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Reflexiones de Mohamed Mrini Sebbat Al Aid (zapato de la fiesta) Hermosos recuerdos de todos modos.

Tribuna

 

  

Mohamed M’Rini, periodista/escritor

Este es un gran recuerdo, para muchas personas… incluso si buscan enterrarlo, borrarlo, este sebbat del’3id (zapato de fiesta). Haber sido pobre no es un crimen.

  Se dice, desde las azoteas, que Tánger era una ciudad cuya población nadaba en prosperidad. ¡No exageremos nada! La mayoría de la población, con sus musulmanes, sus cristianos, sus judíos, vivía prácticamente día a día, en estos años 50, 60… y  mucho antes en 40, pero al nacer en 48, no tengo ninguno idea.

  Entonces! Sebbat del 3id? ¿De qué se trata exactamente esta historia del calzado de la fiesta?

  En la víspera de cada fiesta, los padres tenían que comprar nueva ropa y nuevos zapatos para sus hijos. En principio.

  Pero para los padres, cuyo billetero era demasiado delgado, el sebbat del último 3id fue recuperado  después del tercer día de la fiesta, se limpió, se enceró y se volvió a poner en su caja, para servir nuevamente para el próximo eid.

  El problema es que entre dos Eids los pies crecen, se hinchan, se alargan…

   Como resultado, en el día del Eid un gran número de niños y adolescentes se desplazan como pingüinos, tan apretados estaban los zapatos. A veces incluso podría doler, pero la alegría del eid, incluida la recaudación de dinero de bolsillo, un buen dinero para nuestra edad, ofrecido por miembros de la familia y amigos de los padres, consumo gratuito, la compra de golosinas, pequeños juguetes… este ambiente un tanto eufórico amortiguaba este dolor.

  Es cierto que al comprar zapatos, nuestros padres tienden a optar por un tamaño más grande, pero, para nosotros, estaba fuera de discusión. “De ninguna manera, este sebbat es demasiado grande para mí; Quiero mi tamaño”, insistimos, a veces apelando a las lágrimas y a las escenas.

   Cabe señalar que, aparte de ir a la escuela, a la ciudad… Estábamos casi descalzos todo el tiempo. Fuimos al mar, íbamos a la playa, jugamos fútbol, ​​nos aventuramos descalzos en casi todas partes, lo que nos hacia felices en otros lugares; lo que también nos hacía que nuestros pies crecieran más de lo normal.

  Este es el Tánger del que casi nunca se habla, o casi…  cuando pienso en Choukri.

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