FeaturedSociedad

“Relatos del Corán” (Historias de los profetas) Hoy: Capitulo 17, SALOMÓN

De Mohamed Ahmed Jad Al Maula, Mohamed Abu Al Fadel Ibrahim y Ali Mohamed Al Bajaui Al Said Chatta. Traducido por Said Jedidi y editado por Dar Al Kotob Al Ilmiya

 

SALOMÓN[1]

SALOMÓN Y BALKISS

El profeta Salomón estaba construyendo un templo en Jerusalén, La Casa Santificada para facilitar la tarea religiosa de los fieles. En el fondo, a través de esta obra Salomón quería, por un lado, acercarse a Allah y reconciliarse con sí mismo, por otro. Trataba de mejorar la calidad de su trabajo y de su obra, contemplando a este respecto que el templo sea sublime e imponente.

Una vez concluido el templo, Salomón sintió una profunda satisfacción por la obra recién construida. ¡Por fin! Logró cumplir una obra gigantesca. Esta paz y esta tranquilidad interiores le indujeron a cumplir lo que Allah había Prescrito a los hombres, según la ley religiosa: el peregrinaje. De este modo tuvo que ir acompañado por mucha gente, hacia la Meca, más concretamente hacia el recinto sagrado del templo. Al llegar cumplió las prácticas rituales, permaneciendo mucho tiempo. Un periodo suficiente para respetar su compromiso hacia Allah.

Al terminar el peregrinaje abandonó la Meca y se dirigió  hacia la Arabia feliz. Es decir el actual Yemen. Estaba en Sanaa buscando infructuosamente agua. No encontró en este país ni fuente ni rastro de lo que podría contener el precioso liquido.

Al contemplar los pájaros, Salomón observó la ausencia de la abobilla. Entonces juró castigarlo o degollarlo, salvo si aportara una justificación válida que podría santificar su ausencia y de paso, disipar la duda de su señor.

La abubilla permaneció poco tiempo, regresando ante Salomón. Se acercó a él para apaciguarlo y explicarle la razón de su ausencia: “He descubierto lo que tú no sabes y que supera tus capacidades y tu ciencia -le dijo- una cosa que, pese a tu influencia, no pudieron detectar ni tu mirada ni  tu intuición.

Esta impresionante declaración intrigó a Salomón hasta el punto de calmarlo, manifestando una total disposición a escuchar con detalles lo que la abubilla acababa de aportar. Le pidió entonces explicarlo para ver si podría constituir una justificación a su ausencia.

“Te aporto una noticia segura de Sabaa – comenzó relatando la abubilla- he descubierto que una mujer inmensamente rica y que posee un magnífico trono sobre el que reina. Pero Satanás embelleció para ellos sus acciones, desviándolos del camino recto. Domina sus espíritus y no renuncian a sus preceptos. He podido saber también que su pueblo adora el sol en vez de Allah, lo que me ha sorprendido, considerando que lo que hacían el pueblo y su soberana era imperdonable. Debían postrarse ante quien les Dio la fuerza y la grandeza, que Hace salir lo que hay en los cielos y en la tierra y que Conoce sus secretos y lo que divulgan. Allah, Único, Señor Supremo del Trono”.

Salomón se quedó sorprendido por lo que acababa de escuchar. No quería acusar a la abubilla de mentirosa o herirla, tomando su información a la ligera. Entonces le dijo: “Veré si dices la verdad o si mientes. Si la situación es como me la describes aquí tienes mi carta llévala y tírala sobre ellos, manteniéndote cerca para conocer su reacción”.

La abubilla cogió la carta y voló hacia Balkiss, encontrándola en su palacio de Ma’arib[2]. Al entregar la carta a la reina, ésta se apresuró a abrirla y a leer su contenido: “Es de Salomón – comenzaba la carta- En nombre de Allah el Misericordioso y el Compasivo, no seáis orgullosos hacia mí y venid a conocer la verdadera religión”.

Balkiss reunió a sus consejeros asi como a los dignatarios de su pueblo a fin de concertar juntos en torno a la decisión que se debe tomar. Era para hacer partícipes a todos en la decisión de manera colectiva y no autoritaria ni totalitaria para que, de tener nefastas consecuencias la decisión, todo el mundo asumiría parte de sus responsabilidades. El asunto era grave y Balkiss no quería tomar la menor decisión a título personal sin que sus dignatarios fuesen testigos, respondiendo éstos: “Nosotros somos combatientes. Hombres de guerra no consejeros útiles. Poseemos la fuerza y estamos dotados de una valentía inquebrantable. La decisión a este nivel no incumbe nuestras competencias. Te lo hemos confiado. Eres la única que puede decidir al respecto. Decide lo que tienes que hacer y lo que debes ordenarnos y te obedeceremos. Estaremos a vuestra disposición. No dependemos más que de tu decisión.

La reina vio en esta declaración una fuerte resolución a declarar la guerra y una incitación a defender el país. Por lo que cambió el giro de sus palabras, suavizando las expresiones: “Estáis equivocados – les dijo a sus dignatarios – Concluir la paz es la buena solución en parecidas situaciones. Si somos clarividentes, sería mejor manifestar la buena intención antes de recurrir a la fuerza. La verdad es que cuando los reyes invaden una ciudad la destruyen y se comportan con tiranía y orgullo, despreciando a sus ilustres personalidades y borrando su civilización. Someten a la gente a su voluntad reduciéndolos a la esclavitud. Generalmente se comportan de esta manera y los ejemplos abundan y no están lejos de nosotros. Durante toda la historia, de siglo en siglo, asi fue siempre. Voy a mandarle un regalo de valor y negociar con él a fin de conocer su intención y su verdadera decisión”.

De este modo eligió a algunos dignatarios entre su pueblo y los encargó de entregar el regalo a Salomón. Al emprender el camino hacia Salomón, la abubilla que estaba cerca pero oculta se fue a ver a Salomón y le contó todo. Éste reunió sus fuerzas y tomó todas las disposiciones para recibir a los mensajeros de Balkiss, ordenando a los Djinns de construir una plaza magnifica que podría gustar y seducir los corazones.

Al ver este edificio, los emisarios de Balkiss se quedaron perplejos. Salomón avanzó hacia sus huéspedes sonriente, dándoles la bienvenida de una manera muy acogedora. Les expresó su alegría de tenerlos ante él, sin revelarles su impaciencia por saber la razón de su presencia y qué decisión habían tomado. “¿Qué tenéis?”, les preguntó. Los emisarios avanzaron hacia él para presentarle los obsequios que le trajeron convencidos que la ofrenda iba a gustar a Salomón, quien, al contrario se negó amablemente a aceptarla diciéndoles: “Regresad a los vuestros. Allah Me Acordó abundantes riquezas, Facilitándome los medios de subsistencia. Me Dio la profecía y el poder. Recibí de Él lo que nadie antes de mi pudo obtener. ¿Cómo me atrevería a aceptar este obsequio? ¿Queréis regatear conmigo? Lo que Allah me Ha Dado es in finitamente mejor de lo que os Ha dado y os atrevéis a pedirme un asumir debidamente una de mis responsabilidades. Tratáis de fascinarme con este obsequio. No. No aceptaré vuestra propuesta aunque me propusierais todas las riquezas del mundo juntas. Ignoráis por qué Allah os Ha Creado y solo conocéis apariencias secundarias vinculadas a la creación.  Estáis muy contentos de esta posición. Regresad a los vuestros y diles que los atacaré al frente de un ejército al que no podrán resistir. Los expulsaremos de Sabaa y los arrojaremos en el envilecimiento y el desprecio”.

Los emisarios regresaron a su ciudad y se reunieron con Balkiss contándole lo que vieron y escucharon. “No tenemos otra solución – les respondió su soberana- aceptemos su invitación y obedezcamos lo que nos propone”.

Al enterarse de que la gente de Sabaa se dirigía a su ciudad para responder a su invitación, convocó a sus generales: “¿Quién de vosotros me puede aportar el trono de esta reina antes de que se presente para someterse?”, les preguntó. Un djinn propuso: “Yo te lo traigo antes de que te levantes de tu sitio”. Conozco los pormenores de este trono. Me siento capaz de cumplir esta orden y soy digno de confianza”.

Otro djinn que tenia conocimientos de la Escritura dijo: “En cuanto a mí, te lo aportaré en un abrir y cerrar de ojos”.

Salomón que deseaba transportar el trono de Balkiss se encontró en una fracción de segundo ante un edificio erigido apoteósicamente, exclamando: “Aquí tenemos  un signo de la gracia del Señor para probarme si soy agradecido o ingrato. Cualquiera que se muestre agradecido que reconoce el  verdadero valor de la gracia de Allah y que hace uso de esta gracia para purificar su alma y su corazón y que puede domar sus pasiones y sus instintos lo hace para él mismo. En cambio los ingratos, malos e hipócritas son los que pierden esta vida y la de mas allá. Allah Prescinde de su agradecimiento. Luego ordenó a su ejército: “Haced que este trono sea irreconocible para la reina. Cambiad su bella forma. Veremos entonces si es capaz de reconocerlo y si ha optado por la buena vía o la de los descarriados”.

Al llegar donde estaba Salomón, se le preguntó: “¿Tu trono parece a este?” Balkiss rechazó esta suposición y era normal ¿No había abandonado Sabaa dejando detrás de ella su trono en su lugar? Pero en el fondo comenzaba a creer que aquél trono tenia las mismas características que el suyo. ¿Qué extraño? ¿Qué coincidencia?

Durante un largo lapso de tiempo se quedó desconcertada, vacilando.

Salomón que había ordenado la construcción de una torre pavimentada de cristal, invitó a la reina a verla. Al llegar la tomó por agua profunda, arremangó su ropa, descubriendo de esta manera sus piernas. Entonces Salomón le dijo: “Es una torre pavimentada de cristal”. Esta observación fue capaz de disipar del corazón de Balkiss los indicios de la ceguera, gritando: “Señor me he descarriado del buen camino durante mucho tiempo. No consideraba en su justo valor tu misericordia. He sido injusta hacia mí misma, encerrando mi alma en la ceguera, la ignorancia y la negligencia, lejos de tu misericordia y tu luz y hoy me declaro sometida, junto a Salomón a Ti de toda mi existencia. Me entrego a Ti y me someto a Tu Voluntad. Señor de los mundos Tu Eres más misericordioso que todos los misericordiosos”.

[1]    Las bestias (al’ An’âm): 84; Los profetas (al ‘Anbiyâ’): 81; 82. La tribu de Sabâ’ (Sabâ’): 12-14; Las hormigas (an-Naml): 15-44; La Vaca (al-Baqara): 103; S (Sâd): 30-40.

Salomón salió un día para rezar la oración rogatoria por la lluvia. De repente vio una hormiga estirada boca arriba con las patas arriba diciendo: “Señor, somos tus criaturas y necesitamos acuciantemente que nos Des de beber”. Entonces Salomón dijo a sus compañeros: “Volvamos. Allah os Colmara con su gracia para Responder al llamamiento de esta hormiga tan débil “.

[2] Nombre de una ciudad en el Temen.

Afficher plus

Articles similaires

Bouton retour en haut de la page