, suele frecuentar a mucha gente de diferentes capas sociales. De todas ellas se aprende algo. Sólo es necesaria una dosis de comprensión y de saber escuchar. Llevo años sin verle, demasiados diría yo. De pronto y porrazo ha desaparecido. Ignoro sus circunstancias y la verdad tampoco conozco alguien que me pueda ayudar a encontrar sus huellas. Solo sé que era de Casablanca. De blanca era su sonrisa y de casa era su corazón..

En España trabajaba de jardinero cuando vivió en Alicante. En Madrid era chatarrero y okupa. Tenía su residencia. Hecha  pedazos, pero era su residencia. No tenía dinero para renovarla. Se colaba en el metro para ir a la mezquita y se avergonzaba. No quería que nadie le viera. Pero consiente estaba que las cámaras le pillaban. Se enfadaba por no sentirse persona. De la  humillación que sentía, cada vez que entraba  al metro. Por 1€ que cuesta el billete de ida, pudiera comprar un litro de aceite y le duraría dos semanas. Otro litro de leche por la vuelta y ya tiene desayuno y cena. Era su explicación y su forma de mitigar su dolor interno. Para algunos dirán que era una excusa barata, pero habría que vivirlo para hablar de ello. Aún nadie hablaba en España de crisis. No había comedores sociales. Eran los años de la pasta  fácil, allá por el 2007. Los centros comerciales estaban a rebosar, el dinero volaba de mano a otra sin preocupación alguna pero había gente que pasaba desapercibida. Quizás  casi todos  no queríamos  percatarnos de su existencia. A nadie  interesaba una dosis de miseria para no recordarse de su procedencia. Similitud con aquel desalmado que denuncia la Agencia de Viajes porque en un crucero o desayuno haya visto un niño tetrapléjico. Así era su presencia que transcurría entre las calles de Madrid empujando un carro buscando algo para sostener su vida y acallar su tripa. Tenía miedo que le dejara en evidencia .Cansado un día, pálida su cara le acompañe a su casa. Apenas tenía nada para sentarse y mucho menos algo para llevarse a la boca. Me dijo que estaba pulverizado, sin fuerzas para seguir y lo peor sin perspectiva de futuro. Entre frase y comentario añadió que en estas circunstancias  volver a Marruecos  sería lo peor de lo mejor. Regresar era lo segundo. Convertirse en un hazme reír sería lo primero. El comentario, el descalificativo, el menos precio de la gente es como enterrarle en persona. La crueldad, la envidia y la prepotencia sería un veneno más mortal que la mordedura de una serpiente. Le preocupaba lo que dirá  su entorno más de lo que dirá su familia. La comida no era problema, la inconveniencia era la gente.” Ojalá supiera Mohamed VI lo que sufrimos en el extranjero y nos haga un llamamiento para volver a nuestro país. Seré el primero en regresar. Y responder al llamamiento de mi Rey sería una buena excusa para alegar a la gente”. Frente a esta reflexión suya, me he quedado sin palabras. Supe de  su dolor y de  sus ganas para volver. Su paso por España sería un sueño del que quiere despertar. No supe más de él. A lo mejor hizo tripa corazón y volvió a su Casablanca natal. A mí, me ha dejado un recuerdo y una imagen suya serpenteando entre las luces de colores madrileñas. Allá dónde estuviera, mis más sinceros abrazos.

Como mi amigo, hay un montón de marroquíes que están deambulando por toda Europa sin papeles  algunos y sin trabajo otros. Muchos con ganas de volver y con la esperanza de una vida mejor la mayoría.  Mientras se pactan acuerdos comerciales con Marruecos y se instalan empresas interesadas por la   buena marcha económica del país,  nuestros compatriotas viven en condiciones miserables. Duermen en chabolas, en parques a pesar del frío, sin derecho a voto y a veto.

Me extraña que Europa quiera dar una lección a Trump sobre la inmigración cuando tiene muchas vergüenzas que tapar y callar.

 

 

 

 

 

 

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