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“Relatos del Corán” (Historias de los profetas) Hoy: Capitulo 14, JOSÉ, (5), José entre sus hermanos y su padre De Mohamed Ahmed Jad Al Maula, Mohamed Abu Al Fadel Ibrahim y Ali Mohamed Al Bajaui Al Said Chatta. Traducido por Said Jedidi y editado, por Dar AlKotob Al Ilmya

Decimocuarto día

Pese a su juventud y su gusto natural por las mujeres, José no perdió la razón. Al contrario logró dominarse, él, criado de un padre santo y en un entorno religioso. El joven había nacido para ser impecable.

Allah Sabe a quién Confiar Su mensaje y José, el hombre casto no tenía más que una sola preocupación: Agradar a Allah y renunciar a todas las tentaciones de Satanás. Gustar a las mujeres o saciar sus deseos sexuales no figuraban en sus proyectos ni en sus intenciones.

Entonces respondió: “¡A Allah no complazca! No responderé a esta invitación ni me dejaré ir detrás de un deseo carnal. No me dejo traicionar a mi amo que no es otro que tu esposo. Este hombre me trató con consideración y me ha estimado mucho. Los prevaricadores nunca se salen con la suya. Jamás he sido desagradecido o ingrato. Si has bajado los telones y cerrado las puertas, Allah, Solo Conoce el significado de las miradas furtivas y de los que disimulan nuestras miradas. Si. Mirarte me es prohibido. Que Allah me Preserve para no dejarme desobedecerle o caer en la tentación de esta incitación. No obraré más que, conforme a los preceptos de mi padre y de mi abuelo: como un hombre honesto e integro, sino; me perderé”.

En su elevado rango y su autoridad, muy bella y coqueta, la esposa de Putifar se puso a disposición de uno de sus domésticos sin obtener nada a cambio. Un esclavo que renuncia a una parecida tentación. Se enorgullece y se abstiene de lo que le pide la considerada como ama absoluta del palacio. Nadie, hasta entonces se había atrevido a rechazar su orden o desobedecer su deseo. A raíz de lo cual no pudo soportar este ultraje o aceptar este deshonor.

Ni pudo soportar lo que estimaba una humillación, decidiendo vengar su dignidad, lanzándose sobre él como un animal sobre su presa. José trató de evitarla y de alejarse de ella. Si no fuera profeta probablemente habría podido caer en la tentación. La sangre de la profecía le corría en las venas. Los signos del Señor estaban allí…en su espíritu. La voz de la conciencia le instaba a evitar el error y el pecado. Una revelación potenció su aplomo: “Hemos Obrado de esta forma para desviar de él el mal y la infamia. Era uno de Nuestros servidores sinceros”.

Al tratar de agarrarlo, se dirigió corriendo hacia la puerta, rompiéndole la tónica por detrás.

Al llegar junto a la puerta, encontró al marido, perplejo ante esta escena. José se quedó estupefacto con la túnica desgarrada, rojo de vergüenza.

Una escena acusadora y un marido herido, que se encontraba ante un acto de adulterio entre su propia esposa y su hijo adoptivo.

De repente, la esposa hizo uso de una astucia para camuflar esta difamación, explicando José con franqueza y sinceridad lo que realmente sucedió en la cámara de la esposa. La mujer gritaba: “José acaba de hostigarme. No tiene consideración ni por ti ni por mí. Quería humillarme, deshonorarme, pidiéndome aceptar entregarme a él. ¿Qué sanción se merece aquél que ha concebido una tentación mal honesta respecto a tu esposa, sino la prisión o un cruel suplicio?

José se encontró obligado a defenderse… a confesar la realidad tal y como sucedió. Si esta mujer era audaz y mentirosa, entonces él debía defender su reputación e impedir de que se pusieran en tela de juicio. “Fue ella quien quiso seducirme- dijo- Me cogió por la túnica. Observa cómo estaba desagarrada. Creo que esto constituye una prueba”.

Mientras tanto, uno de los primos de la esposa de Putifar entró, informándose de este escándalo. El hombre era inteligente y creyente, dotado de una sabiduría y de una rara clarividencia. Entonces se propuso como árbitro: “Si la túnica está rota por detrás, será ella quien miente y José seria sincero”.

Habiendo constatado que la túnica estaba desgarrada por detrás, la verdad no tardó en imponerse ante todos y la sinceridad de José era evidente. Putifar convergió su mirada hacia su esposa diciendo: “Se trata de un ejemplo de la perfidia de las mujeres. Y no cabe duda, la perfidia de las mujeres no tiene límites”, agregando: “Tu, mujer implora el perdón por el pecado que acabas de cometer. Eres realmente culpable. Y tu José no pienses más en esto y ten cuidado. No te vayas a contar esta difamación a nadie. Mucho me temo que la historia se propagará entre la gente y seremos, indudablemente deshonrados”.

Sin embargo la noticia se propagó en la ciudad, en los palacios e incluso en la calle. Las mujeres la comentaban de diferente tono y diversa exageración: “La esposa del gran intendente está enamorada en su sirviente. La incontestable seducción de este joven la atrajo irresistiblemente. No habiendo podido ocultar este amor, embrujada por esta pasión, trató de seducirlo, olvidando la diadema de la realeza y consagrándose a la seducción, a atraerlo por su belleza. En realidad este joven le inspiró una pasión incontrolable pero se ha negado a caer en la tentación, dejándose influenciar por su belleza. Por ello se sentía desgraciada. Trataba de simular su cólera, su decepción y su pasión por él, pero las lágrimas y la debilidad la traicionaban». Todo el mundo hablaba de esta historia de amor, divergiéndose, dividiéndose y subdividiéndose hasta llegar al conocimiento de la esposa de Putifar. Este comadreo era tan exagerado que la mujer por poco perdía la razón. En realidad las mujeres de la ciudad añadían mucho a la historia real, reprochándole por haber obrado de tal forma. La esposa de Putifar no podía soportar más seguir siendo objeto de la ironía de las demás, sintiéndose obligada a reaccionar para rechazar las acusaciones muchas de ellas infundadas. La perfidia solo puede ser contrarrestada por otra perfidia y la malignidad exige, para que la persona pudiera mantenerse serena e intacta, una reacción apropiada.

Entonces, preparó para ellas una colación y las invitó a su casa, presentándoles todo tipo de frutas, colmándolas con su gracia. Luego entregó a cada una de ellas un cuchillo, ordenando a José salir y pasar ante ellas. Éste cumplió la orden entrando a donde se encontraban las mujeres. Estaba tímido y rojo de vergüenza, lo que le daba más belleza y más encanto. Las mujeres se quedaron perplejas no sabiendo qué decir: ante ellas estaba un hombre sin par, una frente que brillaba como el alba, la apariencia atractiva, los rasgos como dibujados por un pintor genial, la vivacidad y el ardor impactaban a todo quien dirigía su mirada hacia él. Detrás de esto, se reflejaba la bondad y una neta transparencia. Por ello se quedaron boquiabiertas, como si tuvieran un espíritu confuso. Estaban tan maravilladas que se cortaron las manos, exclamando: “¡Santo Dios. Este no es un ser humano. Es un ángel maravilloso!”. La esposa de Putifar respiró hondamente, recuperando su espíritu. “A causa de él me habéis reprochado por mi conducta. Hablasteis mucho de nosotros y allí estáis totalmente seducidos desde el primer encuentro. Pasó desapercibido, dejando esta influencia sobre vosotras. ¿Cómo me reprocháis, pues haber intentado de seducirlo mientras que estaba ante mis ojos día y noche? Creció bajo mi égida, alcanzando la madurez porque me ocupé de él. Su presencia me hizo la vida más bella. Su belleza nunca me abandonó. Lo veía ir de un lado a otro, comer, dormir. Si. Creció ante mis ojos hasta convertirse en un maravilloso ángel. Me atrajo. Es verdad. También es verdad que traté con toda mi fuerza de seducirlo…en vano. Quería permanecer casto. Nunca fijó sus ojos en los míos o robó una mirada furtiva. Esta alma angelical se refleja con todo su resplandor. En su corazón solo cabe Allah y la castidad”.

 ¿Podemos decir entonces que José era un sirviente o mejor dicho que esta mujer era una reina? Jamás… la verdad es más manifiesta que la realidad. Debemos comparar los datos y los detalles. La soberana en todas sus dimensiones estaba por encima de este hombre casto. Esta mujer que estaba acostumbrada a imponer a los demás sus deseos y sus caprichos sin necesidad de mover su pequeño dedo y sin tomar la molestia de apretar los labios para que sus órdenes sean cumplidas, se encuentra súbitamente rechazada por uno de sus domésticos. ¡Qué decepción! ¡Qué vergüenza!

Replica: “He intentado efectivamente seducirlo pero me ha rechazado. Pero os prometo que si siga rechazándome le voy a causar mucho daño. No soporto más que me ignore o que me de su espalda. Le amo locamente. Mi corazón está muy vinculado al suyo. Me puse a su disposición y no tuvo vergüenza de humillarme. Mis días como mis noches son largos y penosos. Aquí me tenéis convertida en objeto de burlas y de escándalos. Si. En efecto, estoy determinada a saciar mi deseo sino lo arrojaré en la prisión y lo expondré a la muerte. Vivirá perdiendo su juventud en medio de las tinieblas. Quiero humillarlo, causarle daño. Ante esta situación no tiene más que elegir la condición más favorable para él”.

(Continuara)

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